Un séptimo orificio será perforado y una cámara robótica será internada en la mina de Crandall Canyon, Utah, en un esfuerzo para llegar a los seis mineros, tres de ellos mexicanos, atrapados desde hace tres semanas.
La noticia fue anunciada ayer por funcionarios federales estadounidenses de seguridad minera a las familias de los trabajadores que quedaron atrapados, el pasado 6 de agosto en la mina ubicada en el estado de Utah.
Los funcionarios informaron a los familiares, durante una reunión celebrada ayer al mediodía, que el séptimo hoyo se taladró en el área llamada cocina, donde los desaparecidos solían mantener sus alimentos.
El abogado de las familias, Colin King, precisó que además una cámara robótica como la usada tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 será internada a través del cuarto orificio que se taladró en la mina.
“Las familias están emocionadas”, agregó King, “estamos muy, muy felices”.
Los parientes esperaban que se les informara el fin de los esfuerzos luego que el sábado el sexto orificio taladrado desde la superficie reveló que el túnel donde se encontraban los mineros estaba lleno de escombros.
Más que encontrar condiciones capaces de mantener vivos a los trabajadores, las autoridades han mantenido la esperanza de encontrar alguna señal de los mineros, a fin de confirmar sus muertes.
Otros orificios taladrados, hacia sitios donde se pensó que los trabajadores pudieron haber escapado y sobrevivido, han revelado imágenes de cavernas con suficiente espacio y oxígeno.
Sin embargo, hasta ahora no se han logrado señales de los mineros de origen mexicano Luis Alonso Hernández, Juan Carlos Payán y Manuel Sánchez y los estadounidenses Don Erickson, Brandon Phillips y Ferry Allred.