“Ya merito y no llego a la letrina”
Moreira es buena onda, igualito al chavo dispuesto a repartir su torta entre todos los malandros del recreo para conseguir esa aceptación forzada. Desgraciadamente ni haciéndola de tortero consigue integrarse, los niños lo miran con recelo. Les simplifico la metáfora: hoy por hoy los coahuilenses son escépticos si de Moreira se trata pues perciben falta de congruencia entre el decir y el actuar de tan chusco –y personaje. El funcionario y también empleado de todos los coahuilenses: vale la pena recordarle que si llegó su misión es servir- busca emular al socialista que de lo último no tiene nada. Digo, tampoco es Hugo Chávez el gober. Muchos kilómetros de distancia los separan...
La izquierda genuina y auténtica, aquella que combate la utopía a Moreira sencillamente no le interesa ni cree en ella. ¿Es difícil tenerle fe a una persona cuya campaña electoral se basó en las añejas prácticas del PRI? Como todos y cada uno de los gobernadores que ha tenido Coahuila (una salvada excepción fue Don Braulio Fernández Aguirre) a Moreira poco le interesa Torreón: lo digo de la manera más enfática pues es interminable la lista de políticos que he tratado y no por nada la mayoría tiene bien ganada la fama de manejar el doble discurso.
Finalmente al político algo acaba por delatarlo: nada que denote más la falsedad que el típico abrazo, el rollazo que te tiran que más o menos reza así: “mi misión es servir y defender las más altas virtudes de la patria”. A los que generalmente les creo son a aquellos que dicen amar el servicio público. ¡Cómo no, si es su única salida del estilo de vida clase mediero que detestan!
Recuerdo una ocasión en la que platiqué largamente con Enrique Martínez. Nunca le creí su perorata hábil y rebuscada con la que quería defender la calidad de las obras que se estaban haciendo en Torreón. No haberle creído eso me impide ser objetivo: fue un extraordinario gobernador y en lo personal lo estimo pues con la gente sensible hago empatía.
Al profe debemos desearle toda la suerte: su antecesor tuvo alcances importantes y no es fácil competir con los picudos. ¡Échele ganas mi señor profesor!
Démosle gracias a Dios: Moreira es un bailarín nato y lo que le hace falta al inhóspito desierto es que lo rieguen de alegría...
¿Qué era mejor para los laguneros? Un zorrito (zorro se le puede decir a un Gutiérrez Barrios) con entusiasmo desbordado o un católico bonachón, rete buen ser humano, pero al que más de una vez le tembló la voz cuando fue necesario callar a cierta camada de legisladores. Sinónimo del Animal Planet: Cámara de Diputados.
Todo en la vida tiene sus pros y contras. Digo, el pleito de escuelita que se traen José Ángel Pérez y Moreira es para Ripley y desde aquí te quiero decir, mi alcalde querido, que no tiene sentido pelearse por nimiedades. Porque te conozco y estoy cierto de tu sensibilidad y verdadero deseo de ayudar a Torreón yo y muchos, que comiences a barrer lo tuyo y no involucrarte en chiqueros que “ni con ajas salen”.
Admiro los progresos del Alcalde: desgraciadamente no han sido al ritmo esperado pues hay más de un subalterno incompetente... (no, se oye más bonito decir “de capacidades limitadas”). En fin, que los lastres y la burocracia van ligados de la mano.
Gober: cumpla con su palabra, cierre la boca de los que hoy no creemos en usted.
Dicen que Torreón es una de las ciudades más seguras del país: ello lo pongo en duda a partir de ciertos sucesos. Hay policías muy competentes; de otra camada quisiera contarles –en la voz imaginaria de un policía- algo que ya saben muchos: “Se trata de estacionar nuestras tiras a la vuelta de los restoranes caros donde van los riquillos a comer; si te fijas pareja hay puro carro fregón”. “A los güeritos que vengan manejando su carro y no traigan guarros es sobre los que hay que irnos ¡Si andan en naves de harto billete a web...se van a tener que poner para el chesco”.
Hace tiempo que no venía a mi adorado Torreón. Por un lado estamos más seguros y por el otro nuestras garantías individuales son hoy por hoy más fáciles de ultrajar.
Admiro al Presidente Calderón por su valentía. Tristemente es una lucha perdida.