México, (Notimex).- México tiene registrados 88 sitios arqueológicos de alta montaña y de poseer los recursos humanos y financieros necesarios para continuar la exploración pudiera elevarse, a corto plazo, al centenar.
El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) señaló que hace poco más de 20 años, cuando inició su prospección sistemática, en México sólo se contaba con el sondeo de cerca de 13 sitios arqueológicos de alta montaña.
Este avance se logró, en cierta medida, gracias al fondo que obtuvo el arqueólogo Arturo Montero García, como parte del Premio Nacional al Mérito Forestal 2002.
El reconocimiento le fue otorgado debido a los resultados preliminares de su tesis doctoral -ahora concluida- en Antropología Simbólica, en la Escuela Nacional de Antropología e Historia.
Metodológicamente, la arqueología de alta montaña en México se realiza a partir de los 4 mil metros sobre el nivel del mar, donde el límite del bosque encuentra su máximo alcance, por lo que son motivo de estudio las principales cumbres del Eje Neovolcánico Transversal, dijo Montero García.
Señaló que la elevación con mayor número de sitios sondeados es el Iztaccíhuatl con 25; y de manera consecutiva Nevado de Toluca (17), Pico de Orizaba (15), Malinche (13), Popocatépetl (6), Ajusco (5), Cofre de Perote (3), Sierra Nevada -cerros Telapón y Papayo, así como el Monte Tláloc- (3) y Cerro la Negra (1).
"Las concentraciones de cerámica y/o lítica que definen un sitio arqueológico de alta montaña corresponden a concentraciones bien delimitadas en espacios muy reducidos y pequeños, lo cual parece paradójico frente a las proporciones del área de estudio", comentó.
"Buscamos -metafóricamente hablando- espacios confinados de 150 metros cuadrados en montañas que ocupan 150 kilómetros cuadrados. Es una proporción de uno a mil, bien parece que buscamos agujas en un pajar", expresó.
Entre los materiales que se encuentran con mayor frecuencia está la cerámica de tipo doméstico y la de carácter ritual, lítica y navajillas de obsidiana.
Asimismo figuran montículos o alguna otra estructura, efigies cerámicas de Tláloc, jadeita (chalchihuites), xicalli (orificio en la roca), copal y resinas, tetzacualco, instrumentos musicales, cetros de madera (xihucoatl), pintura rupestre y petroglifos, entre otros.
El también historiador anotó que los vestigios de alta montaña están muy lejos de ser espectaculares. "Lo espectacular es encontrar evidencia a tal altitud. Más aún, si se considera lo difícil de su hallazgo por lo delimitado de las ofrendas o porque eran enterradas sin dejar rastro. Y si queda alguna evidencia reflexionemos en el saqueo y la erosión", expresó.
"Su localización, a su vez, se complica cuando están bajo la cobertura vegetal o de capas de nieve. La pendiente representa otro factor en la dispersión de materiales. Así que en algunos casos, basta con unos cuantos fragmentos cerámicos o líticos para catalogar un sitio", subrayó.
Al observar la disposición de algunos de los sitios se puede establecer de manera clara el trazo de una ruta procesional, tal es el caso del Pico de Orizaba y Malinche.
No debe soslayarse que este tipo de espacios ubicados en la alta montaña fueron utilizados exclusivamente con fines rituales, principalmente hacia el Posclásico Tardío (1200-1550 d.C).
De acuerdo a una clasificación de los 88 sitios conforme el culto comunal, 45 de ellos son prehispánicos, 14 del Virreinato y 28 contemporáneos. Lo que demuestra la importancia que éstos siguen teniendo dentro del imaginario colectivo, de manera particular entre grupos de graniceros y de la "mexicanidad".
Montero García, adscrito a la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), menciona que a pesar del adelanto en la sistematización de los sitios arqueológicos de alta montaña, todavía quedan laderas por explorar.
"En la cara sur del Pico de Orizaba, por ejemplo, comenzamos a encontrar cerámica en la base de grandes bloques de piedra como una constante, un caso hasta ahora sui generis. En la Malinche, por denuncia de geólogos, sabemos que existen otras zonas sin explorar.
"Mientras en la del Iztaccíhuatl, la cual parece una constelación por el número de sitios que posee, prácticamente nos falta la prospección de su ladera poblana. Este trabajo apenas comenzó, en parte por mi adscripción a la BUAP, en los denominados Huéhuetl Mayor y La Ventana; estoy seguro que ahí encontraremos evidencia muy interesante", dijo.
Uno de los hallazgos más recientes, precisamente en la elevación del Iztaccíhuatl, fue el de una cabeza del dios Tláloc. La pieza localizada de forma aislada en el sitio Tres de Mayo -área de la que no se tienen datos de que hubiera sido de uso ritual-, posiblemente de filiación Posclásico Temprano (900-1200 d.C) y relacionada con la cerámica de Nahualac, en la zona occidental de esa elevación.
Si bien las actuales proporciones en cuanto a la prospección de sitios arqueológicos de alta montaña serán rebasadas, a este aumento cuantitativo se requiere avanzar de manera paralela en el estudio cualitativo del acervo por parte de las nuevas generaciones de científicos, concluyó la fuente.