Señala la Unicef que carecen los menores de acceso al agua potable y condiciones higiénicas saludables.
El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) advirtió ayer del progresivo deterioro de las condiciones de vida de decenas de miles de niños iraquíes desplazados, que carecen de acceso al agua potable y condiciones higiénicas saludables.
En un informe publicado ayer, Unicef añade que las duras condiciones de vida que afrontan los menores los coloca en situación de riesgo para contraer enfermedades en los precarios campos de refugiados en que se aloja buena parte del cerca de un millón de desplazados internos.
“Sin electricidad para poner en marcha ventiladores o aires acondicionados, los niños en el centro y el sur de Irak corren peligro de sufrir padecimientos relacionados con el calor. Además, el agua potable es otra necesidad que escasea”, señala el informe.
Los expertos de Unicef consideran que las peores condiciones se dan en Bagdad, la capital, y en Nayaf, donde hay más de 50 mil refugiados que en su mayoría residen en viviendas de barro o campamentos improvisados en las afueras.
Las condiciones precarias han hecho que los casos de diarrea estén al nivel de poder declararse un brote epidémico, agrega el trabajo de la agencia humanitaria.
A las difíciles condiciones de vida se suma la ausencia de una alimentación adecuada, que Unicef trata de aliviar a pesar de las restricciones en su presupuesto.
Sólo el mes pasado, la organización proporcionó agua potable a más de 128 mil residentes en comunidades pobres, hospitales y campos de desplazados en Bagdad y la provincia de Al Anbar.
Además, repartió 12 mil estuches para higiene personal y material de diversión infantil, al tiempo que proporcionó transporte a las autoridades sanitarias locales, en colaboración con la Media Luna Roja, para que visiten a los desplazados.
Junto a la alerta de Unicef, la Misión de Asistencia de la ONU para Irak (UNAMI) pidió “con urgencia” materiales para construir refugios, agua potable, medicinas y productos médicos para atender a los damnificados por la cadena de atentados que el 14 de agosto sacudió el norte del país.
Los cuatro ataques con camiones bomba causaron 430 muertos, más de 500 heridos y unas 500 casas destruidas, según los datos de la ONU, que advirtió de que el acceso a la zona se ve dificultado por la violencia sectaria, que impide la entrega de ayuda humanitaria, el paso de ambulancias y el restablecimiento de servicios básicos.