EFE
TORONTO, CANADÁ.- Los datos serán oficiales en unas horas, pero todo apunta a que las ventas de automóviles en mayo serán un nuevo dolor de cabeza para General Motors, Ford y Chrysler. Y lo que es peor, esto no es nada para lo que se avecina en años venideros.
Los números manejados por los analistas son asoladores. General Motors puede perder entre diez y 15 por ciento de su cifra de ventas en mayo. Ford llegaría hasta el 11 por ciento y Chrysler subiría hasta el 15 por ciento.
Aun incluso si las cifras finales no son tan terribles, la hemorragia de las compañías estadounidenses no para.
Los precios de los combustibles y el aumento de los tipos de interés -lo que se traduce en una financiación más costosa y por tanto vehículos más caros- son los culpables de la última sangría.
Los precios del petróleo no parece que vayan a bajar en el futuro cercano -ni siquiera a medio plazo- y aunque los tipos de interés se mantengan en los próximos meses, la coyuntura no ofrece un respiro para los fabricantes estadounidenses.
General Motors y Ford han emprendido una profunda reforma de sus estructuras productivas en Estados Unidos, en un intento de controlar la caída y revertir las pérdidas.
Como resultado de ello, miles de empleos pueden desaparecer, decenas de factorías serán clausuradas y su producción se verá drásticamente reducida.
Competencia oriental
Los cambios pueden ser suficientes para afrontar un panorama como el que se vive en estos momentos en el mercado norteamericano, con las japonesas Toyota, Honda y Nissan y la surcoreana Hyundai/Kia apretando el acelerador en todos los terrenos.
Pero el sector está pasando por una evolución, sino revolución, con un ritmo infernal.
En pocos años, los fabricantes chinos se sumarán al lío.
Y no es un futuro tan lejano. Chery Automobile, uno de las nuevas marcas del gigante asiático, tiene planes para empezar a vender vehículos en Estados Unidos -y Europa- el próximo año.
Algunos todavía infravaloran compañías como Chery, que sólo empezó a producir automóviles hace seis años.
Para ello se basan en lo sucedido hace años con la compañía yugoslava Yugo que intentó establecerse en Norteamérica con un pequeño utilitario, barato y sencillo pero plagado de problemas que finalmente fue rechazado por el consumidor.
Chery, China First Automobile Works, Dongfeng Motor, Geely y otras compañías chinas no son Yugo ni el sistema socialista o económico de la China de hoy es el del mariscal Tito en la Yugoslavia de los años 80 del siglo pasado.
No es casualidad que ayer Rick Wagoner, el presidente de General Motors, decidiese ceder el control de las operaciones de GM en Norteamérica a Troy Clarke, hasta ahora presidente de GM en la región Asia-Pacífico.
Los fabricantes chinos pueden hacer daño, mucho más daño que los japoneses o surcoreanos, a Detroit en el corto plazo.
En 2005, las ventas de vehículos nuevos en China sumaron 3.1 millones de unidades y en el primer trimestre de este año la cifra fue de 890 mil unidades, un 74 por ciento más que en el mismo periodo de 2005.
Los fabricantes chinos están mostrando una asombrosa capacidad para aprender y ampliar sus operaciones, no sólo en el terreno automovilístico, sino en casi cualquier otro campo científico-industrial.
Gracias en parte a su descomunal capital humano, vastos recursos económicos y pragmatismo, los chinos han firmado acuerdos con empresas con una experiencia y tecnología muy superior.