¿Cómo detenerlo?
El otro día encontramos una vieja fotografía.
Estábamos en la casa de los abuelos, rodeados de primos y de amigos.
Y nos vino a la mente el viejo deseo que siempre tuvimos cuando éramos pequeños.
Tener una cámara fotográfica, para captar cosas que deseábamos tener siempre frescas en nuestra mente.
Pero eran tiempos en los que tomar una fotografía era privilegio de dos personas en nuestra comunidad: Don Abel Ramírez que vivía en un pueblo cercano, y don Cruz, al que llamaban “La Rielera”.
Nadie más poseía una cámara fotográfica.
Nos hubiera gustado captar aquella gran fragua que estaba cerca de casa, donde se fabricaban carros que después tirarían mulas. Con la gente accionando el gran fuelle por donde salía el aire para aviar el fuego, con el obrero que martillaba el acero para dar forma a la rueda.
Nos gustaba el ceremonial de cada celebración en la iglesia del pueblo, con gente que se quedaba como paralizada orando horas enteras, mientras el padre Polina confesaba entre coscorrones y regaños.
Nos hubiera gustado captar las pastorelas de Antonio de Lara cada Navidad.
Si tuviéramos algunas fotografías con esas escenas, serían oro molido para nosotros y para quienes estuvieron a nuestro lado.
El tiempo sigue su marcha y vamos dejando atrás cosas inolvidables que fueron parte de nuestro vivir.
Por ello, consiga una camarita fotográfica y capte escenas con sus seres queridos, hoy que los tiene a su lado, antes de que el viento del tiempo los lleve a otras dimensiones.