No es necesario tener conocimientos artísticos ni ser un experto en la cultura maya para, con sólo mirarla, ensanchar el alma, cortar el aliento, vivir una primorosa experiencia. Es un cúmulo de piedras que parecen decirnos lo que sucedió, dramas que ensombrecen, éxtasis que engarrota el discernimiento, transportación mística a lo sobrenatural. Una civilización que por las noches se asoma al firmamento haciendo observaciones a simple vista, que conoce la duración exacta del ciclo solar anual. Una época grandiosa de gran esplendor, que embelesa los sentidos. Nos habla de una lengua y una escritura ideográfica que entendemos porque tiene la virtud de ser universal. Un personaje misterioso que desciende del cielo les muestra la grandeza de su raza y les habla de una extinción venidera. Me pregunto: ¿un ser que viajó a través del tiempo o un visitante de otros mundos venido en nave interestelar? Ante tanta belleza es válido elucubrar. No es extraño que en Palenque haya quedado su imagen grabada en la lápida de una tumba.
Los templos indígenas los muestran en el frontispicio, en bajo relieve, no yendo hacia arriba sino hacia abajo. Aún se escuchan los rumores de reñidas contiendas, gritos de dolor, rugidos de los caballeros jaguar, maldiciones de los vencidos, el lamento de los que son empujados al sacrificio, el chasquido que rasga la epidermis. Las vírgenes vestales nacidas para morir. El cenote sagrado esperando a sus víctimas en aras de quienes deseaban congraciarse con los dioses. Médicos mayas practicando trepanaciones. Los sacerdotes enfundados en largas túnicas, con máscaras de jade y solideos llenos de simbolismos. Los cortesanos asistiendo con el ceño fruncido. El rey, con cara de preocupación, sentado en su trono escuchando el vaticinio de los agoreros que hablaban de hijos del Sol que vendrían del oriente en casas flotantes. Los prodigios hacían enmudecer a los pobladores, la tierra temblaba y en la bóveda celeste se veía una luz que dejaba chispas en su cauda.
Volviendo a nuestros días, en unas pocas horas un audaz empresario, sin ningún rigor científico, por tanto, carente de la seriedad con la que debe tratarse estos temas, culminará la propuesta que lanzó al mundo por la vía cibernética. Dirá si, la pirámide estará incluida o no dentro de las siete maravillas modernas. Las maravillas de la antigüedad fueron destruidas por vándalos o por desastres naturales. –No hay motivo de asombro, mismo destino que las fotos del Centenario en las rejas del Bosque en Torreón.- Se conserva tan sólo la gran pirámide de Giza, en Egipto. En tanto, los Jardines Colgantes de Babilonia, en la actual Irak, el Templo de Artemisa en Éfeso, Turquía, la Estatua de Zeus en Olimpia, Grecia, el sepulcro de Mausoleo en Halicarnaso, Turquía, el Coloso de Rodas, en Grecia y el Faro de Alejandría, en Egipto, han desaparecido para la desgracia de la humanidad. En estos casos se tiene una breve descripción literaria, dibujos y descripciones en monedas o son obra de las tradiciones que se han mantenido de boca en boca a través de los siglos. La lista clásica de esos monumentos del ingenio humano surge de un breve poema atribuido a Antípatro de Sidón (siglo II a. de J.) que elogia las siete maravillas del mundo, construcciones del mundo clásico que se estimaban síntesis de la belleza.
El llamado padre de la Historia, el griego Herodoto, las listó, de lo que hay sólo referencias dado que sus escritos desaparecieron. Hemos de pensar que fue el autor de la idea original. Aunque, cabe señalar, historiadores griegos y romanos, de diferentes épocas, designaron a lo que luego se denominarían los siete portentos universales de la antigüedad.
El fallo que se menciona ahora provendrá de un comité de expertos, haciéndose público en Lisboa a las 7 el 7 de 7 del 7 o sea a las siete de la noche, del día siete, del mes siete, del séptimo año de esta centuria. Nótese que el número siete es cabalístico, esto es, su sentido es enigmático. Siete son las veces, según los hebreos, que había que perdonar. La cábala es un conjunto de doctrinas teosóficas que, a través de un método esotérico de interpretación, pretendía revelar a los iniciados doctrinas ocultas acerca del mundo.
En fin, los votantes escogerán entre la Alhambra en Granada, España, la Acrópolis de Atenas, Grecia, el Ankor, un templo sagrado, en Camboya, Chichén Itzá en Yucatán, México, Cristo Redentor, en Río de Janeiro, Brasil, el Coliseo Romano, en Roma, Estatuas de la isla de Pascua, en Chile, la Torre Eiffel, en París, Francia, la Gran Muralla China, Iglesia de Santa Sofía, en Estambul, Turquía, los Kiyomizu Tapinagi, templos, en Kyoto, Japón, el Kremlin, en Moscú, Rusia, la ciudad de Macchu Picchu, en Perú, el Castillo de Neuschwanstein, en Alemania, la ciudad de Petra, en Jordania, las Pirámides de Gizeh, repetiría pues ya es Maravilla Antigua, en Egipto, la Estatua de la Libertad, Nueva York, el Stonehenge, en Reino Unido, el edificio de la Ópera House, en Sydney, Australia, el Taj Majal, en la India y por último, la Universidad de Timbuktú en Mali, África.
Son 21 finalistas de las cuales, si no sucede otra cosa, 7 serán proclamadas como obras perfectas del hombre.