Un estudio con ratones mostró cómo estás células aminoran el efecto de veneno del reptil .
EL UNIVERSAL-AEE
MÉXICO, D.F.- Las mordeduras de víbora y los piquetes de abeja pueden ser dolorosos o de plano mortales, dependiendo de qué especie sea la que está mordiendo y algunas veces de si la persona atacada es alérgica al veneno.
Investigaciones recientes con ratones sugieren que estas mordidas y piquetes serían aún más peligrosos si no fuera por un truco de defensa especial que el sistema inmune del ratón puede generar.
El doctor Galli y sus colegas estudiaron a los mastocitos, células inmunes que contribuyen a la inflamación provocada por asma, alergias e incluso, en un caso extremo, por un shock anafiláctico (una reacción corporal extrema que le puede ocurrir a una persona con alergias severas por razones diversas, como el comer cacahuates).
En estos casos, el sistema inmune se confunde y piensa que es atacado por algo dañino. No obstante, los mastocitos también son beneficiosos para el cuerpo humano.
Los científicos descubrieron que estas células también juegan un papel importante para combatir el veneno de algunas víboras y abejas. En su estudio mostraron que las células protegieron al ratón, haciendo que los efectos del veneno fueran menos perjudiciales.
Las células lanzaron una enzima que rompía componentes peligrosos del veneno de una víbora llamada cavadora israelí.
Galli dijo que es posible que un día se hagan tratamientos todavía mejores contra las mordeduras de víbora o los piquetes de abejas que se basen en este tipo de encimas. Es necesario realizar más investigaciones para ver si esto es posible.
El especialista piensa que esta característica del sistema de defensa con mastocitos pudo haber evolucionado en animales que son presas de víboras o que son picados por abejas, en parte como una manera de ayudar a protegerse contra el veneno.
Esta defensa no es infalible o perfecta, pero da a los animales víctimas una oportunidad para sobrevivir, especialmente si reciben una "dosis completa" de veneno por una mordedura de cualquier víbora venenosa.
Las víboras son el objeto de estudio predilecto de Galli y su colega, Martin Metz, de la Universidad de Stanford, quienes recuerdan que estos reptiles despertaron su interés científico desde que eran niños.
El investigador todavía conserva un ensayo que escribió en la primaria, donde relata una experiencia que ya dejaba ver cuál sería su vocación: llevó una víbora a casa cuando apenas tenía dos años de edad.