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El caso de Ehren Watada

Gilberto Serna

Empezaremos por decir que no hay guerra legal o ilegal, sólo hay un conflicto bélico en que una nación, justa o injustamente, arremete contra otra. ¿Estaríamos pregonando que hay un derecho natural?, como lo afirman los internacionalistas de las escuelas deductiva y ecléctica, que, sin embargo, requiere de la existencia de cortes internacionales para que los principios sean aceptados con reglas legalmente obligatorias en las relaciones entre Estados. Podremos señalar la existencia de la Organización de las Naciones Unidas, sin embargo, frente al poder real ?Estados Unidos de Norteamérica- nada de lo que se diga o haga puede dar lugar al hallazgo de un conjunto de normas respetadas. La única verdad es que los países se vuelven espectadores pasivos cuando la nación más poderosa de todos los tiempos se decide a actuar haciendo pedazos el orden legal. No ha mucho tiempo, sin que ese organismo internacional decidiera lo concerniente, el Gobierno presidido por George W. Bush, por si y ante si invadió Irak previo un bombardeo que trajo terror y muerte. Hubo un ataque de una nación poderosa a una débil, en cuanto armamento de uno y otro se refiere, con alegatos mentirosos, que de otra manera hubieran impedido una masacre. Otra cosa hubiera sido si, consultando a las demás naciones aglutinadas en el organismo internacional, éstas, por cualquier causa legítima, lo hubieran autorizado.

Lo dijo el genial y truculento Maquiavelo quien en su obra El Príncipe (1513) deja claro que un dirigente debe saber bien cómo actuar siguiendo el ejemplo de las bestias, imitando al león que no puede protegerse de las trampas y a la zorra que no puede defenderse de los lobos. Si es un zorro puede reconocer las trampas y si procede como león logrará asustar a los lobos. Nunca han faltado argumentos para que un Gobierno falte a sus promesas. Para eso se necesita ser un gran fingidor y un gran hipócrita, ?los hombres son tan simples y están tan prestos a obedecer a las necesidades del momento, que aquel que engaña encontrará siempre quienes se presten a ser engañados?.

Esto viene a colación porque Estados Unidos inició un consejo de guerra contra un teniente primero del Ejército por negarse a participar en una guerra con el pretexto de que es ilegal. Hay quienes clasifican la actitud del militar Ehren Watada, de ascendencia japonesa, originario de Honolulu en Hawai, como la de un traidor que en otro tiempo hubiera sido llevado al paredón ante un pelotón de fusilamiento y otros lo consideran una persona con derecho a disentir. Watada considera que la guerra en Irak es ilegal e inmoral, e igual y en consecuencia las órdenes para que participe también lo son.

Diremos que lo sublime de una guerra es que el hombre ofrece, de ser necesario, sucumbir en aras de su patriotismo. Hay en la actitud del hawaiano Watada dos posiciones encontradas. No puede por un lado sacrificar su vida sin una motivación y por el otro, que siendo un ser pensante se percata de que la guerra desatada por el presidente George W. Bush es ilegal y, lo que es peor, inmoral. Son sus cavilaciones las que le indican que no debe participar. Sin embargo, su resistencia no está debidamente fundada si se toma en cuenta que para un soldado no hay guerras justas o injustas. Su deber como militar no es discutir sino obedecer.

No está dentro de sus capacidades valorar las órdenes que provienen de sus superiores. Si fuera un civil no sujeto a las ordenanzas de un Ejército otro gallo le cantaría. En cambio a un castrense no le está permitido, dentro de sus facultades, rehusar cl cumplimiento de una orden de los mandos militares. ¿Quién es él, para estimar que las órdenes que recibió para incorporarse a las Fuerzas Armadas que pelean en Irak, son ilegales? Su deber, es matar o que lo maten.

La guerra no necesariamente debe ser considerada legal. Basta, como en el caso, que el Gobierno de Bush esté aplicando la Ley del más fuerte, para que no solamente sea legal sino también moral. No importa que se hayan transgredido toda suerte de normas internacionales, que no haya habido el uso sacramental de una declaración de guerra del Congreso, que, en el caso, se haya tratado de una guerra invasora sin justificación visible y que la invasión se haya derivado de un embuste. Desde que se hizo la operación armada no he oído o leído ninguna reclamación de los cinco países con mayor presencia en la ONU, el Consejo de Seguridad. Luego es una guerra de facto que ha sido elevada al rango de guerra consentida. El derecho internacional no podemos verlo de otra manera se ha subordinado a la política del poder.

Es además una guerra en la que no juega un papel preponderante la moral. Puede ser inmoral ni duda cabe, pero no cabe usar un término de esa naturaleza cuando esté en peligro el equilibrio de poder. Se puede y en la práctica se hace, acotar el empleo que se da a los principios de moral internacional a los que dicte el capricho de un país poderoso dado que su política está basada en el poder. En fin, ante este cuadro desgarrador pero realista, nada puede esperar el teniente sino una sentencia que lo condene a prisión y a un despido deshonroso.

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