El viajero llega a Toledo y siente que ha llegado al corazón de España. Aquí toda belleza es honda y todo sentimiento es alto. El río abajo, la catedral arriba, y suspendida entre el cielo y la tierra la hermosísima ciudad con su antiguo prestigio y su nobleza.
Isabel la Católica amaba a Toledo con especial amor. Cuando alguien hacía el encomio de otra ciudad ella la comparaba con Toledo, y decía: "Si tan grande, no tan fuerte. Si tan fuerte, no tan grande".
Grande y fuerte es Toledo, tan grande y fuerte como España. De esa estirpe venimos nosotros. Quizá por eso el viajero siente ahí con mayor sentimiento el hálito de eternidad que late en su idioma y en su fe. En Toledo el corazón se bruñe como un acero bien templado, y el alma se afila y sube como una lengua de fuego pintada por El Greco.
¡Hasta mañana!...