Somos “Lorenzo & Mony”
Hay ocasiones en que por mucho que nos esforcemos y queramos hacer las cosas lo mejor posible, todo nos sale mal. Aun así volvemos a poner nuestro mejor empeño y las cosas continúan mal, al grado de que de plano quisiéramos aventar la “toalla” como en el box.
Y es que recordaba el otro día cuando llevó a la consulta un ejemplar poodle la Sra. Ivón Contreras, a quien tenía muchos años de no verla, tanto a ella como a su mamá la Sra. Cecilia Martínez quienes son amantes de los perros, pero sobre todo de los gatos y muy frecuentemente tenía contacto con ellas, cuando se enfermaba alguno de sus animalitos.
Recuerdo cada ocasión que visité su casa, ahora esos recuerdos y remembranzas son entre risas, pero por aquellos entonces hace como diez o 12 años era de apuro y mucha vergüenza.
La primera ocasión que acudí a un llamado fue para vacunar a unas gatitas que tenía la Sra. Cecilia, algunas las vacunamos en la sala, y otras (porque tenía como cinco) en la cochera, cuando tocó el turno de vacunar a las que estaban en la cochera, vacuné a una y luego preparé la segunda dosis de vacuna para la otra gatita, pero como corrió a esconderse detrás de una mecedora de madera y unas macetas que habían en la cochera, y corrí para detenerla antes de que se escondiera, y me senté al mismo tiempo en la mecedora de golpe y zaz la rompí casi por completo, me levanté rápido y sin perder según yo figura, me sacudí dignamente vacuné a la gatita y acto seguido les expliqué que la quebradura de la mecedora había sido un accidente me encaminé a la puerta y me despedí muy apenado.
Aproximadamente dos meses después volví a casa de la Sra. Cecilia por unas gatas que quería esterilizar, lógicamente pasé a la sala y al reconocerme las gatas corrieron a esconderse, yo me acomedí y sujeté a una por la cola, en el momento justo que trepaba ésta por la cortina, desgarrándola por completo y soltándose el sujetador del cortinero, de nuevo de manera muy seria les dije, es que las gatas son muy ariscas me disculpé y otra vez me despedí apenado.
En otra ocasión volvimos a hacerle algún servicio, no me acuerdo exactamente qué, pero lo que sí me acuerdo es que los gatos nos reconocieron y salieron en desbandada, esta vez metiéndose a la recámara de la señora y tirándole todo, absolutamente todo, lo que tenía sobre el tocador, cremas, perfumes y adornos, fueron a dar al suelo rompiéndose algunos de ellos, y todo lo demás quedó regado por el piso.
La próxima visita a la casa de la Sra. Cecilia no fue más afortunada que las anteriores, aunque debo aceptar el hecho que los daños fueron menores pues al perseguir a la perra de raza poodle llamada Niza, pasó cerca de una maceta desestabilizándola y cayendo al suelo rompiéndose por completo.
A esas alturas de la relación veterinario-dueño de mascota yo en el caso de la Sra. hubiera preferido cambiar de veterinario, pues habría que sumar el gasto de los honorarios que yo le cobraba más la serie de daños que le causé “sin intención”.
Bueno pues de nuevo nos llamó la Sra. Cecilia para revisar y curar una herida de poca consideración. Ivón la hija de la Sra. Cecilia por esos entonces era candidata a reina del centro bancario, y asistía a eventos de representación por tales motivos, así pues el día que les platico de la curación de la herida, de su perrita poodle Niza, era un sábado cerca del mediodía, y yo sabedor de la suerte que había tenido al visitar la casa en ocasiones anteriores, me quedé solo con la Niza en la cochera, revisando y limpiando la herida, le inyecté un antibiótico, y no sé por qué motivo, traía en mi maletín un frasco de azul de metileno, un cicatrizante de uso muy popular, y que a mí en lo personal no me gusta usar, ni recomendar para su uso, pues pienso que es de muy poca utilidad, además de la mancha que deja, de manera muy aparatosa en la piel y por mucho tiempo. Cuando termina uno la curación, usando el famoso “azul” le quedan manchadas a uno las manos y si por accidente cae en la ropa, la mancha es prácticamente imposible de quitar.
Estaba yo solo con la Niza entretenido con la curación de su herida, cuando junto con una amiga sale Ivón de su casa, para asistir al evento de coronación de reina del centro bancario, como les había mencionado anteriormente. Me dice apuradamente y casi sin detenerse, qué tiene la Niza doctor. Yo levanté la vista y me fijé que estaba elegantemente ataviada para la ocasión, con un muy bonito vestido blanco, que se notaba hecho a la medida, una herida sin importancia le contesté yo les voy a dejar este cicatrizante, para que ustedes se lo apliquen, y cómo se le hace me preguntó, nadamás le aprietas al frasco que es de hule, y lo aplicas sobre la herida acto seguido me dispuse a mostrarle cómo y apreté el frasco de hule, y no salió nada, intente de nuevo, y no volvió a salir nada, una vez más apliqué con mucha más fuerza, pero esta vez no apuntando hacia la herida de Niza, sino hacia otro lado “neutral” en el momento que por fin salió una cantidad de azul bastante considerable, Ivón se acercó y todo su blanco vestido fue manchado por el multisitado azul. Me quedé mudo, por unos segundos mi mente, se quedó en blanco, no atinaba a pensar, mucho menos a articular palabra. Al instante Ivón me dice ay doctor ya me manchó mi vestido, riéndose y con una actitud positiva me preguntó se quita fácil verdad, a lo que mintiendo contesté, claro que se quita si se lava de inmediato con agua. Creo yo, o al menos eso me convenía pensar, que fue una mentira piadosa. No volví a saber nada de la Sra. Cecilia y su hija Ivón por más de diez años. Hasta hace unas semanas, que volvió con un perro nuevo y me platicó, de manera muy jovial que ya tenía dos hijos y que este perrito también poodle era de ellos.
Por supuesto que atoro pasado y después de muchos años, la cosa se ve diferente ya que el tiempo, acomoda todo en su justo lugar, y después de platicar sobre todo lo anterior, nos reímos de buena gana, quedando yo de escribir sólo algunas de las anécdotas de todos los destrozos causados en su casa por mí. Eso sí “sin intención”.
Y ahora unas palabras para reflexionar.
En esta vida nadie pierde para siempre.
ADOPTÁNOS
Somos “Lorenzo & Mony”
Lorenzo: Macho, cruza maltés (izquierda), aprox. Un año tres meses, esterilizado, vacunado, soy noble, juguetón, cariñoso y buen compañero. Busco una familia que me quiera y me cuide en su hogar, no quiero volver a los peligros de la calle.
Mony: Hembra, cruza de bull terrier (derecha), aprox. dos años, esterilizada, tamaño mediano, soy cariñosa, noble, muy tranquila y leal. Busco una familia que me quiera y me proteja en su hogar, no quiero volver a pasar hambre abandonada en la calle.
Anímate no lo pienses más, adopta un amigo leal e incondicional, sólo envíanos un correo a:
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O comunícate al 044-87-11-79-45-44.
No olvides llevar al día el esquema de vacunación de tu mascota. Identifícala con una placa que contenga información básica en caso de extravío, no permitas que se convierta en una estadística más de muerte en la calle. Si por alguna razón tienes una mascota no deseada no la abandones cerca de donde haya gente amante de los animales, no la condenes a muerte si ésta no logra encontrar un lugar seguro donde no la agredan y donde pueda encontrar agua y alimento. Demos el ejemplo a nuestros hijos, tomemos decisiones responsables.