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RUMBO AL CENTENARIO

GILDARDO CONTRERAS PALACIOS

(PARTE DOS DE TRES)

LA EXHUMACIÓN DE LOS RESTOS DE ZULOAGA

Al otro día martes 19 de agosto de 2003, se presentaron los arqueólogos en el panteón de San Antonio para seguir con las diligencias de la exhumación de los restos de Zuloaga; terminaron de hacer las mediciones de la tumba y por lo consistente de su construcción los arqueólogos decidieron que la mejor manera para llegar a su interior, no sería por la parte de arriba que resultaba casi inexpugnable y se trataría de hacer el menor daño a su estructura, por lo que se optó llegar a ella por el lateral del noreste. Durante el día se excavó un foso de dos por dos mts., y de más de dos mts. de profundidad y de esa forma quedó al descubierto la pared situada al noreste de la tumba, que como ya afirmamos, estaba construida como las demás de piedra de rostro de un grosor de aproximadamente 20 cms.

La tumba resultó estar compuesta de cuatro cuerpos, el primero lo conformaba la oquedad de la tumba propiamente dicha, que tiene 1.90 mts., de largo, 60 cms., de ancho y una altura de 2.30 mts., de profundidad; el interior de la misma estaba perfectamente enjarrada con sus paredes de piedra de rostro de un grosor de 20 cms., unidas con mezcla de cal y arena. La parte alta o base de la tumba es un cuerpo de piedras de rostro unidas con cal y arena de 52 cms., y hasta 1.05 mts., de profundidad y 20 cms., de ancho; este cuerpo formaba parte de las paredes de la oquedad en su parte superior. Un tercer cuerpo lo conforma una plancha de piedra de rostro unida también con mezcla, cuyas dimensiones son de 1.40 mts., de ancho por 2.44 de largo y 27 cms., de alto; vine a ser la tapa o techo de la tumba, sellada en su parte superior por varias piedras losa y el último cuerpo o remate de la tumba es un túmulo que tenía 93 cms., de alto, 78 de ancho y 1.52 mts., de largo. Esta última parte está semidestruida y en ella debió estar la lápida con los nombres de los difuntos, y no cabe la menor duda de que esa destrucción se haya debido a la acción de los ladrones de tumbas, que suelen acudir en forma ?normal? a dicho panteón, pero ahora sí que los susodichos se toparon en piedra. La tumba estuvo rodeada por una especie de jardinera en forma de medio círculo, con el frente hacia el lado noreste, de una anchura de 22 centímetros separado del segundo cuerpo por 37 centímetros en su parte que queda al ras del suelo; que por cierto no era visible por estar cubierta con tierra.

Al siguiente día 20 de agosto, se procedió a perforar la pared de piedra descubierta en su parte noreste a base de pico, cincel y martillo, y apareció otra parte de la pared conformada por ?tenistete?, que sirvió para enjarrar la tumba por dentro. Se hizo una horadación de 60 cms., de ancho por 1.87 mts., de alto, por la que se pudo apreciar perfectamente el interior de la tumba. Dentro de ella estaba en el fondo una caja normal y sobre la misma, dos pequeños ataúdes, sobre el lado de la cabeza del primer ataúd estaba uno de ellos, casi inexistente por la acción del tiempo por lo que los restos, que allí estuviesen contenidos eran casi la totalidad de los que correspondían a un esqueleto, estaban regados en la mitad noreste de lo que sería el primer ataúd en un área de 80 cms., y el cráneo apareció en el rincón norte de la tumba. Estos restos supuestamente eran los de Leonardo Zuloaga.

Al final de la tumba en el lado suroeste, estaba otro pequeño ataúd, éste en mejores condiciones que el anterior, estaba partido a la mitad y dentro de él se localizaron las osamentas de cuatro cadáveres, las de un adulto y las de tres infantes. Posteriormente se determinó que el esqueleto del adulto perteneció a una mujer y estaba en perfectas condiciones de conservación y casi se localizaron la totalidad de los huesos. Los de los infantes estaban incompletos y en buen estado de conservación. Éstos de acuerdo a los datos recabados con anterioridad pertenecieron a doña Isabel Goribar Arrieta, madre de doña Luisa y los tres infantes pudieron ser sobrinos de doña Luisa ya que el matrimonio Zuloaga Ibarra, no pudo tener hijos.

Por último se localizó un tercer entierro, que fue depositado en un ataúd de madera, cubierto en la parte interna de lámina metálica. Las dimensiones del ataúd fueron de 1.60 mts., de largo por 40 cms., de ancho por 40 de alto. Estaba situado hasta el fondo de la tumba a una profundidad de dos mts., hasta su parte superior. Por la misma condición de deterioro el ataúd no pudo ser sacado fuera de la tumba por lo que se procedió a examinarlo allí mismo. La parte superior de la madera ya había desaparecido por lo que la cubierta de lámina era lo que sobresalía como cubierta. Se procedió a levantar una porción de la lámina correspondiente a la parte de la cabeza y los arqueólogos se percataron de que el cadáver se encontraba totalmente cubierto de cal, por lo que del mismo sólo se pudo recuperar, el cráneo, la mandíbula y las dos primeras vértebras cervicales. Por la forma como fue enterrado el cuerpo se dedujo por parte de los arqueólogos que la persona había muerto de alguna enfermedad contagiosa. Por ello y para prevenir algún posible contagio se decidió no hacer mayor examen a los citados restos. La orientación del cuerpo fue de sur a norte y era el que perteneció a doña Luisa Ibarra. La constancia de entierro de doña Luisa, del 22 de octubre de 1886, dice que murió de pulmonía, pero es muy probable por la forma como fue sepultada, que haya muerto de tuberculosis, enfermedad que en aquella época era considerada como altamente contagiosa.

Los objetos asociados que se encontraron en la tumba de Zuloaga, no fueron muchos en realidad, todo se reduce a: Un frasco de vidrio tipo florero, con la leyenda ?J. FAU PRUNES D?ENTERBORDEAUX? y en la tapa: ?MALINDU-BORDEAUX- INVITEUR?, tiene de alto 16.9 cms., por 9.5 cms., de diámetro. Dos cruces de lámina de color verdoso, de 3.2 cms., de largo por dos cms., de ancho, una de ellas incompleta. Un par de botas tipo borceguí de color café, del número cinco y que pertenecieron supuestamente a Leonardo Zuloaga, su estado es de regular a malo, están incompletas y en la izquierda estaban aún los huesos del pie. Una llave de metal oxidada de 5.5 cms, de largo. Una bisagra incompleta del ataúd de Zuloaga. Dos botones de metal forrados de tela. Dos suelas de calzado de niño o niña de entre 11.5 y 12 cms., de largo, para un infante de dos años y medio de edad. Otro par de suelas de calzado de niño o niña de 10.2 cms., de largo. Una diadema de tela, probablemente de la madre de doña Luisa. Partes de tela con 16 cuentas de metal de un rosario. Una botella de cristal oscuro de 19 cms., de alto por seis cms., de ancho en su fondo. Nueve clavos de metal de diferentes medidas. Y nada más.

Los restos fueron trasladados ese mismo día a la ciudad de Torreón y se depositaron en calidad de mientras en la bodega del Museo Regional de Antropología e Historia (del Bosque), para que en los días subsecuentes se enviaran a la Ciudad de México para ser examinados por los expertos que para ello se tiene en el Instituto Nacional de Antropología e Historia. ( Continuamos?).

Fuentes:

*.-Guerra Eduardo. Torreón su origen y fundadores. 1932.

*.-Jiménez López J.C. y Cervantes Martínez Jorge. Román Jáquez Juana Gabriela.- Leonardo Zuloaga. Una Interpretación Antropofísica. 2005.

*.-Testimonio oral proporcionado por el señor Alberto González Domene, titular de la Dirección Municipal de Cultura en el trienio 2003-2005.

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