No es creíble. Ven la tempestad y no se hincan. Los albiazules locales prefieren pelear hasta el último resquicio por el poder y los beneficios consabidos, antes de ver siquiera por el bien común, que es para lo que se les paga.
Y sobre todo ¿qué no se dan cuenta que están a punto de perder la Presidencia de la República y ni así reaccionan? Son los bandos de siempre.
Por un lado el panista más poderoso en funciones en todo el estado: el alcalde de Torreón José Ángel Pérez sigue cobrando venganza. Está decidido a montar una gran faramalla para tratar que los ex regidores de la Administración de Guillermo Anaya devuelvan el bono de marcha que tuvieron a bien regalarse cuando dejaron el poder.
Por supuesto que la aplicación de ese bono fue indigna, es de ese tipo de acciones legales, pero inmorales.
En términos llaneros abusaron del erario para beneficio personal porque la Ley se los permitía. Lo que hicieron los ex regidores panistas es una deshonestidad, pero al fin tenían las facultades jurídicas para hacerlo.
José Ángel Pérez, cuya propuesta cuando era diputado local fue la eliminación del bono, ha encontrado en el peleado bono de marcha de su enemigo Anaya la oportunidad de cobrarle venganza por las derrotas infligidas en el pasado, incluso, Pérez hizo lo que pudo para tratar de evitar que Guillermo Anaya ganara la candidatura a la fórmula para el Senado en primera mayoría, cosa que no pudo lograr, de ahí el aumento de su rencor; Pérez sabe que Guillermo Anaya va invicto en elecciones internas y constitucionales y que no habrá poder humano que evite el arribo del ex alcalde a la Cámara Alta.
Está muy claro que es venganza de Pérez, porque si en verdad es congruente consigo mismo, ¿cómo es posible que el tribono -compensación que en el pasado se otorgaban los regidores cada tres meses, con el monto de un mes de sueldo- simplemente se lo hayan anexado a sus respectivos sueldos?
Es decir, le cuesta exactamente lo mismo al pueblo, nada más que fue un asunto de semántica.
De verdad si Pérez no ve que eso es tan inmoral como los bonos del pasado (la autorización de la aplicación del tribono), pierde el alcalde cualquier autoridad moral para perseguir a los regidores de Guillermo Anaya.
Otro caso, los diputados locales del PAN: Luis Gurza Jaidar, José Ignacio Máynez Varela y Antonio Jacinto Pacheco, lograron el generoso patrocinio del Congreso del Estado para asistir a un evento de diputados panistas.
¡Cómo! ¿Los ciudadanos pagamos con nuestros impuestos los viajes para eventos partidistas?
Y nada más para acabar de fregar, los tres diputados que lo hicieron son de Torreón y claro, del PAN. Aunque curiosamente de grupos distintos: Gurza y Máynez de Anaya y Jacinto de Pérez, pero para gozar juntos de la ubre del presupuesto las diferencias como que se atenúan.
Estoy convencido que López Obrador significa un riesgo para el país, su trayectoria no demuestra una real capacidad de administrar, pero con ejemplos por todos lados de corrupción en cualquier rincón, el candidato de protesta como lo es el perredista, constituye una opción diferente a la añeja corrupción priista y a la también ahora rampante corrupción del panismo.
Es una pena pues que el PAN de Torreón huela cada vez más a pan podrido.
El Santos
Soy un orgulloso lagunero y como tal me duele ver la penosa situación por la que pasa el quipo de casa, el Santos. Creo firmemente que no es tiempo de reclamos e insultos, creo que como afición debemos levantar la cara y al equipo exigirle resultados.
Estoy cierto que el espíritu lagunero tiene ahora una nueva oportunidad para demostrar su grandeza y hoy tiene una oportunidad más. Es ahora que el apoyo debe florecer, es ahora que se tiene que resurgir. Ojalá esto permee y demostremos que La Laguna es grande en su gente, en sus cosas.
eirazoqui@elsiglodetorreon.com.mx