El guayule
Alejandro Ahumada R.
(Segunda parte)
A principios de 1900 en muchos lugares el guayule sólo se consideraba como alimento para los animales hasta que se descubrió su potencial uso en la naciente industria del automóvil; su principal uso fue en la elaboración de las llantas de los primeros automotores.
El guayule, a más de ser un substituto del hule, fue un cultivo muy atractivo por su bajo costo de producción. Una tonelada de guayule producía 109 kilogramos de hule con un costo de diez centavos mexicanos por libra (453 gr.), además el valor de producción de la planta no pasaba de 100 pesos por tonelada. La planta tiene un contenido del diez por ciento de hule, crece a una altura de 60 centímetros, con un crecimiento muy lento, para llegar a 50 centímetros se necesitan entre tres y cuatro años, para posteriormente quedar lista para su cosecha y procesamiento. Para 1909 se estimó que se tenía una producción anual de seis mil 800 toneladas de concentrado de la goma de hule.
El excelente clima que tiene la región aunado al importante cruce de las vías del ferrocarril Central y del Internacional que eran una entrada directa al mercado estadounidense dieron un desarrollo espectacular a la industria del guayule en muy pocos años, similar al que experimentó la villa del Torreón por influencia de este cultivo y la minería.
Conforme fueron pasando los años se empezaron a dar a nivel mundial las fusiones y compras de diversas empresas guayuleras.
En marzo de 1907 se dio la compra más importante de tierras en la república por la Continental Mexican Rubber Company que adquirió la hacienda de Cedros, ubicada entre los estados de Zacatecas, Coahuila y Durango, con una extensión de 710 mil hectáreas.
El norteamericano J. P. Morgan compró la Intercontinental Rubber Company of Mexico que poseía un millón de hectáreas de guayule aproximadamente y una refinería en Torreón; igualmente poseía una concesión en Sumatra y otra en el Congo Belga que contaban también con plantaciones de guayule otorgadas a esta compañía por el rey Leopoldo de Bélgica.
El movimiento mundial del hule elaborado con base en el guayule se concentró en pocas manos y se dio un monopolio mundial, en donde estaba incluido México, esto no fue un problema para la familia Madero ya que la comercialización la tenía resuelta en el mercado alemán.
Para 1910 según el libro El México Revolucionario de John Mason Hart, había un pleito entre los dueños de la Mexican State de Tlahualilo y los Madero por los derechos del agua del río Nazas que llegó a los tribunales. Entre los accionistas de la Mexican Status se encontraba al presidente de la mesa directiva del Nacional City Bank, sin embargo el fallo se dio a favor de los Madero, mientras se desarrollaba el juicio la empresa americana se vio favorecida con el uso del agua. Entre 1907 y 1910, en la Región Lagunera se dieron varias sequías que afectaron drásticamente las producciones agrícolas afectando tanto a las empresas extranjeras como a la de los Madero, por otro lado la Continental Rubber intentó un boicot contra los negocios de esta familia ya que era la única compañía de origen mexicano que podía competir con las grandes empresas, dueñas de capitales enormes y superficies extensas dedicadas al algodón, la uva , el guayule y la minería; los Madero estaban entre los dueños de la Compañía Metalúrgica de Torreón, además el patriarca de la familia Evaristo, había sido gobernador de Coahuila en diferentes periodos. Otro miembro de ella, Francisco I. Madero, era candidato oponente en las elecciones de ese año del general Díaz que había sido quien había abierto las puertas del país a las empresas americanas en general y en particular a las guayuleras.
Mason habla de cinco revueltas en 1910, una de ellas anti-reeleccionista, dos más encabezadas por el Partido Liberal Mexicano y las restantes fueron llevadas a cabo por grupos independientes compuestos por campesinos y peones. Los revolucionarios llevaban ataques generalizados contra propiedades americanas y Emilio Madero encabezó una turba destructiva contra la Continental Rubber Company; los ataques contra los estadounidenses y sus propiedades constituyeron parte principal de la revolución. Esta guerra causó grandes pérdidas a la industria del guayule, en especial en la Comarca Lagunera, todo ese emporio formado en pocos años se detuvo, aunque no en su totalidad, el guayule al igual que otros productos era confiscado por los revolucionarios para comercializarlo posteriormente.
Para 1917 se vislumbraron algunos intentos para reactivar el comercio en gran escala con los Estados Unidos y firmada la Constitución de 1917, la Intercontinental continuó procesando la goma de hule que constituía el diez por ciento de la producción mundial. Para el año siguiente cayó la demanda mundial y por consiguiente el precio, se produjo para esta fecha 811 mil toneladas de hule pero sólo se vendieron 583 mil. En 1920 se dio una crisis mundial en el mercado de guayule y junto con las guerrillas villistas que obstaculizaban el abasto de combustible parando el transporte ferroviario, afectaron duramente a la Intercontinental. Para la década de los 30´s el movimiento Cardenista y la expropiación de tierras perjudicaron fuertemente a la Intercontinental, ya que se le afectaron casi 152 mil hectáreas quitándole, además los derechos de agua, dejándola con tierras que carecían de agua para riego.
Para 1939, la compañía cierra por seis meses y posteriormente reabre una nave; la Segunda Guerra Mundial y los tratados de cooperación económica salvaron a la Intercontinental de una expropiación por insolvencia.
En una página en Internet se da la siguiente descripción de una empresa que nació con el guayule de nuestra región:
Euzkadi es el nombre del país vasco en la lengua de esa antigua nación. La palabra fue utilizada, en un evidente rasgo de añoranza nacionalista, por Ángel Urraza para bautizar la fábrica que con el nombre de Cía. Manufacturera de Artefactos de Hule fundó en 1928. Venido de su natal Vizcaya a los 19 años, en 1910, Urraza se empleó originalmente en trabajos agrícolas en La Laguna, y se convirtió en pequeño industrial al trasladarse a la Ciudad de México. Se dedicó a la transformación del guayule, que había conocido en Torreón, y lo empleaba para hacer suelas de zapatos-tenis, tapas y otros artículos de hule. En 1936 la empresa se transformó en Cía. Hulera Euzkadi y con la asociación accionaria y asistencia técnica de BF Goodrich Co., de Ackron, Ohio, entró en la industria llantera.
Publicaciones consultadas:
El México revolucionario de John Mason Hart.
Empire and revolution: the Americans in Mexico since the Civil War.
Hart, John M. México.
Cía. Hulera Euzkadi: Inviable Inviabilidad, Miguel Ángel Granados Chapa, en "Reforma".
The New York Times, abril 13 de 1907.
The Wall Street Journal, julio seis de 1910.
The Atlanta Constitution, marzo 14 de 1907.
Los Angeles Times, mayo 17 de 1907.
The Washington Post, enero cinco de 1906.
Fotografía Archivo Municipal Eduardo Guerra, Torreón.