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Entre la pragmática y el deber| Hora Cero

Roberto Orozco Melo

La semana anterior transcurrió sin que sintiéramos el tráfago de los días, lo cual agradecemos a don Vicente Fox Quesada y a su esposa Marta, quienes se pusieron “de pechito” ante los medios de comunicación y la opinión pública al concertar una entrevista con la revista “Quién” destinada a evidenciar lo felices que son ahora, ya retirados de la malvada política, cuyas intrigas y desavenencias los mantuvieron mortificados a lo largo del sexenio de la alternancia.

Imaginemos cómo se pudo generar la mala idea de la “interviú” con los reporteros de “Quién” que se llama así para expresar que sólo “quién” es “Quién” puede aparecer en ella, a todo color y con abundancia de páginas informativas e ilustradas.

Y vaya si fuimos informados los medios de comunicación y nuestros lectores: el despliegue otorgado al modo de vida de la familia Fox fue amplio e inmediato: devinieron los comentarios de los editorialistas y la agudeza de los caricaturistas, aunque a los señalados todo les haya parecido un empastelado de colores amarillos hepáticos.

Nada habría sucedido si los renombrados cónyuges no hubieran caído en el error de la vanidad, víctimas del aburrimiento que ataca a los carteros jubilados que dejan de laborar para percibir, muy a penas, un porcentaje mínimo de lo que devengaban en su vida activa. Claro que en el caso de Fox, la pensión no resulta exactamente mínima y será para toda su vida y la de su señora. Más los extras para su cuidado, traslados y arropes.

Todos nuestros ex presidentes cometieron maldades y feos delitos haciéndose acreedores al escarnio popular; pero, compasivamente, hubo quién descubrió en sus actos, causa del vilipendio, algún rasgo positivo o simpático, ya fuera humano o laboral, que indujera la comprensión social y el perdón para los enjuiciados, sin que estos se hayan librado de la condena pública. Sin embargo, el cinismo y desorden en la Administración foxista fue una mecha que ha encendido todos los fuegos de la vindicta popular, pues tanto el presidente como la sedicente presidenta desdijeron los propósitos que aparentaban sostener para poder llegar al cargo. Y si a ello se agregan la incompetencia, el indebido uso del poder otorgado por el pueblo, más la constante prevaricación del cargo oficial que les fue otorgado, estaremos ante un dramático aunque, ya sabemos, virtual enjuiciamiento por pecados oficiales.

En días próximos podremos atestiguar el desarrollo de una campaña pública a favor de un trato civilizado y democrático para las personas que sufren alguna discapacidad física o intelectual y parecen ser diferentes para quienes no sufrimos ninguna; sólo en apariencia, pues quizás muchos mexicanos padezcamos del mismo mal en mayor grado, sin que se nos note.

Quizás entonces confesarán Fox y señora que fueron seres discapacitados para desempeñar el cargo de mayor responsabilidad pública en nuestro país.

No advertimos la discapacidad en la campaña política, pues para eso son: envuelven mentiras en la trama de palabras que se urden para la radio, de spots en la TV, de gacetillas en los medios impresos, de espectaculares en las ciudades y en las super carreteras. Fox usó trucos y falacias requeridas para convencer a un pueblo predispuesto contra el setentón partido revolucionario que había perdido el rumbo, y por ello el PAN ganó como ganan los publicistas: decir tantas mentiras que parezcan verdades.

Pero Fox no estaba capacitado para ser presidente de la República y nunca lo estuvo. Quizás no hubo fraude electoral, parece lógico, pues no sabría cómo fraguarlo y cómo ejecutarlo; pero hubo engaño y a fin de cuentas engaño y fraude son lo mismo. A lo largo del sexenio una decepción siguió a otra y a otra. Jamás entendió Fox la mecánica del poder y quiso arreglar la economía con clips y mexicanadas. Los ciudadanos se asustaron ante la probabilidad de que nos gobernara un “comunista” y ganó Felipe Calderón Hinojosa, buen muchacho y avezado parlamentario, pero panista al fin, que ahora está en el dilema de ir contra la historia y la pragmática política si decide consignar a Fox por responsabilidad oficial. Quien se asoma a la ventana, hasta de lejos lo ven...

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