Porque la vida humana es corta, el tiempo y el espacio en que se nace parece ser el único posible, ?todo fue, es y será como lo es hoy?.
Falso de toda falsedad: todo está en perpetuo cambio, materia orgánica e inorgánica, influyendo la una en la otra.
En el caso de la Comarca Lagunera observamos como permanentes e inmutables nuestros Ríos Nazas y Aguanaval. No es así: es cierto que transportan aguas de las sierras durangueñas y zacatecanas, pero no siempre han conservado la distribución de hoy. Nuestro admirado autor Alfonso Porfirio Hernández nos muestra en su hermoso libro La Antigua Laguna, con planos de época, por dónde transcurrían tales corrientes y cuáles eran sus desembocaduras, consignado una primera etapa correspondiente a tiempos pretéritos, cuando el Aguanaval era afluente del Nazas y sus aguas desembocaban en el Bolsón de Mapimí, para formar la Laguna de Lipanes entre las sierras de Tlahualilo, Campana y Banderas hasta la Laguna de Palomas.
Marca una segunda etapa, cuando el río se bifurca a la altura de lo que es hoy el Ejido Santoña, tomando nuevo cauce con rumbo a San Pedro, que desembocaba en una gran Laguna, la de Copala, con diámetro de 230 a 340 kilómetros.
A mediados del siglo XVI que los españoles descubrieron río y Laguna, empezaron a hablar de la Laguna Grande, y a la Fundación de Santa María de los Parras, como la Laguna llegaba hasta ese lugar, se le denominó Laguna de Parras y ocasionalmente Laguna de San Pedro.
Al faltar las aportaciones de lo Río Nazas, la Laguna de Lipanes se fue secando, dividiéndose en dos vasos: Laguna de Las Liebres y Laguna de Tlahualilo. La primera terminó por desaparecer.
Hasta el siglo XVIII, el Río Aguanaval seguía siendo afluente del Río Nazas. En 1771, el ingeniero Nicolás Lafora terminó de levantar el Mapa de la Frontera del Virreinato de la Nueva España. En él apareció la región de las Lagunas.
En 1787 el Río Aguanaval sigue alimentando al Río Nazas, con una rama hacia la Laguna Seca y otra hacia el Charco de Texas.
Cuando el Río Aguanaval deja de ser tributario del Río Nazas, abrió un nuevo cauce y en la Boca de Álamos vació sus aguas la Laguna de Copala (de Parras), donde separadamente volvían a juntar sus aguas ambos ríos.
1799: un mapa registra la desembocadura del Río Aguanaval en una Laguna sin nombre y el Nazas en la de Parras; o sea, hay dos Lagunas.
En el mapa que hizo Núñez de Esquivel se ve la Laguna de Parras dividida en seis Lagunas. Ello se explica por las épocas de estiaje cuando el flujo bajaba quedando esteros con rica pesca y otras formas de vida.
A partir de 1770 el Río Nazas dividió sus aguas, llevando una parte a la Laguna de Tlahualilo y otra a la Laguna de Parras, que se dividió en dos: la de Parras y la de Mayrán.
La Laguna de Tlahualilo sobrevivió hasta el siglo pasado, lo mismo que la de Parras, quedando solamente la de Mayrán y la de Viesca que reciben aportaciones de los Ríos Nazas y Aguanaval.
En el año 1946 empezó a funcionar la Presa Lázaro Cárdenas, las aguas del Nazas están controladas, mas cuando se ha hecho mal uso de ellas, nos han dado un severo castigo (1963,1996 a la fecha)?.
Hoy ya no hay Lagunas, los cauces que las surtían, éstos están desleídos, con contrapendientes, descuidados. ¿Habrá más cambios?
El libro es riquísimo en información. Si usted le interesa la Región Lagunera léalo. El resumen presentado es pobre y no hace justicia al esfuerzo y honestidad del autor puestos en cada uno de sus trabajos de investigación sobre nuestra Comarca.
Además de tratar sobre los ríos, el autor nos informa sobre las poblaciones, sus lenguas, sus costumbres, su creatividad; de la evangelización de los naturales sublevaciones, enfermedades, las haciendas, los problemas interclericales, el mestizaje, las levas, causas todas que finalmente coadyuvaron a la extinción de los pueblos.