Se supone que en esta semana será presentada y empezará a debatirse la primera iniciativa importante de la agenda legislativa de Calderón: la muy cacareada Reforma Fiscal. Y muchos observadores y comentaristas están que se comen las uñas por saber cómo viene o de qué va.
Es público y notorio que una de las trabas importantes que tiene este país para salir adelante es su sistema fiscal. Y es que los impuestos que se cobran, a quienes se les cobran, y la manera en que se cobran, espanta hasta al inversionista más audaz. Mejor que enfrentarse al laberinto de leyes, exenciones y alcabalas que tiene nuestro sistema, muchos optan por largarse con sus bártulos a países más benignos como Irlanda o la misma China.
Además de complicado, el actual sistema impositivo es sumamente injusto, dado que menos del 20 por ciento de la población económicamente activa es la que paga el pato de mantener al Estado. Por algo México es el país, de entre los veinte más grandes del mundo, que recauda menos en proporción al tamaño de su Producto Interno Bruto.
Y para acabar de fruncir lo arrugado, esa ineficiencia fiscal está liquidando nuestro futuro: como el Gobierno no tiene cómo cobrar más impuestos, lo que hace es ordeñar a patadas a esa vaca generosa que es Pemex. El problema es que los ingresos producto de un energético estratégico se ha malgastado pagando a burócratas en lugar de ser invertidos a largo plazo. Y la vaca de Pemex está cada vez más flaca.
Si el Gobierno no quiere seguir dependiendo de un recurso no renovable, y que se nos está acabando, tiene que sacar recursos de otro lado. Y para ello se necesita un nuevo esquema impositivo, donde los grandotes paguen más y a los cautivos nos quiten la bota del pescuezo.
Se ha hablado mucho de qué es lo que incluirá la mentada Reforma. Lo que sí sabemos es que no será a fondo: no se estandarizará el IVA, continuará habiendo exenciones y tasas cero... lo que seguirá volviendo complicada la recaudación. Pero bueno, la política es el arte de lo posible, y el PRD prometió armar gran relajo si se gravaban alimentos y medicinas. Antes que enfrentarse a un proceso desgastante y con escasas probabilidades de éxito, los chicos listos de Hacienda decidieron irse por otro lado.
En teoría Carstens ya habló con quienes tenía que hablar, las principales fuerzas políticas se han puesto de acuerdo, y no habrá sorpresas desagradables a la hora de presentar la propuesta. Ya veremos. Después de la parálisis del sexenio pasado, al país le urgen reformas de todo tipo. Quizá la que se va a presentar no sea la mejor. Pero en este país de parches y remiendos, de alambre, chicle y KolaLoka, ya va de gane.