Durango

Ni las máquinas espantan a “habitantes” de la Baca Ortiz

El Siglo de Durango

Los trabajos que se llevan a cabo en la Plazuela Baca Ortiz no son un impedimento para que grupos de personas se sigan dando cita en ese lugar como parte de la costumbre de disfrutar del lugar y convivir en él, a pesar de que ahora lo hagan en medio de montones de tierra y con el movimiento de maquinaria y empleados de la construcción.

La mayoría de los grupos son hombres que asisten a la plazuela con regularidad como parte de sus actividades cotidianas para disfrutar del lugar, esparcirse y distraerse con el paso de las personas que a diario circulan por ahí.

Algunas bancas son ocupadas por ancianos que dan lectura a periódicos matutinos o simplemente permanecen observando a su alrededor.

A las familias y grupos de indígenas no es extraños verlos caminar por esa zona, ya que llegan cargando cajas con víveres que llevarán a su lugar de origen, pero aún siguen disfrutando de la sombra de los árboles que se ubican en dicho lugar.

La Plazuela Baca Ortiz ha sido un sitio de reunión por años y, al parecer, el desorden que aún existe en ese lugar no logra ahuyentar a sus visitantes asiduos; los trabajadores que se abocan a la colocación del piso, electricistas, ingenieros y demás empleados no intimidan la presencia diaria de sus visitantes.

Las tolvaneras que se registran a diario en ese sitio no representan una razón para dejar de asistir a este sitio; al contrario, se ha vuelto algo cotidiano con el que conviven e incluso parecen disfrutar quienes asisten a esa zona diariamente.

Algunos de los curiosos que merodean por el lugar incluso buscan dar respuesta a las incógnitas que se han planteado en las reuniones que se dan cita puntualmente diariamente, como la relacionada con las excavaciones y si es que éstas no han hecho hallazgos macabros, debido a que el lugar -según saben- fue sede de muertes violentas y escandalosas en la época de la Santa Inquisición.

En medio del ruido urbano producido por el paso de camiones de ruta, vehículos particulares, vendedores y transeúntes que circulan por los alrededores de ese lugar, las personas que continúan asistiendo a la plazuela constatan que una de las costumbres más arraigadas que persisten en nuestra capital es la visita al lugar y que son los más preocupados por recuperar la belleza de este sitio de esparcimiento.

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