(Novena parte)
Tomando en cuenta que para los cristianos, Galilea es la segunda área más importante en Tierra Santa, después de la ciudad de Jerusalén, los sacerdotes pertenecientes a la orden de Los Legionarios de Cristo desean extender los objetivos religiosos, culturales, caritativos y educativos del Centro "Notre Dame", a Galilea. En Galilea se encuentran pueblos y ciudades muy queridos para el mundo cristiano, tales como Nazaret, Caná, Cafarnaún, Betsaida, Mágdala y otros, que se localizan muy cerca del hermoso lago de Genesaret, y son testigos mudos de la vida pública de Jesús. El proyecto "Notre Dame de Galilea", además de ofrecer un servicio de alojamiento adecuado para los visitantes y servir como centro de espiritualidad y difusión de la vida pública de Cristo, ayudaría a la preservación del lugar que es rico en significado religioso para los cristianos. Se propiciaría una nueva presentación del evangelio y de los lugares santos, utilizando los modernos medios tecnológicos de comunicación, dirigida especialmente a los jóvenes. Se promovería una nueva espiritualidad de la mujer, en un lugar tan emblemático como es Mágdala, pueblo natal de María Magdalena. Se crearían fuentes de trabajo para trescientos palestinos de religión cristiana, quienes tienen en el turismo su principal fuente de ingresos.
Como la Providencia Divina jamás nos abandona, después de tocar varias puertas en el mundo, Los Legionarios de Cristo han adquirido una parcela en la parte occidental del Mar de Galilea, llamado también Lago de Genesaret. La propiedad está situada a la orilla del lago -donde muy probablemente Jesús caminó varias veces para dar a conocer la Buena Nueva que su Padre le encomendó. Sin lugar a dudas se trata de un grandísimo regalo para la Iglesia Católica y para todos los cristianos que tienen depositada su fe en Jesucristo. Se trata de un proyecto inspirado por Dios y captado por la mente inquieta, inteligente, positiva, entusiasta y trabajadora de sus artífices. ¡Es una verdadera lástima que en el territorio donde nació Jesucristo, el 98 por ciento de los que allí viven, no reconozcan la Divinidad del Hijo de Dios! El proyecto de Mágdala ayudará con toda seguridad a revertir los porcentajes. Al escribir esto, recordé las palabras de Nuestro Señor Jesucristo: "El que me reconozca delante de los hombres, yo lo reconoceré delante de mi Padre, y el que me niegue delante de los hombres, yo lo negaré delante de mi Padre que está en los cielos"(Mateo 10.33).
Visitar la ciudad de Jericó al Norte del Mar Muerto, es una grata experiencia. En ese lugar histórico recordamos la fe y la terquedad del ciego Bartimeo cuando gritó: "Jesús, hijo de David, ten compasión de mí"(Mateo 20, 29-34). Esto me recordó que muchas veces en la vida nos comportamos como si tuviésemos muerta el alma y necesitamos incrementar nuestra fe con la misma terquedad del ciego Bartimeo, para descubrir a Jesucristo cuando pasa frente a nosotros. Y la historia de Zaqueo, que era un rico publicano de baja estatura que se subió a un sicomoro para ver a Jesús. (Lucas 19, 1-10). Al pasar por las calles de Jericó tuvimos la oportunidad de conocer un árbol de sicomoro, similar al que se subió Zaqueo para ver a Jesús (el sicomoro es una especie de higuera de Egipto, cuyo fruto es dulce como la miel, su tronco es de madera incorruptible, que los antiguos usaban para las cajas de sus momias). Me dio mucho gusto conocer Jericó, la ciudad más antigua del mundo, sus orígenes se remontan a ocho mil años antes de Cristo, y es la más baja respecto del nivel del mar. Me dio gusto visitarla, porque está compuesta por una población totalmente árabe, en la cual pude vestirme a la usanza de mis antepasados y fumar "el arguile" (artefacto de diseño artístico y de origen oriental que contiene tabaco procedente de Irán, el cual se hace pasar previamente por un recipiente con agua). Recordé a mi abuelo paterno, que al cerrar por las tardes su tienda en la ciudad de Torreón, se sentaba en la banqueta a fumar tabaco en "el arguile", que trajo consigo cuando viajó cien años atrás, de Belén a México. Estuve contento en el restorán donde comimos, porque todos los alimentos eran los mismos platillos que mi madre preparaba y que tanto le agradaban a mi padre: como "el mafusa", elaborado con berenjena y jocoque; "el júmus", que se prepara con garbanzo molido y aceite de oliva; "la salata", o ensalada, que se elabora con tomate, cebolla picada, aceitunas negras y aceite de oliva; "el ijuerre", que se prepara con jocoque fresco, berro crudo, sal y aceite de oliva; el "rus u ádes" (arroz con lenteja); y el pepino en pedacitos con jocoque fresco. Al escuchar a otras personas hablar en idioma árabe, sorpresivamente fueron surgiendo en mi mente palabras y frases que mis padres decían en casa y que yo tenía prácticamente olvidadas. Eso me permitió entenderlas y me animó a pronunciarlas con Emilio -nuestro guía, y con Rissám -nuestro chofer, al mismo tiempo que varias imágenes perdidas de mi niñez se fueron recreando en mi mente. Al salir, nos esperaba en los jardines del restorán, un beduino con la piel quemada por el sol y con un enorme camello que renta para pasear a los visitantes. Los camellos tienen la peculiaridad de que al levantarse, hacen que el jinete se vaya para atrás e inmediatamente para adelante, todo ello en pocos segundos. La columna vertebral del pasajero se zarandea, pero es una gran experiencia, sobre todo si podemos llevarnos a casa la fotografía que nos recuerda el momento. Cuando vi las dimensiones del animal, sobre todo su lomo y su estómago, que eran el doble de las medidas que tiene un caballo, me di cuenta que no iba a poder sentarme arriba de él, por lo tanto tomé la decisión de únicamente recargarme en su cuerpo para salir en la foto. El amo del camello se sonrió al ver mis limitaciones, y con gusto posó también frente a la cámara.
Al salir de Jericó, por la carretera, observamos una prisión palestina que los judíos acababan de destruir totalmente con sus enormes tanques de guerra, para llevarse a una cárcel de Israel a varios prisioneros árabes, cuyo único "delito" había sido buscar la libertad de su pueblo. Cerca de allí, vimos un hotel con casino -casi abandonado, que construyó Yásser Arafat antes de morir para que la ciudad de Jericó tuviese más ingresos. Ansiando retener únicamente imágenes positivas de la bíblica ciudad, dirigí la mirada a una hermosa plantación de palmeras de dátil que se veía en el horizonte. Imaginé el tamaño, el color y el sabor que tendría su fruto una vez que madurase, y sentí alegría en el alma. Al mismo tiempo que pensaba en todo esto, me pareció volver a escuchar las palabras del ciego Bartimeo: "Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí", y las de Zaqueo: "Señor, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres y, si defraudé a alguno, le devolveré cuatro veces más".
CONTINUARÁ EL PRÓXIMO DOMINGO
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