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CONTEXTO LAGUNERO

JUAN MANUEL GONZÁLEZ

Arquitectos de nuestro propio destino.

En el campo de las empresas, hablar del cierre del año y el inicio del próximo genera tanto optimismo como cuando cualquiera de nosotros observa con esperanza la llegada del año nuevo. Siempre se abriga la esperanza de que el próximo año sea mejor que el actual que esta por terminar. Pero a diferencia de la mayoría de las personas, las empresas eficientes no solo se dedican a esperar que la fortuna y la dicha lleguen justo cuando el reloj marque las doce de la noche de la última noche del año viejo. Las empresas eficientes mantienen un constante proceso de seguimiento, revisión, adaptación y reorientación de sus planes para garantizar que efectivamente el año nuevo sea mejor que el anterior, por ello las empresas se empeñan en realizar planes estratégicos, tácticos y operativos, a corto, mediano y largo plazos; lo hacen para garantizar su permanencia en el tiempo y estar preparados para cualquier situación que ponga en riesgo o beneficie a la empresa.

Es un hecho lamentable que, respecto al ejercicio libre de nuestro albedrío, la planificación estratégica y táctica parece ser un concepto utópico, indescifrable e inalcanzable, por lo que, en el mejor de los casos, limitamos nuestros esfuerzos a planes operativos de corto o mediano plazo, la mayor parte de las veces, sin estrategia, solo con una buena dosis de subjetividad, fe y deseos de tener suerte. En la mayoría de los casos dejamos que el año nuevo que esta por llegar este sujeto más al azar, que a un seguimiento y logro de objetivos fruto de un plan completo y bien pensado. Es justamente por eso que cabe preguntarse si debemos ver el próximo año como nuevo o no, pues si se piensa hacer lo mismo del año pasado y de los que le antecedieron ¿qué tendría de nuevo?

En el libro “La Buena Suerte”, de Alex Rovira y Fernando Trías se puede encontrar una frase que nos invita a reflexionar sobre el concepto de la esperanza y los cambios que producen mejoras, la frase es pronunciada por un Gnomo que asegura, parafraseando a Einstein: “no se pueden lograr cosas diferentes si no se hacen cosas diferentes”. Es sencillo. Mientras hagamos lo mismo y nos comportemos como siempre ¿cómo podemos esperar que ocurra un cambio? Einstein también dijo una vez que lo más cercano a la locura era esperar un resultado diferente aplicando la misma formula.

En foros mundiales importantes como el de Davos nos dicen a los mexicanos que ya se nos esta yendo el tren en lo que respecta a cambiar radicalmente para mejorar y a pesar de estas voces de advertencia, pueblo y gobierno seguimos perdiendo el tiempo sin hacer el menor caso. Como atinadamente dijo un colega, México esta en una situación límite: o se compromete decididamente a hacer un gran esfuerzo por cambiar en pro de una buena cultura empresarial, o avienta la toalla para que los demás países que si hacen su tarea, acaben por repartirse por completo el pastel del mercado internacional. Pero no se puede pensar en hacer algo distinto pero que siga dependiendo del azar y de la improvisación, resultaría estéril y frustrante. Se debe traducir el concepto de la planificación empresarial al comportamiento personal y programar los pasos importantes, los cruciales, de acuerdo a estudios, a tendencias, a probabilidades, a bases y datos confiables que permitan tomar las mejores decisiones y con ellos asegurar buena parte del éxito. De esta forma el año 2008 si será un año nuevo. Un año que en muchos aspectos sea mejor que todos los anteriores.

Obviamente, no podemos negar nuestra realidad, somos emociones, sentimientos y percepciones, no todo puede ser planificado ni enfocado como si solo se tratara de maquinas u objetos sin voluntad propia. Precisamente allí es donde comienza el verdadero reto: demostrar que el termino “homo sapiens” coincide con nuestro comportamiento y acción. Se debe ser sabio, valorar el momento y con ello saber cuando deben reinar las emociones y cuando la razón, e incluso también, saber cuando deben estas coexistir y complementarse.

Todo año que se inicia representa una oportunidad de hacer mejor las cosas, de lograr lo que en el pasado pensamos imposible. Pero esa oportunidad, esa probabilidad de logro, de éxito, tiene que poseer una buena dosis de responsabilidad, de esfuerzo, de planificación y de optimismo. Si se traslada ese concepto administrativo a nuestra conducta reduciremos los errores y aumentaremos nuestra cuota de felicidad y satisfacción. No se puede dejar el futuro al “ahí se va”. No se puede esperar una cosecha si no se ha sembrado la semilla, si no se ha cultivado y regado la tierra y si no se ha sudado lo necesario.

Revisando el escenario, debemos reconocer nuestras debilidades y fortalezas, observar nuestras oportunidades y amenazas, tener un sueño claro, común, alcanzable y posible, contar con los conocimientos, las herramientas, las habilidades y las actitudes adecuadas, plantearnos objetivos que nos conduzcan a alcanzar las metas. Si, requiere de conocimientos, pero más allá de los conocimientos teóricos, de nuestro conocimiento interno, de saber exactamente qué queremos y donde queremos estar. Se trata de poner en practica primero que nada aquella inscripción, puesta por los siete sabios en el frontispicio del templo de Delfos: nosce te ipse. Debemos conocernos primero nosotros mismos. Conocernos suficientemente bien para poder ejercitar la planificación y obtener los beneficios que trae consigo. Ello significa también evaluar las alternativas y escoger la que mejor se adapte a nuestras expectativas y esperanzas. No todas las tierras son aptas para diferentes cultivos, si en una tierra no se da la semilla hay que pensar en otra tierra.

De nosotros depende que el nuevo año en realidad sea nuevo. Que la esperanza que nos ocupa se materialice y podamos palpar nuestros sueños. De nosotros depende que el nuevo año que pronto se iniciará sea mejor que el anterior. No hay nadie más quien pueda hacerlo por nosotros, solo nosotros mismos.

Es importante incluir la planificación estratégica y táctica a nuestras vidas, hacerla parte de nosotros mismos sin que ello signifique suprimir la emoción y la esperanza en un futuro mejor, por el contrario, no habrá sensación más grande de satisfacción y éxito que saber que todo cuanto deseamos lograr en el año nuevo respondió a una visión clara, una misión amplia e integradora, al logro de nuestros objetivos y metas, al éxito de una buena estrategia para ser los arquitectos de nuestro propio destino.

Comarca Lagunera. Noviembre de 2007.

Correo electrónico: jgonzalez2001@hotmail.com

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