La reliquia está incluida en una venta de objetos arqueológicos y joyas antiguas en la que también destacan una estatua romana del primer siglo después de Cristo.
EFE
Nueva York.- Una momia del Antiguo Egipto sale a puja esta semana en Nueva York en la primera subasta de un cuerpo humano embalsamado desde que en 2003 se fijara en 1.4 millones de dólares el récord de venta pública de ese tipo.
Junto al sarcófago que los aloja, los restos de Neskhons, un sacerdote de la XXI Dinastia (del Tercer Periodo Intermedio, 990-940 antes de Cristo), serán rematados en Christie's, que confía en batir la marca de hace tres años.
La reliquia está incluida en una venta de objetos arqueológicos y joyas antiguas en la que también destacan una estatua romana de bronce del primer siglo después de Cristo y un camafeo de oro del tercer siglo después de Cristo, también romano.
Ambas piezas tienen un valor estimado de entre 300 mil y 500 mil dólares (230 mil-385 mil euros) pero es la momia de Neskhons y su sarcófago, de madera y ricamente ornamentado, el plato fuerte de la subasta.
"Se trata del sarcófago de mayor calidad que sale al mercado en dos décadas", aseguró el jefe del departamento de antigüedades de Christie's, Max Bernhemier, para quien "el hecho de que contenga una momia de procedencia impecable lo hace aún mas excepcional".
Bernhemier expresó su confianza en que la reliquia supere 1.5 millones de dólares (1.15 millones de euros), y afirmó que fue importada en 1900 con el permiso de la autoridades del Museo Egipcio de El Cairo.
Según un comunicado de Christie's, la momia fue adquirida por Liberty E. Holden, editor de The Cleveland Plain Dealer, el diario de mayor tirada de Ohio, en un viaje que efectuó ese año al País del Nilo.
Holden la compró a un marchante local, jeque Mahmud Hassan, que acababa de descubrirla y excavarla junto a otras tres momias en una necrópolis de Luxor, en el Alto Egipto.
Tras su traslado a El Cairo, la reliquia viajo hasta Estados Unidos, donde Holden la donó en 1901 al Western Reserve Historical Society de la ciudad de Cleveland, en Ohio.
El sarcófago fue abierto allí, en una ceremonia en la que se retiró a la momia parte de su vendaje, antes de quedar expuesto en esa institución hasta 1991, cuando pasó a exhibirse en el Frank H. McClung Museum de Knoxille, Tennessee.
La puja se producirá una semana después de la detención, y posterior liberación, de Jean-Michel Diébolt, un cartero francés que puso en venta en Internet pelos de la momia de Ramsés II, lo que provocó una airada protesta de las autoridades egipcias.
Segun dijo la vicepresidenta y jefa de relaciones publicas de Christie's, Bendetta J.F. Roux, la salida a subasta de la momia de Neskhons no ha suscitado, sin embargo, ninguna reclamación.
Roux recordó que la reliquia lleva desde hace mas de un siglo en Estados Unidos, y "desde entonces nadie ha protestado".
Además del buen estado de conservación de la momia, lo excepcional en la de Neskhons es su sarcófago, que conserva casi intacto el color de las pinturas, en las que predomina el dorado, amarillo y rojo, con que fue decorado hace tres mil años.
La parte exterior presenta incrustaciones de cristal y piedras preciosas, en tanto que en el interior destaca una resplandeciente imagen de Amenhotep I, el segundo faraón de la XVIII dinastía, que a su muerte fue considerado una deidad.
Del inquilino del sarcófago poco sabe, a excepción de que formaba parte de una familia de sacerdotes que desde hacia tres generaciones estaba dedicada al culto de Amon, según se extrae de los jeroglíficos que aparecen en el féretro.
El desarrollo de sus huesos, establecido a través de radios X, permite suponer a los expertos que Neskhons murió en la veintena, mientras que la ausencia de traumas corporales les hace deducir que falleció de enfermedad, posiblemente infecciosa.
De cumplirse las expectativas de Christie's y supera el dinero pagado en 2003 en Londres por la momia de otro servidor de Amon -en una subasta organizada por la misma firma-, el joven sacerdote pasara, no obstante, a la inmortalidad, aunque por una razón que nunca pudieron sospechar ni el ni sus embalsamadores.