El Congreso rebelde (¿?)
Poca gente lo recuerda o al menos lo recuerda como fue. Y es que la historia nos dice que, durante un buen rato, el estado de Coahuila estuvo en guerra contra el resto del país. Mejor dicho, contra el Gobierno Federal de este país.
Efectivamente: cuando en marzo de 1913 se conocieron las circunstancias en que había sido asesinado Panchito Madero por el chacal Victoriano Huerta y sus esbirros, el gobernador de Coahuila Venustiano Carranza convocó al Congreso del Estado para que declarara ilegal y espurio al Gobierno Federal encabezado por el alcohólico general. El siguiente paso fue el Plan de Guadalupe y una rebelión semejante por parte de las legislaturas de Chihuahua y Sonora. En unas semanas, los tres estados más grandes (y con fronteras más extensas con Estados Unidos, lo que no es moco de pavo) habían desconocido al usurpador y empezaba lo que llamamos la Revolución Constitucionalista. Pero ojo, todo empezó con un acto de dignidad del Congreso coahuilense… encaminado y pastoreado por Carranza, eso sí. Pero con su dejo de dignidad, eso que ni qué.
Con ese antecedente y a través de ese filtro habría que observar el mitote que, a nivel nacional, se ha armado porque el Profe Moreira (que nos cuida hasta poquitito después de los Santos Óleos), anunció que el Congreso local se negará a votar en favor de la flamante reforma electoral. Cabe hacer notar que, para que ese engendro se convierta en parte de la Constitución, las Legislaturas de más de la mitad de las entidades deben darle su visto bueno. Se supone que de esa manera se mantiene el pacto federal: si una mayoría de los estados no está de acuerdo, entonces los cambios a la Carta Magna nomás no pasan.
Por supuesto, ya sabemos que el mentado pacto federal ha servido más como tapete que para otra cosa. Si hay senadores de representación proporcional, que vaya uno a saber por qué entidad están calentando asientos en Xicoténcatl, por favor, no insulten nuestra inteligencia diciendo que ésta es una república federal. Por no decir nada del hecho que los congresos estatales, como buena parte de los puestos de elección popular, no representan ni a los ciudadanos ni a la Carabina de Ambrosio; sino a los intereses de sus respectivos partidos y caciques. Lo acaba de demostrar el Profe Moreira, quien ya dijo cómo van a votar los representantes del pueblo: como él diga.
Tan tajante declaración ya ha generado numerosos comentarios. Algunos connotados priistas se pusieron a regañar al Profe por alebrestado. Otros, de mente no muy lúcida, alegaron que los coahuilenses no pueden discrepar de lo que ya votó el Congreso de la Unión (les digo: en qué consideración tienen al federalismo). Otros dicen que es una manera muy original para que Moreira se dé a conocer a nivel nacional y como espíritu rebelde. Otros más, que simplemente se le chispoteó. No falta quien afirme que las malas mañas del autócrata Fidel Castro se le están pegando gacho. Será el sereno. Aquí la cuestión es que, una vez más, la ciudadanía es testigo y espectador y nada más. Y el circo de tres pistas de la política local y nacional, a seguir dando lástimas.