Ha quedado designado el árbitro central para la Gran Final de la Copa del Mundo. El argentino Horacio Elizondo será el responsable de llevar a buen puerto desde el punto de vista reglamentario el partido grande y su capacidad lo avala para hacerlo con atingencia.
Este juez de cuarenta y dos años de edad y a quién le gusta además del arbitraje jugar al golf y escribir poesía debe ser desde ahora el único hombre sin dormir en Alemania fruto de esa bendita vigilia que ataca a aquel que tiene una cita con el destino.
Elizondo fue el árbitro elegido por la FIFA para dirigir la inauguración del torneo y con esto se volvía casi inelegible para pitar la final. Esto constituye una regla no escrita dentro de la Comisión arbitral pues solo en 1950 un inglés, George Reader tuvo ambas responsabilidades: Inaugurar y cerrar una Copa del Mundo.
El criterio de la Federación internacional para designar los partidos mas importantes del certamen es el de la absoluta neutralidad y así tuvo que entregarle el barco a los jueces latinoamericanos. En mi opinión, el fundamento designatorio para estos y todos los partidos tendría que ser la capacidad y luego, la neutralidad continental, el no haber visto a los equipos en cuestión y los aspectos físicos y sicológicos que le permitan al nazareno estar a la altura del partido a dirigir.
Pero en fin, el hecho es que es al juez argentino a quién corresponde el alto honor de pitar el partido entre Francia e Italia y ojalá este a la altura de lo mucho que está en juego.
Horacio Elizondo no es el primer latinoamericano en arbitrar una Final pues lo preceden en esta hazaña Arnaldo César Coelho, el primero en arrebatarles a los europeos la supremacía al arbitrar en España 82 la Gran Final entre Italia y Alemania.
Cuatro años mas tarde, en México 86 repitió un brasileño; Romualdo Arpi Filho fue el encargado de impartir justicia en el juego Argentina vs Alemania y como se aprecia, no existía el criterio de la absoluta neutralidad.
En Italia 90, uno de los torneos peor arbitrados de la historia, apareció inesperadamente otro juez latino en la persona de Edgardo Codesal, uruguayo de nacimiento y mexicano por naturalización quién realizó un trabajo polémico decidiendo la contienda con un dudoso penal a pocos minutos del final.
Después de tres mundiales en que la Gran Final ha sido dirigida por dos europeos y un marroquí vuelve a escena un hispano parlante como Horacio Elizondo de quién esperamos un trabajo acorde a su calidad.
La presente Copa no ha tenido para nada un alto nivel arbitral y el formato de reducir el número de jueces centrales de 36 a 24 le permite al árbitro la posibilidad de pitar un mayor número de partidos pero le resta a la Comisión el poder barajar mejor a sus silbantes.
Horacio Elizondo esta por méritos propios en la Final; Se puede pensar que otros jueces podían hacerlo o tenían méritos para estar ahí como Lubos Michel, Frank de Bleckere o el alemán Markus Merk pero el argentino en nada desmerece a estos notables.
El choque de estilos nos brindará un partido bien disputado, cerrado, con fuertes marcas, ríspido y con un número importante de faltas. Elizondo tendrá que imponer su personalidad, manejar adecuadamente las tarjetas, tener un desgaste físico que le permita estar cerca de las jugadas y ganar con ello en exactitud y credibilidad y, finalmente , estar preparado mentalmente para su ingreso en la historia.
Horacio Elizondo tiene, el 9 de julio en Berlín, una cita con el destino. De él depende salir de la cancha como solo un silbante o como todo un Señor Árbitro.