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Manuel Espino: liderazgo marcado por desencuentros

EL UNIVERSAL

Distanciamiento con el gobierno federal, fracasos electorales, conflictos internos en la militancia panista y contrasentidos diplomáticos a nivel internacional fueron algunos de los hechos que marcaron la gestión de Manuel Espino Barrientos al frente de la dirigencia nacional del PAN y que motivaron que finalmente este panista no buscara la reelección de su cargo por tres años más.

El día que ganó la elección para dirigente nacional, Espino Barrientos dijo en su discurso de toma de protesta que buscaría no dividir a los militantes. Casi tres años después, los números arrojarían lo contrario y el mismo Germán Martínez, ahora próximo dirigente nacional del PAN, lo demostró con cifras: de noviembre de 2006 a septiembre de este año los panistas promovieron 884 juicios de protección de derechos políticos ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF). Los perredistas sólo 206 y los priístas 96.

“¡Somos el partido con más conflictos en el Tribunal Electoral, y eso se tiene que acabar!”, exclamó Martínez Cázares al registrarse como candidato a la dirigencia nacional.

Después de la competencia interna en la que resultó triunfador Espino Barrientos, éste dejó a su paso a varios candidatos derrotados, pero el que más pesó —por ser cercano incluso a Felipe Calderón, ahora presidente de México— fue Carlos Medina Plascencia.

Además de los conflictos internos entre diversos “tonos azules” del PAN —como nombra a los diversos grupos panistas el mismo Germán Martínez—, Espino Barrientos denotó que su candidato a la presidencia de la República no era Calderón, sino Santiago Creel, según panistas consultados. Esto generó que algunos se sintieran ofendidos por obligar a Calderón a continuar con las rondas que algunos consideraron “innecesarias”, pues ya era ganador de la contienda interna. El 2 de octubre de 2005 ganó Calderón la interna panista en segunda ronda.

Después de que Felipe Calderón logró ser ratificado por parte del TEPJF en su triunfo como presidente de México, al interior del PAN se inició una “burbuja” que parecía convertirse no en un partido en el poder, sino de un verdadero partido de oposición.

De acuerdo con analistas consultados, como Juan Luis Hernández, académico de la Universidad Iberoamericana, el PAN no logra comportarse como partido en el gobierno y los recientes hechos, después de las elecciones, aclaran ese dicho.

Ricardo Raphael, analista político, señaló que su impresión en este año es que el PAN estuvo al mando de algunos “radicales”, pero éstos fueron derrotados luego de la Asamblea Nacional panista. “Los radicales están derrotados. Creo que Calderón pertenece a la corriente demócrata cristiana del PAN, yo lo veo más de centro, más liberal que conservador, y mi impresión es que en el Consejo pasado Calderón acabó de tomar fuerza, Espino claro está que perdió capacidad de negociación allá adentro y Calderón tiene a su partido mayoritariamente detrás de él. Los extremos están cayendo, este país se está moviendo al centro”, dijo.

Inician los desencuentros

El 17 de diciembre de 2006, Espino Barrientos aseguraría que “a título personalísimo” no estaba de acuerdo con el impuesto de 5% aprobado en comisiones de la Cámara de Diputados para los refrescos y aguas carbonatadas. “En principio, a título personalísimo quiero decir que ojalá y ese impuesto fuese menor o no hubiese necesidad de establecerlo”.

Ese comentario le valió las primeras planas de los diarios, pues la propuesta venía de la Presidencia de la República y analistas políticos lo tomaron como el primer gran desencuentro entre partido y gobierno.

Pero el 30 de enero de 2007, el presidente Felipe Calderón desaprobó las declaraciones de Manuel Espino, quien criticó la actuación del jefe del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, contra el terrorismo.

Calderón dijo, sin citar al panista: “Sin entrar en particularidades lamento el señalamiento en ese sentido; respeto las opiniones de todos, pero clara y contundentemente reconozco y respaldo la lucha y responsabilidad del gobierno español en este tema”.

Y es que un día antes fue publicada una entrevista de Espino Barrientos en el diario español La Razón, donde señaló que con los terroristas no se negocia, como lo hizo José Luis Rodríguez Zapatero. En esos días ya se hablaba de un enfrentamiento extremo entre gobierno y partido. En la ciudad de México, la dirigencia del PAN rechazó la existencia de un supuesto enfrentamiento entre la agrupación política y el gobierno federal.

Y es que no era para menos. En esos días, Espino invitó a cuatro ex secretarios de Estado a formar parte del CEN panista, lo que fue considerado como un “gabinete de sombra”. También fue invitado el ex presidente Vicente Fox a la inauguración de la sede de la Organización Demócrata Cristiana de América (ODCA), lo que se tomó como un protagonismo innecesario.

La intervención del gobierno federal

El 28 de marzo, el CEN señalaba que militantes se quejaban de presuntas intervenciones de funcionarios del gobierno federal en el proceso para renovar el Consejo Nacional.

Según el secretario de Fortalecimiento Interno del PAN, Enrique Navarro Flores, había denuncias en varios comités municipales de que recibieron llamadas de la Secretaría de Gobernación para verificar el curso que lleva el proceso y los aspirantes que han sido aprobados.

Gobernación negó la acusación del CEN y dijo que las declaraciones “lesionaban” a las instituciones de la República. Pero sería el 2 de junio cuando se detonarían las inconformidades en la Asamblea Nacional, donde, de pronto, una parte de la gran nave azul, sede de casi 10 mil delegados panistas, tronó contra su líder nacional, Manuel Espino.

En tierra del ex presidente Vicente Fox, las tarjetas color rojo con un “NO”, destinadas a emitir un voto negativo, fueron mostradas a Espino durante su discurso. Además, no faltaron los abucheos. Un momento de bochorno para el panismo, denunciarían después personajes como Javier Corral, Diego Fernández, Santiago Creel, Elena Álvarez; pero, para otros, una señal inequívoca de que desde temprano la asamblea tomó partido.

Y aún faltaba Venezuela

El 24 de julio Espino Barrientos le envió una carta al presidente de Venezuela, Hugo Chávez, en la que le hizo un llamado para que respete la libertad de expresión y el libre flujo de pensamiento, “toda vez que es sobre la base de la tolerancia y respeto a este derecho universal que se construyen las verdaderas sociedades democráticas”.

La misiva la envió como líder nacional del PAN a nombre de los integrantes de la ODCA, de la cual Espino Barrientos es el presidente nacional. Ese hecho fue tomado a mal por el Consejo que integran, entre otros, el senador Ocejo, pues no debía propiciar conflictos internacionales cuando Calderón buscaba tender puentes entre Venezuela y Cuba.

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Escrito en: dirigencia PAN

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