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RUMBO AL CENTENARIO| LA INFLUENZA ESPAÑOLA DE 1919 HUSMEANDO EN EL PASADO

DR. LEONEL RODRÍGUEZ R.

El ayer es pasado?, es historia; el mañana?, el mañana ¡no existe! L.R.R.

?El hombre al morir retoña en su descendencia y sus obras no se pierden en la incesante elaboración de la historia?.

Jesús Urueta 1868-1920

Cómo admiro a todas aquellas personas que se dan a la tarea de investigar sus orígenes..., de conocer de dónde vienen..., quiénes fueron sus antecesores..., sus antepasados..., sus raíces..., no es una tarea nada fácil, máxime cuando las personas que pudieron proporcionar información directa, datos fidedignos sin tela de duda, ya se han ido..., lamentablemente en muchos casos este interés se despierta ya en la edad adulta o más que adulta; es difícil que un joven pueda interesarse sobre sus ancestros..., sus ascendientes..., sus orígenes, hablo por experiencia propia..., cuando tenía a mi lado a mis padres, a muchos de sus hermanos, mis tíos, a mi abuelo paterno, que fue al único que conocí y a la abuela materna, jamás se me ocurrió indagar sobre los antepasados de ellos..., ahora, en la plenitud de mi vida, se despiertan estas inquietudes..., ¿demasiado tarde?, pudiera interrogarme..., pero..., ¿alguna vez es demasiado tarde? Creo que nunca lo es, y si las fuentes de información directas ya se han ido hay una y mil maneras de remontarnos al pasado, de hurgar en el ayer. ¡Cuánto lamentamos, muchas veces, el haber destruido una serie de documentos! ?Papeles inútiles?, dijimos, al realizar una ?limpia? de nuestros archivos improvisados en cajas de diversas índoles..., cuántas fotografías pudimos haber destruido porque ¡simplemente! no conocíamos a nadie de los que en ella estaban. Cómo lamentamos no haber guardado celosamente una antigua acta de nacimiento..., una fe de bautismo..., una acta de confirmación..., una esquela de defunción..., una invitación matrimonial..., un acta matrimonial..., un acta de defunción... Cuán importantes suelen ser, pasado el tiempo, todos estos documentos, que en su momento no pudimos o no supimos apreciar... ¡y pensar que lo tuve en mis manos! Cuando recordamos la importancia de aquel documento que convertido en puño de papel fue a parar al bote de la basura.

Pero..., ¡dejemos de lamentarnos! Y manos a la obra..., nunca es tarde para darnos a la tarea de remontarnos al pasado..., de husmear en las oficialías del registro civil..., en las oficinas de parroquias..., iglesias o catedrales..., visitemos las oficinas donde quedaron registradas las actas de nacimiento..., de matrimonio..., de defunción y si es necesario acudamos al cementerio mismo..., allí..., en una cruz..., en una lápida..., en un mausoleo..., en una capilla, pueden estar gravados datos muy importantes..., una fecha..., un nombre..., un apellido...

Qué satisfactorio es tener todo el tiempo para uno mismo..., para dedicarlo a lo que más nos place..., a lo que más nos agrada..., ¡hay tantas cosas qué hacer después de que llega la tan ansiada y esperada jubilación!..., hay tantas cosas en qué entretenernos y no esperar a que llegue la muerte..., todo lo contrario... ¡Hay que escabullirnos de ella!..., no hace mucho reflexionaba que: ?Cuando los mortales realizamos con amor y entusiasmo las actividades que nos agradan, las enfermedades y la muerte dejan de perseguirnos? (N. Rosita, Coah., 29-01-06) y... ¡es cierto! No hay tiempo para pensar en enfermedades y por tanto no hay tiempo para que la muerte nos atrape.

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Tengo varios años en tratar de organizar la genealogía de las últimas generaciones empezando con los datos que tenía a la mano..., los nombres de mis padres..., de mis abuelos maternos y paternos..., los nombres de los hermanos de mis padres y luego la familia que formaron mis padres compuesta por ocho hermanos..., de allí arranqué hace cosa de diez años y poco a poco he ido encontrando más información..., se me ha ido despertando la inquietud..., el deseo de conocer más de mis antepasados. Cómo me han servido datos aislados que escuché directa o indirectamente en mi infancia en relación a ellos y es ahora que estoy echando mano de esos recuerdos..., simplemente, quedó gravado en mi memoria oír comentar a mi madre que sus padres habían fallecido cuando la influenza española del año de 1919... ¡Cuánto me sirvió este sencillo dato! Y de allí partimos...

Después de muchos años de estarlo planeando, el 30 de enero del presente año, 2006, acudí a las oficinas del Registro Civil de mi población natal: Morelos, Coah., donde fui atendido con toda cortesía por la encargada del mismo, la Juez Civil Silvia Sifuentes Alvarado, quien al conocer el motivo de mi visita se mostró sumamente interesada e incluso se prestó amablemente a ayudarme a mis investigaciones. Para hacer honor a la verdad a mí sólo me llevaba el interés de conocer en qué fecha habían fallecido mis abuelos maternos y la tía Benita de quien algo había escuchado y además conservamos una fotografía de cuando era joven..., ¡qué bella era!; sin embargo al ver ese interesante archivo se prendió la idea de buscar sobre las fechas en que habían fallecido otros familiares y ¡vaya información que me encontré! (Continuará).

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