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Tratando de aterrizar la coalición

José Juárez Medina

A estas alturas ya se ha configurado un amplio consenso, esperemos que al final de cuentas con mucho peso específico, de que independientemente de cual sea la determinación del TEPJF, el reto que tienen ante si los poderes entrantes es no permitir un sexenio más de política económica que no toma decisiones trascendentes para resolver los graves problemas económicos y sociales de nuestro país, ya que aquí, en buena medida, se encuentra su origen la actual división que se está haciendo patente.

Los diagnósticos sobran. Dentro y fuera del país, éstos se han producido con gran variedad de marcos interpretativos de la realidad y de líneas argumentativas. En términos generales los distintos puntos de vista coinciden en la enunciación de estos problemas; las divergencias comienzan en dónde ubica cada parte el origen de éstos y las pautas de acción que proponen para superarlos.

De ahí que ya algunos analistas y observadores hayan señalado que es muy difícil que en materia de política económica pudiera haber un gobierno de coalición, vamos, siquiera un diálogo.

Efectivamente, en este punto ha podido observarse como la ortodoxia no cede un ápice, y todo apunta a la reafirmación de la continuidad de la llamada disciplina macroeconómica, a través de las políticas fiscal y monetaria, las cuales están destinadas únicamente a mantener la estabilidad, objetivo prioritario (y al parecer el único) que se persigue con ésta estrategia desde hace ya varios años.

En este sentido, están reticentes a discutir si al Banco de México, además de la estabilidad de precios, se le debe también asignar el objetivo de la promoción del crecimiento. A este respecto, también cabe recordar la aprobación al inicio de este año de la Ley de Presupuesto Público Federal y Responsabilidad Hacendaria, que tiene por objetivo establecer por decreto el déficit fiscal cero.

De igual manera se muestran desdeñosos para discutir la ampliación de la política económica (y enriquecerla) hacia objetivos de largo plazo tendientes; a fortalecer la infraestructura; a implementar políticas sectoriales y regionales, en la línea de una política industrial activa, a no ser medidas tibias e irrelevantes.

Y bueno, pues en el aspecto de la política social, ya se conoce la línea seguida: una política asistencialista, destinada a paliar los impactos más crudos que el modelo ha tenido sobre el nivel de vida de la población, lo que explica que no se ataque de manera efectiva el problema de la pobreza.

Para justificar esta tozudez los proponentes y ejecutores de esta ya prolongada política señalan que el problema de la insatisfacción con los resultados ha sido porque se ¡sobrevendieron las bondades de este modelo! (seguramente así andan sobrevendiendo las famosas ?reformas estructurales?) y que en todo caso falta un plazo razonable para que se comiencen a ver los efectos sobre el nivel de vida de la población, ¿25 años serán suficientes o serán necesarios otros 25?

Frente a ello tenemos una visión alternativa, planteando que la receta aplicada no ha dado los resultados prometidos y que por tanto hay que cambiar el rumbo. Hay que orientar las políticas monetaria y fiscal en la dirección del crecimiento; que el Banco de México se ocupe, además de velar por la estabilidad económica (algo que no está a discusión), del crecimiento económico.

Se plantea además que no se debe perseguir de manera obsesiva el equilibrio presupuestario, más aún si, dado el caso, un déficit fiscal, moderado y controlable, estaría destinado a impulsar la inversión productiva y por esta vía el crecimiento, y, consecuentemente, la generación de empleos formales. Algo que por cierto ha planteado reiteradamente Carlos Slim.

Pensemos, positivamente, que hasta ahora la cuestión ha sido de tiempos. La forma de plantear la política económica, los instrumentos utilizados y sus énfasis, han sido de un solo lado. Quiénes han aplicado esta política por más de dos décadas han enfatizado esa prioridad, ¿aceptarán que socialmente también hay otras prioridades, que se han estado aplazando por mucho tiempo, y que tienen el mismo derecho de estar sobre la mesa de discusiones? Pregunta clave para la coalición, o para el diálogo.

Y no nos referimos a que declarativamente acepten que ?el crecimiento ha sido insatisfactorio?, que el ?mejoramiento del nivel de vida todavía no se ve en las personas?, que ?el combate a la pobreza no ha dado los resultados esperados?, pero que no obstante ?hay que seguir aplicando la receta hasta que se tengan resultados?.

Si además de lo anterior, de entrada califican a las propuestas y visiones alternativas como ?populistas?, pretendiendo con eso resolver la discusión, pues entonces va a ser un poco difícil salir adelante. Sin embargo ello es necesario porque, suponiendo que sea el caso, la representatividad que tendría un probable gobierno de la continuidad no le alcanzaría para seguir con esta misma política, que ha sido rechazada por poco más de un tercio de los votantes, cuando menos. Hay tareas.

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