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Líbranos Señor, si es que puedes...| Hora cero

Roberto Orozco Melo

Quizás a México le sirvan de algo los resultados de la consulta pública realizada en Venezuela por el presidente Hugo Chávez; al menos para orientar aquí al mal llamado “presidente legítimo” Andrés Manuel López, quien también puede poner sus barbas a remojar, ya que los mexicanos estamos cansados de escuchar las chácharas de los izquierdismos latinoamericanos.

Chávez recibió el domingo 2 de diciembre -¿quién iba a pensarlo?- un apretado ¡NO! de la sociedad venezolana al proyecto de eliminar los límites constitucionales para su permanente reelección presidencial. Este NO le obligará a dejar la Presidencia del país caribeño cuando cumpla el periodo definido desde su anterior elección.

A pesar del estrecho margen de votos expresados por los múltiples NO, el presidente Chávez hizo un esfuerzo para mostrar un rostro amable ante el país y el mundo al aceptar la negativa con aparente actitud democrática y asumir, en consecuencia, el dictátum popular opuesto al proyecto de erigir en Venezuela una dictadura socialista constitucional. ¿Qué golosinas ofrecería Chávez a sus amigos venezolanos para conseguir un resultado favorable a sus propósitos? Algunas, pero ni así le dieron el SI.

En la consulta pública Chávez planteó a los venezolanos su proyecto de reducirles la jornada diurna de trabajo desde 8 horas diarias a solamente 6 para totalizar 34 horas por semana. Pero provocó con otro caramelito a la juventud: disminuir la edad mínima para votar de los 18 a los 16 años.

No es necesario abundar en la intención del presidente Chávez por llevar anticipadamente a los jóvenes hacia las urnas, pues está a la vista. Y para prever posteriores correcciones pidió incrementar del 15 al 20 por ciento en el apoyo ciudadano requerido para realizar otra consulta ulterior. Para un fin similar demandó que en los casos de revocatoria de los cargos de elección popular fuera un 30 por ciento de firmas ciudadanas las que lo solicitaran.

Otras propuestas preocuparon a la sociedad de Venezuela; sus proyectadas medidas de orden económico qué -jamás fueron un secreto- iban a afectar la marcha de los negocios privados y la estabilidad financiera de aquel país. Para el régimen de propiedad jurídica postulaba Chávez la existencia de cuatro tipos: la social, la colectiva, la mixta y la privada. Además buscaba la eliminación del Banco Central de Venezuela (lo que aquí es el Banco de México) para que la Presidencia de la República -¡oh manes de Luis Echeverría! - manejara libremente la política monetaria y las reservas internacionales.

Luego -agárrese lector- propuso facultades especiales para crear pertinentes condiciones al desarrollo de una economía socialista empezando por la desaparición de cualquier promoción de la iniciativa privada. Otra propuesta incluía en el sistema de seguridad social de Venezuela a trabajadores por cuenta propia, amas de casa y conductores del transporte público de personas y de carga. Y de haber sido aprobadas esas enmiendas también se hubiera eliminado el marco jurídico de la propiedad intelectual sobre obras científicas, literarias y artísticas.

No paraba en esto la ambición ejecutiva del dictador: igual aspiraba a recibir facultades extraordinarias para designar al primer Vicepresidente y a los vicepresidentes que considerara necesarios (menuda bronca iba a crear) y como anhelaba que se le otorgaran atribuciones especiales pedía asimismo la de ordenar y gestionar la transmisión del territorio, crear y suprimir provincias, extensiones territoriales, ciudades, municipios y distritos. Y claro, quién posea la facultad de suprimir requiere tener también de crear y así Chávez solicitó tener la capacidad jurídica suficiente para crear por decreto del Ejecutivo ciudades comunales, provincias federales, distritos funcionales y además la de designación de los funcionarios que hubiera necesidad.

Obviamente Chávez horrorizó a la ciudadanía: la consulta conducía a la instalación de un temible totalitarismo político, económico y social, apenas visto en la legislación constitucional de las naciones soviéticas.

Para lograrlo iba a ser necesario reformar 69 de los 350 artículos de la Constitución de Venezuela. Y como postre ominoso caprichosamente solicitaría autorización para cambiar la denominación, y suponemos que los objetivos del actual Ejército nacional a una “Fuerza Armada Bolivariana”. ¿El comunismo cubano en toda América Latina?

Por fortuna para Venezuela y para el mismo Chávez los ciudadanos escogieron de la siguiente manera: en el primer bloque de reformas el 50.7 por ciento de los votantes dijo NO, mientras que el 49.3 por ciento dijo SI. En el bloque 2 hubo un volumen de votos del 51.0 por ciento que indicó NO en tanto que el 48.9 de los sufragantes optaba por el SI.

Un venezolano me comentó hace algunos días “¿Cómo puede ser posible que Hugo Chávez amenace a los Estados Unidos con la cancelación del suministro de petróleo contratado si insiste en descalificar a su Gobierno y apoyar al izquierdismo español y al Rey Juan Carlos de Borbón?

¿Y aún más es incomprensible que lo plantee como un virtual ‘casus belli’ que no sólo comprometería la paz en territorio de Venezuela sino en toda la región caribeña?

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