Este invierno ha tenido lo suyo; en ratos los vientos del norte resultan extraños, de una furia poco usual que pone a temblar las estructuras del paisaje urbano; las ramas de los árboles se desperezan en tanto dejan caer hasta la última de sus hojas estivales.
Es una de esas mañanas cuando salir a la calle se convierte en toda una aventura, el frío cala hasta los huesos en tanto las ráfagas de viento se dejan escuchar cuando pasan veloces entre uno y otro de los transeúntes
Hoy igual que tantas otras veces, disfruto el paisaje urbano; quien sabe qué fibra toca la llegada del invierno en mi persona, que gozo la vista de personas refundidas en gruesas ropas multicolores, así como niños que parecen muñequitos de trapo envueltos en un montón de prendas invernales. Detengo mi atención en una mujer, posiblemente empleada doméstica, empeñada en cumplir una tarea poco factible; en tanto el viento levanta como por paladas las hojas sobre el pavimento, ella se ha propuesto juntarlas dentro de una bolsa de plástico. Armada con escoba y recogedor, apenas junta unas pocas y trata de meterlas en la bolsa, llega una ráfaga intensa y las dispersa todas de nuevo; acto seguido la mujer vuelve a emprender la misma acción, con iguales resultados. Me intriga su perseverancia, posiblemente esté cumpliendo órdenes de una patrona muy impositiva, o qué sé yo, porque en cuanto el viento ha dispersado su preciosa carga, ella vuelve a comenzar...
La actitud de la mujer contrasta con la del resto de los transeúntes quienes se repliegan dentro de sus ropas tratando de protegerse de las ráfagas heladas. Por un momento caigo en la cuenta de cuántas veces a lo largo de la vida tomamos precisamente esta actitud finalmente ociosa: Tratar de poner orden a nuestros asuntos personales en medio de la tormenta.
Quien afirme que a lo largo de su vida ha tenido solamente ratos amables, está mintiendo; desde el nacimiento hasta la muerte la existencia comprende una variedad muy grande de situaciones; logros o fracasos; estados de ánimo. Algunas veces nos han de tocar tiempos de bonanza en los cuales las cosas salgan a pedir de boca; otras tantas vendrán días de borrasca, cuando los elementos del exterior amenacen nuestra propia estabilidad. Entonces nos corresponderá replegarnos del meteoro, dejar que éste pase, y después reanudar la marcha.
Quizás en ratos nos gane la ansiedad y queramos, como esta mujer, poner orden en el preciso momento cuando los vientos no lo permiten; quepa entonces la sabiduría y la paciencia para esperar. Sea para nosotros ésta una oportunidad de levantar un inventario personal, un análisis de nuestros recursos frente a las tareas pendientes, para reemprender los afanes cuando los vientos se calmen.
Algo que nos es dado a lo largo de la vida es el libre albedrío. Mediante la capacidad de decidir qué hacer con mi vida y con mi tiempo, es como se va forjando la propia historia personal. Entonces habrá que aplicar la inteligencia para aprender en qué momento corresponde actuar y en cuál otro toca hacer una pausa y esperar.
Aún cuando la voluntad humana es capaz de domeñar los elementos del ambiente, habrá ocasiones cuando intentarlo resulte tan ocioso como descorazonador, y más valdría entonces guardar las fuerzas para más delante.
Tormenta: En cualquier momento el clima se descompone y los vientos comienzan a soplar con particular furia: Debemos estar preparados para enfrentarlos.
Calma: Tiempo cuando habremos de aplicar lo que somos y lo que tenemos en la consecución de nuestros ideales.
Tormenta: Ocasión para recordar que al igual que a nosotros, al resto de quienes nos rodean acontece algo similar. Entonces aprender a apoyarnos unos a otros.
Calma: Hora de contar nuestras bendiciones; revisar la bitácora de viaje y renovar los recursos de la mochila personal.
Tormenta: Como mantiene el capitán el rumbo de su nave dejándose guiar por la luz del faro, de igual modo mantengamos nosotros el propio a la luz de la verdad absoluta.
Calma: Recordemos mantener una actitud alegre a lo largo del camino, que nos permita recargar baterías para los momentos más duros.
Tormenta: Trabajando solos las tareas se multiplican y los fracasos aumentan. Si formamos un equipo las cosas se lograrán con menor dificultad.
Tormenta y calma; día y noche; vida y muerte: La dialéctica en la cual nos corresponde desenvolvernos y trascender. Comencemos el año preparados para actuar del modo como el momento que se nos vaya presentando lo demande.
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