Es urgente que el sistema penitenciario mexicano se modifique en aras de brindar a la ciudadanía el servicio para el cual fue creado: consignar para su posterior readaptación social a las personas que hayan incurrido en un delito y contra las cuales se haya dictado una sentencia.
Hasta ahora, este objetivo no se ha cumplido y el encarcelamiento de los delincuentes está más orientado a castigar y aislar de la sociedad a quienes cometen conductas antisociales, aun sin que exista condena. De ahí en más, todo es teoría.
Lo anterior se deduce de las cifras dadas a conocer por la Secretaría de Seguridad Pública Federal, que establecen que en 2005 la saturación de las prisiones del país se incrementó en un 23 por ciento en relación al año anterior. De una sobrepoblación de 43 mil 15 internos que se tenía en 2004 se pasó a 53 mil 161 reos.
Según los especialistas, el origen de esta problemática se encuentra en el hecho de que más del 70 por ciento de los procesados es de presos sin condena y en la reforma a los códigos para penalizar un mayor número de delitos con sanciones de prisión.
Esta situación muestra que el sistema penitenciario mexicano está sumergido en una severa crisis, al grado que “no existe como tal, no hay un sistema integral, hay tantos sistemas como estados en el país o, peor aún, como prisiones”.
Pero en el fondo, el hecho revela la pérdida de capacidad del Estado para hacer frente a una realidad que lo ha rebasado. La Federación y los estados han actuado hasta hoy torpemente en reacción a un problema que es real y golpea a los mexicanos: la inseguridad. Ante a esto, cada vez se mandan a la cárcel más y más transgresores sin que ello redunde, primero, en la disminución de la delincuencia y, segundo, en la readaptación de los individuos sujetos a pena corporal. Suena duro, pero es cierto en los hechos: el Estado ha hecho de los reclusorios los basureros de la sociedad. Esta aberrante situación debe cambiar.
Aunado a la revisión y reconsideración de los castigos de los delitos en virtud de que se establezcan alternativas de prisión, es necesario reorientar el sistema penitenciario a su objetivo original, de manera que se garantice que en las cárceles se encuentren los delincuentes sentenciados bajo un régimen que en realidad les permita su reintegración a la sociedad una vez cumplida su condena.