ASOCIACIÓN DE PSIQUIATRÍA Y SALUD MENTAL DE LA LAGUNA, A. C.
(PSILAC).
CAPÍTULO INTERESTATAL COAHUILA-DURANGO DE LA
ASOCIACIÓN PSIQUIÁTRICA MEXICANA
TRIGÉSIMA SÉPTIMA PARTE
Hay quienes cantan o proclaman de acuerdo a su filosofía y sus principios, que el dinero no lo es todo, ni representa definitivamente la felicidad para el ser humano. Otros muchos sin embargo, quizás una aplastante mayoría, especialmente dentro del marco materialista y consumista que vivimos en nuestra época, defienden la tesis contraria, aduciendo que el dinero en sus muy diversas acepciones si lo es todo, y que gracias a la posesión de éste se puede comprar toda la felicidad que se necesita en la vida. Así en esta forma, los billetes, el oro, los metales, las jugosas cuentas en el banco, los múltiples negocios productivos, los inmuebles, las joyas, los bonos, las acciones, etc., etc., etc., se convierten pues en el ?objeto transicional? de estos individuos, en lo que podríamos considerar como ?el otro? o ?la otra? significativos con quienes se pueden vincular de una manera tan intensa y con un apego tan desmedido, que ese acto en sí les otorga toda la seguridad y la protección que necesitan en su existencia. Por lo mismo, la amenaza de separación o la separación misma ante la terminación de un vínculo de tal magnitud, puede crear naturalmente un desequilibrio y una crisis importante para ellos, al perder la seguridad y la sensación de plenitud que el dinero les ha conferido hasta entonces.
Mientras el dinero adquiere para muchos, ese estilo de vinculación tan básico y sagrado al que me refiero, para otros tantos, la comida, el alcohol y el tabaco en sus muy diferentes variedades, sabores, olores y colores, o la sexualidad y los juegos de azar en sus muy diversos simbolismos, significados y variaciones ya sea en la forma más concreta o en la de mayor abstracción, vienen a representar también otra forma especial en el desarrollo de los estilos de vinculación. Se trata naturalmente del apego que estos sujetos han desarrollado en la relación que mantienen con aquellas imágenes primarias e importantes del pasado, materna, paterna o ambas, es decir que se trata de la relación con ese ?otro? u ?otra? tan representativos de una etapa, convertidos a la larga por la magia del tiempo y la creatividad inconsciente de la fantasía y la imaginación también en ?objetos transicionales? fundamentales y adecuados para las muy específicas y personales necesidades de estos otros sujetos. Por lo mismo, tanto en la comida, como en el alcohol, en el tabaco, en el juego o en la sexualidad pueden encontrar no sólo el placer en sí mismo, sino también y muy primordialmente la seguridad y la protección que confieren este tipo de vínculos a través de ?objetos? como los mencionados. Al igual que sucede con el dinero, la amenaza de separación, el rompimiento o la terminación misma con este tipo de vínculos, llega también a producir un desequilibrio en la relación desarrollada hasta entonces, frente a la pérdida de lo que ha representado esa seguridad y protección para ellos.
Esta variedad de elementos tan importantes como son los que se revisan el día de hoy, que van desde el dinero, la comida, el alcohol, el tabaco, el juego y la sexualidad, siguen representando en nuestros días, y quizás con más énfasis todavía de lo que de todas formas han representado a lo largo de la historia de la humanidad, el tipo de escudos o defensas que como seres humanos hemos construido en la búsqueda de la plenitud, la seguridad, la satisfacción, la compañía y la protección que requerimos. Se trata de elementos cotidianos y naturales, que forman parte de nuestro diario vivir, pero que en el caso de estos individuos específicos llegan a elevarse a lo largo de la vida a su máxima potencia, a un nivel mucho más alto y vital para la existencia de cada uno de ellos, especialmente ante la experiencia temprana y amenazante de descubrirse solos, frágiles y vulnerables de frente a las separaciones en lo que han sido de por sí, relaciones inseguras, inconstantes, irregulares, impredecibles, confusas e incluso poco afectivas con las personas básicas de su infancia, ya sea la madre, el padre o quienes hayan tomado los roles sustitutos. Definitivamente, el estilo de vínculo que se ha desarrollado no ha sido todo lo ideal o nutritivo que se requería para las necesidades específicas de este niño o niña del pasado, de manera que en los años subsecuentes y a través del encuentro y conexión con diferentes tipos de ?objetos transicionales?, este sujeto puede llegar a satisfacer sus necesidades de seguridad y de protección frente a los diversos tipos de separaciones que experimente y que lo confronten una y otra vez con su propia soledad. Y sin embargo, en algún momento puede llegar a perder tales defensas tan básicas en la forma de cualquiera de estos elementos, sea dinero, comida, tabaco, alcohol, juego o relaciones sexuales, para encontrarse sólo una vez más y experimentar nuevamente, pero quizás en forma más crítica tales separaciones que sufrió en su pasado (Continuará).