Rodrigo Ruiz, que ayer se despidió de sus compañeros en Santa Rita, deja gratos recuerdos en estas tierras donde será un ídolo por siempre y para siempre. Fue mucho lo que le dio al Santos Laguna y a su afición y con él pasan a la leyenda dos personajes.
Uno, Jared Borgetti, el otro, su gran compañero, el otro, el ?Pony? Ruiz. Algunas veces comentamos del primer día que llegó Rodrigo a Santa Rita. Lo hizo temprano y ahí estaba sentado con su maletín esperando a los demás.
Serio lo fue desde el primer día, pero también desde el primer instante que pisó la cancha de Santa Rita vimos su transformación, pues era el más alegre entre sus compañeros, el que se unía a las bromas y al ambiente ahí reinante.
Allá, al principio de su estancia aquí, comentamos de su parquedad en el trato a los demás, y nos sorprendió hablando de nuestro comentario y de su forma de ser, por lo general reservada, pero pendiente de todo lo que ocurría en el entorno.
Nunca se puede hablar de amistad entre jugadores y periodistas, porque a veces no se puede hablar bonito de lo que evidentemente está mal, pero el trato nuestro con Rodrigo Ruiz fue agradable y todo lo inició su señor padre.
Don Miguel, de alguna manera influyó en mejorar las comunicaciones entre nosotros y el famoso jugador, después su hijo Cristian y así ayer nos dimos un hasta luego, sabiendo que un día podría regresar a vivir entre nosotros, como un lagunero más.