Doña Martha vende ropa usada en el tianguis que una vez por semana se instala en la Plaza Principal.
El Siglo de Durango
NOMBRE DE DIOS, DGO.- La experiencia y conocimiento de las personas de la tercera edad se desperdicia por las escasas oportunidades de trabajo que tienen, nadie quiere ocupar a los “viejos”, por eso, los que tienen necesidad deben agotar las opciones para obtener ingresos.
Una de las opciones que se ha convertido en una solución es la venta de artículos usados en tianguis y vendimias.
El tianguis que cada jueves se coloca en la Plaza Principal y calles aledañas se ha convertido en una fuente de ingresos extra para familias y adultos mayores de Nombre de Dios y localidades vecinas.
Más de 200 puestos provisionales se colocan cada semana en dicho lugar, donde la gente vende ropa usada, comestibles, herramienta y fayuca, que son preferidos por la gente que busca precios accesibles para que le alcance el gasto semanal.
Martha Vargas Hernández, de 67 años de edad, generalmente cada semana acude a vender ropa usada a la Plaza Principal de Nombre de Dios, como una ayuda para poder sostenerse, pues no tiene esposo ni hijos que la apoyen.
Mientras ofrecía su mercancía, platicó como la carencia ha sido parte de su vida; sin embargo, también lo ha sido el trabajo, situación que la ha hecho salir adelante aunque sea a “paso lento”, en vez de lamentar su solitaria condición.
“Veo a los muchachos que andan de vagos o perezosos en la calles y dicen que es porque no hay trabajo, pero yo creo que si uno tiene la disposición puede conseguir aunque sea un poco de dinero de manera honrada”, mencionó.
Desde hace tiempo que Martha pone su tendido de ropa en el tianguis de Nombre de Dios; comenta que, como cada uno de los comerciantes que ahí se colocan, cumple con su respectiva cuota, aunque a veces es poco lo que obtiene de la venta del día.
“Hoy, por ejemplo, ni siquiera he hecho la cruz”, expresó para luego decir que de todos modos lo importante es no perder la fe y seguir luchando, además de asegurar que sin optimismo no hay fortaleza.
Las bolsas que carga con la ropa son pesadas, toma varios camiones para llegar de su pueblo hasta la plaza y, sin embargo, es una de las personas que cada jueves intenta sacar alguna ganancia en la vendimia.
Martha, a sus 67 años de edad, se considera una mujer fuerte y recuerda que en sus años de juventud trabajó mucho tiempo como cocinera; incluso, estuvo por alguna temporada desempeñándose como enfermera en el antiguo Hospital Civil.
Ahora, debido a su edad, difícilmente tendría un empleo relacionado con sus ocupaciones anteriores, a pesar de que ella considera que aún tiene suficiente fuerza y destreza, pero ante la negativa prefiere no quedarse de brazos cruzados y vende algunas prendas de “segunda mano”.
Menciona que son muchos los programas de apoyo que escucha que existen en la actualidad y sin embargo aparentemente las autoridades se han olvidado del grupo poblacional del que ella forma parte, por lo que pidió que se brinden más oportunidades para ser útiles a la sociedad y a ellos mismos.