Faltan cuatro días para Navidad; de nuevo se reavivan expresiones de afecto y amor entre los seres humanos, magia que sólo se presenta una vez al año y que sorprendentemente no se ha extinguido a pesar del paso de los siglos.
Del latín nativitas, nacimiento, la palabra es una de las más importantes del lenguaje universal, dándonos oportunidad de purificar nuestra mente, lavando o perdonando afrentas recibidas por familiares o amigos, dejándonos paz interior que se apaga con el paso de los meses para, de nuevo, maravillosamente, reaparecer en el 24 de diciembre. Para los cristianos así ha sido y sin duda continuará siéndolo.
Más allá de las discusiones de la fecha exacta del nacimiento de Jesús, el simbolismo y magia –milagro diríamos los creyentes– representa la motivación universal para repensar el concepto “amor”. La Iglesia Católica festeja el 25 de diciembre; la Ortodoxa, Protestante y Rumana el 7 de enero y otros la transportan hasta abril o mayo, lejos de los fríos inviernos y tal vez no estén tan errados, ya que los pastores veían la estrella a cielo abierto desde sus campamentos nocturnos; los anglosajones le llaman Christmas, derivada de “mass”, misa y los alemanes “Weihnachten”, noche de bendición.
Irineo, Tertuliano y Orígenes, verdaderos estudiosos entre los primeros cristianos, negaban que existiera una justificación bíblica para festejarla y el último de ellos llegó a declarar: “No vemos en las Escrituras que nadie haya guardado una fiesta ni celebrado un gran banquete el día de su natalicio. Sólo los pecadores (como el Faraón y Herodes) celebraban con gran regocijo el día en que nacieron en este mundo”.
Al parecer, la confusión crece con el cambio de calendarios, cuando se impuso el gregoriano, borrando de paso algunas celebraciones paganas, entre ellas: las fiestas de los dioses del Sol, como Apolo y Helios (en Grecia y Roma), Mitra (en Persia).
Curiosamente, muchos pueblos y culturas a través del tiempo eligen esas fechas para celebrar a sus dioses: caso del dios solar Helios o Sol Invicto; en Persia, hace cuatro mil años, reconociendo a Yalda con el solsticio invernal, o el Natalicio del dios solar Mitra, el dios de la Luz, antigua divinidad meda-persa.
Los romanos celebraban el 25 de diciembre la fiesta del “Nacimiento del Sol invicto”, nacimiento de Apolo. Otro festival romano: la Saturnalia, que duraba siete días e incluía el solsticio de invierno, cuando posponían negocios y guerras, intercambiando regalos y liberando esclavos.
En el norte de Europa, los germanos, festejan a Frey el 26 de diciembre, dios nórdico del Sol naciente, la lluvia y la fertilidad, adornando árboles perennes, que representaba al Yggdrasil o árbol del universo, antecedente del pino con focos y esferas.
En Alejandría, en el año 200 d.C., Clemente refiere que algunos teólogos egipcios tomaban al –20 de mayo– en el vigésimo octavo año de Augusto como fecha del natalicio. Desde 221, en la obra Chronographiai, Sexto Julio Africano popularizó el 25 de diciembre como la fecha del nacimiento de Jesús.
Para la época del Concilio de Nicea en 325, la Iglesia Alejandrina ya habían fijado los días de natividad e epifanía y Julio I, en el 350 ordenó que el nacimiento de Cristo fuera celebrado el 25 de diciembre, decretado luego por el papa Liberio en 354.
Para el 379, Gregorio Nianceno ofrece un banquete en Constantinopla; es el más remoto antecedente de la cena navideña, tomando Antioquia la fiesta en el 380, promovida por Juan Crisóstomo, popularizándose luego en Jerusalén y más tarde en Egipto, en el siglo V.
Julio I pidió en el 350 que el nacimiento de Cristo fuera celebrado en esa misma fecha, tratando de borrar la tradición romana de las fiestas de Saturno.
Expertos calcularon la fecha del nacimiento de Jesús tomando a la Biblia como base: el evangelista Lucas (1:5-8) afirma que en el momento de la concepción de Juan el Bautista, el padre de éste, Zacarías, sacerdote del grupo de Abías, oficiaba en el Templo de Jerusalén y, según el mismo escritor (1:24-36) Jesús nació alrededor de seis meses después del primo. El libro 1 Crónicas (24:7-19) dice que había 24 grupos de sacerdotes que servían por turnos en el templo y al grupo de Abías le correspondía el octavo turno, así que contándolos desde el comienzo del año al grupo de Abías le tocó servir durante el mes de junio (8 al 14 del tercer mes del calendario lunar hebreo). Siguiendo esta hipótesis, si los embarazos de Isabel y María fueron normales (9 meses), Juan nació en marzo y Jesús en septiembre.
Lo cierto: la navidad es el tiempo de reflexión, reconciliación y entrega de afecto que nos permite unas horas de paz; recuerde que hasta las guerras entre pueblos se suspenden. Por mi parte, le deseo feliz Navidad 2007.
ydarwich@ual.mx