el universal
NUEVO LAREDO, Tamaulipas.- A casi 16 kilómetros de esta frontera el narcotráfico levanta su propio monumento.
Sobre un punto de la autopista que viene de Monterrey hacia Nuevo Laredo, centro de una de las más cruentas disputas entre los Cárteles del Golfo y Sinaloa por el control de este punto estratégico para el paso de drogas hacia Estados Unidos, se erigen 21 altares dedicados a la Santa Muerte.
Lo mismo que en Sinaloa donde los traficantes de droga rinden culto a Jesús Malverde, aquí la devoción por la Santa Muerte es un hecho entre la gran parte de los miembros del crimen organizado, principalmente los narcotraficantes.
El altar colectivo colocado a la entrada de esta ciudad da la bienvenida a uno de los escenarios de ejecuciones, “levantones”, balaceras y hechos violentos asociados al narcotráfico, que lo han colocado como uno de las cinco puntos fronterizos más violentos del país.
Otros dos altares similares se erigen en otros dos puntos de Nuevo Laredo, formando prácticamente un triángulo. La edificación de estos altares colectivos, donde han ocurrido al menos cinco ejecuciones, inició hace más de tres meses, pero nadie sabe quién -o nadie quiere decirlo- los financió.
El silencio impuesto, como sucede con reporteros y editores, para no publicar capturas, aseguramientos o muertes de narcotraficantes, se prolonga hasta para identificar a los promotores de los altares dedicados a la Santa Muerte en esa ciudad.
De noche y de día, arden veladoras en los santuarios con forma de capilla donde hay efigies, fotografías o cuadros de la Santa Muerte.
Nunca faltan flores, mensajes, cigarros, botellas de licor, viandas con fruta o rezos escritos adorando a la muerte en esos sitios, los cuales fueron instalados en la carretera nacional, sobre el bulevar Luis Donaldo Colosio y junto al Tecnológico de esta frontera, considerada la de mayor importancia comercial por el paso de entre cinco mil y ocho mil vehículos pesados hacia uno y otro lado.
A la medianoche, los sitios donde se ubican estas tres zonas de altares colectivos a la Santa Muerte se convierten en tierra de nadie. Sólo el viento sopla y quien parece el cuidador desaparece entre las sombras de la noche. Casi nadie se atreve a parar ahí, ya que siempre está “la gente” vigilando.
Incluso, algunas de las capillas que están por concluirse, son celosamente vigiladas.
Eso se puede observar a la distancia, pues camionetas se encuentran estacionadas en las cercanías de los adoratorios mientras que un grupo de albañiles trabaja en su edificación.
Incluso, algunos consideran hasta “una imprudencia” el que alguien se aventure por la noche a cualquiera de esos sitios.
Formadas en 21 capillas grandes, chicas y medianas, los adoratorios situados sobre la carretera nacional parecieran ser cuidados por dos gigantescas figuras de la Santa Muerte, una de aspecto joven y otra de aspecto mayor. Sus capas levantadas por el aire por momentos parecen encabezar una procesión.
La gente no quiere hablar del tema y hasta hoy nadie se atribuye la edificación de los altares.