(Trigésima cuarta parte)
No puedo definir mi camino, desde ver el tuyo y no debo definirme a mí por el camino que estoy recorriendo. Voy a tener que darme cuenta, que soy yo el que debe definir primero, ¿Quién soy?
Eres tú, quien definirá primero, “quién eres”, eres tú quien definirá primero, cuál es tu camino. Entonces podrás preguntarte “quién te acompaña”. Será hora de preguntarse “qué haces” para no perder el rumbo. Será hora de que empieces a preguntarte hacia dónde te diriges, será hora de que decidas qué harás para que otros encuentren su propio camino.
Dice el poeta León Felipe “¿Quién soy?, he ahí una buena pregunta para hacérsela al hombre por la tarde”. ¿Quién soy? Y no solemos hacernos esa pregunta y vivimos preguntándole a otros quiénes somos, si estamos bien vestidos, si nos queda aquel color, si se nos ve bien aquel peinado, si estuvo bien aquello que dijimos, si fue apropiado aquello que callamos, estamos demasiado acostumbrados a cederle nuestros ojos a los demás, para que los demás nos vean y nos digan cuál es nuestro propio criterio, como si todavía fuéramos niños. Quizás sea porque de alguna manera lo somos.
Jhon Brad Show trabajó muchísimos años tratando de enseñarnos que existe en nosotros aquel niño que alguna vez fuimos, nos enseñó de la mano de una argentina Inés Barredo en un libro que se llama Crecer Jugando, nos enseñó que cuando cumplimos diez años, no dejamos de tener nueve y ocho, y siete y seis. Que cuando cumplimos quince, seguimos teniendo también catorce y ocho y seis. Que cuando cumplimos cuarenta, seguimos teniendo quince y ocho y seis.
Cómo no conservar actitudes de aquello que fuimos, si en realidad esos niños siguen viviendo dentro de nosotros.
Seguimos siendo los adolescentes que fuimos, los niños que fuimos, los bebés que fuimos. Anidan en nosotros los niños que alguna vez fuimos, pero estos niños pueden hacernos dependientes. Este niño aparece y se adueña de mi personalidad, porque estoy asustado, porque algo me pasa, porque tengo una preocupación, porque tengo miedo, porque me perdí de mi vida.
Y cuando esto sucede la única solución es que un adulto, un verdadero adulto se haga cargo de ese niño, se haga cargo de ti. Por eso no creo en la independencia, porque no podemos negar ese niño que hay en nosotros, porque no creo en verdad que ese niño se pueda hacer cargo de sí mismo, pero creo que es hora de descubrir qué hay en cada uno de nosotros un adulto y ese adulto es el que debe hacerse cargo del niño que hay en nosotros. Y eso es autodependencia, “ser conscientes de lo que estoy haciendo, diciendo, oyendo o sintiendo”.
Autodepender es no mentirme nunca más, es enfrentar la verdad con coraje, es declararme capaz de aceptar la realidad tal como es. Dice Antonio Porquia en su libro Voces: Han dejado de engañarte, no de quererte y sufres como si hubiesen dejado de quererte.
Me encantaría que la gente que yo quiero me quiera, pero si esa gente no me quiere, entonces me encantaría que me lo diga, y que después de decírmelo se vaya si así lo desea, pero que no me mienta, no quiero estar al lado de alguien que no quiera estar conmigo, es muy doloroso, pero siempre es mejor que si te quedaras engañándome.
Autodepender es elegir tu compañía, pero no forzarte a que permanezcas conmigo. Autodepender es dejar la puerta abierta para tener la certeza de que estás aquí a mi lado, porque quieres, pero sobretodo es tener la certeza de que estoy aquí a tu lado porque yo quiero.
Esto implica ser auténticamente quien soy, actuar como actúo, sentir lo que siento, correr los riesgos que quiera correr, hacerme responsable de todo eso. Nada de dejar que los riesgos los corran otros para hacer lo que yo quiero. Nada de correr riesgos que otros quieren que corra, nada de delegar la responsabilidad sobre lo que hago. Esto determina que sea una persona. Esto es lo que irremediablemente me compromete a defender mi propia libertad y también la tuya y la de todos.
Para poder ayudarte, pedirte, ofrecerte, para poder darte lo que tengo para darte y poder recibir lo que tú tengas para darme, primero voy a tener que conquistar este lugar, el lugar de la autodependencia.
El lugar de ser una persona en el mundo. ¿Saben? No se nace persona, se nace ser humano y después de nacer cada uno de nosotros conquista un espacio único, irrepetible, se ha vuelto un individuo, pero ser un individuo no es todavía ser una persona, porque ser una persona implica ser capaz de concederse por lo menos cinco libertades, que Virginia Satir llama las libertades de la autoestima y que podríamos llamar libertades imprescindibles en proceso de convertirse en persona:
1.- Me concedo a mí mismo el permiso de estar y de ser quien soy, en lugar de creer que debo espera que otro determine dónde debería de estar o cómo debería ser.
2.- Me concedo a mí mismo el permiso de sentir lo que siento en vez de sentir lo que otros sentirían en mi lugar.
3.- Me concedo a mí mismo el permiso de pensar lo que pienso y también el derecho de decirlo si quiero o de callármelo si es que así me conviene.
4.- Me concedo a mí mismo el permiso de correr los riesgos que yo decida correr con la única condición de aceptar pagar yo mismo los precios de esos riesgos.
5.- Me concedo a mí mismo el permiso de buscar lo que yo creo que necesito del mundo, en lugar de esperar que alguien más me conceda el permiso para obtenerlo.
Y así conquisto esta libertad, la libertad de ser auténtico, condición imprescindible para ser autodependiente, condición necesaria para que ese adulto se haga cargo de mí y dejar de exigirme ser el que los demás quieren que sea, ser el que quiere mi jefe, el que quiere mi esposa, ser el que prefieren mis amigos, el que quieren mis hijos. Ser persona es darme a mí mismo la libertad de ser, éste que soy.
¿Para qué queremos algunos ser dependientes? A veces porque cuando nos sentimos débiles, pensamos que estar bajo el ala de alguien más calificado, eso nos va a proteger. Otras veces para poder echarles la culpa a los demás. Otras veces de verdad creemos que tenemos que pedir permiso, ni nos auto engañan ni nos falta coraje, ni estamos enfermos, lo único que pasa es que no hemos llegado a ser personas. Es un tema de evolución, a veces no llegamos a ser personas porque nos da miedo, otras porque no hemos sido enseñados, algunas veces porque alguien nos ha oprimido mucho y otras finalmente porque no sabemos, simplemente no sabemos nada de esto.
Despertares, es el libro que tiene como propósito, vivir una vida auténtica, ése es el fin último que un servidor desea, que usted encuentre y ojalá se cumpla ese propósito, si usted quiere.
Agradecemos los comentarios recibidos y los casos compartidos con nosotros en México y desde otras partes del mundo (vía Internet). Espero vernos pronto y platicar personalmente. Los esperamos en nuestra dirección electrónica que ponemos a sus órdenes con Germán de la Cruz Carrizales:
(pmger@hotmail.com)
(pmgerxxi@yahoo.com.mx)
Nuestro agradecimiento a quienes hacen posible estas publicaciones y sobre todo a usted amable lector quien con su interés en la integración de grupos hace que este proyecto contribuya a fortalecer nuestras familias y sus valores. La siguiente semana daremos inicio al tema de Origen, Causa y Efecto II de la serie y próximo libro Despertar... Es. Gracias por su atención.
“QUIEN NO VIVE PARA SERVIR, NO SIRVE PARA VIVIR”.