Arturo Ripstein.
Arturo Ripstein se ‘mueve’ entre la crisis y la envidia
MÉXICO, DF.- Tras veinte minutos con Arturo Ripstein, se le podría definir como un “émulo de Dios incompetente y torpe que practica con gozo el pecado de la envidia y que ha sobrevivido en el cine por medio de engaños”.
Él mismo lo dijo, a veces en serio y otras con ese sarcasmo que rebasa convencionalismos y escandaliza a las buenas conciencias. Por ejemplo, su relación Gabriel García Márquez lo testifica.
Como director ha atravesado diferentes etapas del cine mexicano: la producción independiente, el auge del apoyo estatal, la crisis...
-Yo no he pasado más que crisis. La historia del cine mexicano es “yo y sus crisis”.
-¿Cómo sobrevive un director entre tantas crisis y con éxito?
-El éxito es relativo. Más bien habría que preguntarme ¿cómo sobrevive un director con tanto fracaso durante tantos años? Eso me parece notable. Y he sobrevivido mediante el engaño y la seducción, mediante la vieja frase del “copelas o cuello”.
-¿Tiene secretos de buen seductor?
-No se puede de otro modo. Hay que convencer a un montón de gente de que lo que se está haciendo vale la pena aunque no sea cierto; o más bien, nunca es cierto. Han sido cuarenta años de convencer, de engañar a la gente con mi mejor sonrisa.
-¿Por qué lleva dos años de silencio cinematográfico?
-Es tiempo de sentarse a pensar. De vez en cuando hay que recogerse a ver ahora por donde salgo. Me dedico a ver películas aunque ahora ya no voy tanto al cine porque me decepciona. Pero ya vendrá un proyecto porque uno no termina de retirarse nunca.
-¿Qué tipo de cine ve?
-Pues el que hay en las salas. Leo notas en los periódicos o algún amigo me recomienda alguna y casi siempre lo encuentro desencantador.
-¿Y le gusta ver sus películas?
-No. Es muy torturante porque lo único que veo son errores, estupidez e incompetencia.
-Con tanto tiempo libre ¿no releyó Cien Años de Soledad ahora que cumplió 25 años?
-No. Con mis recuerdos es más que suficiente.
-Su primera película fue un guión de García Márquez...
-La escribió él junto con Carlos Fuentes ¡y conmigo! pero eso se les olvidó. Después García Márquez se dedicó a otorgar los derechos para hacer Tiempo de Morir en Colombia no sólo en película, sino en telenovela. Un día le dije “oye dame lo que me corresponde”, pero a él se le olvidó que yo participé... son los olvidos de los grandes.
-¿Es una relación fracturada?
-Hace años que no somos amigos. Ahora nos separa su gloria y mi envidia. Si nos encontramos nos saludamos pero hasta ahí.
-¿Y usted se permite el pecado de la envidia?
-¡Claro! Es uno de los motores fundamentales de mi vida.
-¿No teme al castigo divino?
-Sí pero no por eso. La envidia es estimulante; es divertido desear la muerte del otro, sin que hagas nada al respecto, claro. Simplemente decir “lo voy a joder tratando de hacer las cosas mejor que él”. Y en realidad se tiene envidia de muy poca gente.
-Usted ha dicho que ser director en México es ser un émulo de Dios ¿diría que en su caso es un Dios piadoso o vengativo?
-Ah no; yo soy brutal, implacable y feroz. En la vida real soy judío así que me quedo con el dios de la ira.
-¿Cuál de sus universos se ha acercado a la perfección?
-No me toca a mí decirlo. Yo no encuentro más que imperfecciones, incompetencia y torpeza. Eso le toca a los demás, a mí me toca ser la víctima de mí mismo. Después de ver las películas uno se da cuenta de que siempre los mejores son los otros y que el éxito, siempre le pasa a los demás.
En documental
El director presentará hoy en la Cineteca Nacional Los Héroes y el Tiempo, documental que recoge las reflexiones de cuatro ex presos políticos a quienes conoció hace 30 años en otro documental: Lecumberri: Palacio Negro.
“Son cuatro viejos que a diferencia de hace 30 años, ahora pueden hacer un análisis preciso de lo que fue el movimiento de izquierda en México y Latinoamérica”, dice el director.
Ambos documentales se proyectarán en funciones de las 18:00 y 20:00 horas en la Cineteca Nacional, ubicada al sur de la ciudad de México.