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Ensayo sobre la cultura / PABLO C. MORENO

José Luis Herrera Arce

El martes pasado fue desvelado (ésa fue la palabra utilizada en el evento y que al parecer es la más propia por el significado de quitar el velo) el busto de Pablo C. Moreno en el centro cultural que lleva su nombre. Los datos biográficos de este filósofo escritor los puede encontrar en los libros de José Robles de la Torre. Lo que me interesa ahorita es subrayar la importancia de un maestro como él, en el tiempo en que vivió. Para ello tendremos que situarnos en la década de los treinta y cuarenta en una región acabada de nacer. Habrá que enumerar:

1.- No existían universidades, si apenas se llegaba a preparatoria. En aquellos tiempos podemos considerar que la máxima casa de estudios era la Escuela Comercial Treviño en donde don Pablo estudió contabilidad y posteriormente fue maestro.

2.- Tampoco existían las instituciones culturales como las conocemos ahora. El máximo órgano de divulgación cultural era la prensa. La publicación de revistas comienza con el grupo fundado por ellos, el ateneo lagunero (en remembranza con el ateneo de la juventud de los años dieces en la capital de donde salieron personalidades importantes de la política y la cultura).

3.- Había una o dos librerías, gracias a Dios en aquellos tiempos a falta de la tele se leía. (La televisión nos llega en el año 56 a Torreón).

En este panorama podemos entender que don Pablo clamaba cultura en el desierto porque él fue el primer maestro de una generación de jóvenes que quería hacer cosas con los pocos elementos con los cuales contaban. Si debemos de recordar a Enríquez Ureña como el maestro de aquel ateneo de la juventud, en la Ciudad de México, guardadas las distancias, fue don Pablo, el maestro de este ateneo lagunero que para 1942 publicó si no la primera, sí una de las primeras revistas culturales de la región, ?Acción Lagunera?. Fue una revista mensual que completó 24 números.

Hay que aclarar, en este primer tiempo del grupo, sus miembros se habían hecho en la ciudad. Algunos no tenían posibilidades de viajar a otras ciudades a estudiar preparatoria o universidad. (La primera escuela universitaria de Torreón creo que fue fundada en 1956).

Continuemos con la historia. En el 44, comienzan a llegar jóvenes que han podido terminar sus estudios en universidades de Guadalajara, de Monterrey o de la Ciudad de México. Los nuevos conocen a los que ya estaban aquí y en lugar de entablar rivalidades estúpidas se unen y conforman un nuevo grupo más compacto que mejora la vieja publicación dando vida a la primera gran revista cultural que tuvo esta ciudad, la de Cauce que se comenzó a publicar en 1944 ó 1945 y cuyo último número, Nuevo Cauce, fue publicado en 1980 (haga números).

El viejo maestro se dejó contagiar con la sangre de los jóvenes que enriquecieron la prosa regional y no sólo la prosa, sino el pensamiento que estaba a la altura de los temas tratados en cualquier parte. La revista hablaba de existencialismo en los cuarenta, cuando el existencialismo acababa de nacer a causas de Sartre y la guerra mundial. Bastaba un café (el Toma y pague) o una librería, como la del Jibaito Faedo, para reunirse, para planear, para hacer cosas y vaya si se hicieron cosas, no sólo en el mundo de la literatura sino en otras ramas.

Fue con ellos y otros más (el doctor Garibay dirigía teatro y se presentaba en la XETB) con los que nació el interés cultural en la región y se mantuvo por décadas. Se organizaron conciertos en el Mayrán gracias a Vilalta, un concertista español que se radicó en la ciudad y que encontró apoyo en miembros de ese grupo. En los sesentas ¡organizaron conciertos con discos! Gracias a la iniciativa del señor Alberto Maya que fue mencionado como poseedor de una gran biblioteca. Y todo eso se hacía con las uñas.

De esa influencia salió Enriqueta Ochoa (nuestra máxima poetiza) alumna de Rafael del Río que fue de los universitarios que se unieron en el 44.

Un amigo me comentaba que la tecnología ha avanzado mucho últimamente. Yo le respondí que los contenidos no iban a la altura. Aquellos hombres, sin tecnología, y con las uñas, nos dieron riqueza de contenidos, comenzaron a formar el espíritu de esta ciudad situada en el desierto. Son los que depositaron la semilla en el surco donde hoy florece las nuevas plantas y sus frutos.

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