EDITORIAL Columnas Editorial Caricatura editorial

Sobreaviso| Replanteamientos partidistas

René Delgado

La velocidad y la oportunidad en la actividad política serán determinantes en el curso que siga el país este año.

La posibilidad de hacer de la frágil circunstancia política una oportunidad para recimentar las instituciones y reformar al régimen dependerá en muy buena medida de los partidos políticos. Sin ellos, esa tarea es imposible y, curiosamente, a pesar de la dificultad y la adversidad de este año, hay la oportunidad de replantear un asunto fundamental: la forma de hacer política.

Si no hay una modificación seria en la forma de hacer política por parte de los partidos, por mucho que se emprendan reformas legales, la subcultura política seguirá prevaleciendo y los desencuentros estarán a la orden del día.

***

En la agenda política, la actividad partidista más importante será la asamblea nacional del PRI que, aun en su estado actual, tiene un peso importante en la escena política.

El cuatro de marzo, el Revolucionario Institucional deberá contar con su nueva dirigencia y si, esta vez, el priismo no resuelve la forma de gobernarse a sí mismo y de relacionarse con el Gobierno y las otras fuerzas políticas así como de replantearse su inserción ante la ciudadanía, muy poco importará quién ocupe la presidencia de ese partido.

Desde hace años, el priismo se debe una reforma de fondo. Desde hace tiempo, ese partido no encamina su acción sobre un claro sendero de propósitos y, en esa medida, su oferta de Gobierno resulta pobre. Sus posturas se fincan en negociaciones cortoplacistas y, en esa medida, juega al acrecentamiento de posiciones sin verdaderas posturas políticas. Camina sin dirección alguna, sujetando el rumbo a la corriente hegemónica que controle su Consejo.

Reconoce que, a partir de la pérdida de la Presidencia de la República, no ha conseguido darse una forma de Gobierno aceptable para el conjunto de su militancia pero, curiosamente, siempre le apuesta al hombre o la mujer que queda al frente, delegando de antemano el destino de su propia estructura.

Esta vez, la militancia tricolor pero sobre todo los cuadros dirigentes del partido (reales y formales) deberían mirar no sólo a la posibilidad de ver hacia quién alinean su peso, sino también hacia dónde lo hacen. Hacia qué acuerdos internos. Así, le podrían dar perspectiva al partido como tal en la idea de recuperar el Gobierno.

La confrontación registrada entre Acción Nacional y el Partido de la Revolución Democrática coloca al priismo ante una oportunidad colosal, semejante a la que tuvieron y aprovecharon en 2003. Oportunidad que, luego, en 2006, perdieron. Al PRI el olor a poder lo unifica, pero su aroma lo marea. Esto es, cuando el priismo ve la oportunidad de recuperar el poder se unifica, pero en cuanto se acerca a esa posibilidad se divide.

Si el PRI desaprovecha la ocasión de replantearse en la escena política nacional bajo claros acuerdos de conducta interna y repite el ejercicio de dejar al libre juego de las corrientes internas la dirigencia de su organización, el partido tricolor dejará escapar una gran oportunidad.

En su propio descuido, el priismo le negaría al país la ocasión de replantearse los términos de hacer política.

***

Acción Nacional no tiene en el horizonte del año la renovación de su comité directivo. Manuel Espino permanecerá, por lo pronto, hasta principios de 2008. No tiene en su horizonte eso, pero sí la reconfiguración de su Consejo.

El replanteamiento de ese órgano será fundamental en tres cuestiones: uno, los términos de la relación entre el partido y el Gobierno; dos, la recuperación y la renovación de una doctrina partidista que, en el poder, exige un replanteamiento serio y tres, la elección o reelección de su próximo dirigente.

Por la rispidez prevaleciente entre la dirigencia del partido y la cabeza del Gobierno, la renovación del Consejo será clave en la relación del partido y el Gobierno pero, sobre todo, en el respaldo que Felipe Calderón pueda obtener de su propio partido.

El discurso de Manuel Espino en la Plaza México cuando Felipe Calderón celebró su reconocimiento legal como presidente electo, el reclamo airado de Manuel Espino al presidente electo por intervenir en su contra en la búsqueda de la dirigencia de los democristianos del subcontinente y las presiones ejercidas en la integración del Gabinete, dejan advertir que, si la corriente calderonista no consigue ganar el Consejo, la relación entre el Gobierno y el partido será un permanente dolor de cabeza.

En cualquier circunstancia, una relación problemática entre ambas instancias vendría en menoscabo de las posibilidades de concretar políticas y proyectos en beneficio del país, pero siendo tan frágil la circunstancia del nuevo Gobierno ese desencuentro podría resultar terrible.

Más allá de la dirigencia del PAN y el Gobierno, la militancia albiazul tiene que involucrarse en la recuperación de su partido y el respaldo de su Gobierno. Si, como se entiende, Felipe Calderón fue el candidato del partido, pero no de la dirigencia del partido, será menester que la militancia active su forma de hacer política.

***

En la agenda del Partido de la Revolución Democrática no aparece alguna actividad interna de importancia fijada por el calendario pero, más allá de éste, esa fuerza está urgida para replantearse su estructura y su inserción en la sociedad.

Prácticamente desde su origen, esa fuerza ha estado marcada por dos características que debilitan recurrentemente sus posibilidades: una, la idea de concebirse no como una estructura con claros propósitos, sino como una plataforma de lanzamiento del líder, formal o informal, en turno; dos, la idea de concebirse como una arena donde las distintas corrientes pelean por su prevalencia, haciendo de la política un juego de fuerzas sin dirección preestablecida ni rumbo claro.

En su historia de ya casi 18 años, esa fuerza ha tenido sólo dos candidatos presidenciales y, curiosamente, ninguno de ellos ha hecho un balance serio de su desempeño. En esa historia, el número de dirigentes ha sido considerable sin que, a la fecha, ninguno de ellos haya logrado darle la implantación y la estructura necesaria para, realmente, infundirle viabilidad a su aspiración de poder. Frecuentemente, se ha echado a un lado al partido a la hora de concebir la campaña y recurrentemente el partido ha quedado como rehén del candidato en turno.

No está en la agenda de ese partido replantearse la forma de hacer política, pero la circunstancia se lo exige. Y se lo exige porque, aun en su circunstancia, ese partido tiene, por su peso, presencia y fuerza en las instancias de poder, la oportunidad de tener una participación y expresión mucho más seria si, en verdad, reelabora su proyecto.

***

Por una y por otra razón, las tres principales fuerzas políticas tienen tantos problemas como oportunidades para replantearse la forma de hacer política. Pueden hacerlo o no. Pero hay un detalle: la desesperación social tocó a la puerta el año pasado, en la desesperación ciudadana se deja ver un hartazgo frente al empantanamiento político.

Puede o no replantearse la forma de hacer política, pero no puede dejar de verse que a veces cuando la clase política no reacciona ante el reclamo ciudadano termina por ser rebasada, dejando por herencia desastres que ningún país merece.

?-

Correo electrónico: sobreaviso@latinmail.com

Leer más de EDITORIAL

Escrito en:

Comentar esta noticia -

Noticias relacionadas

Siglo Plus

+ Más leídas de EDITORIAL

LECTURAS ANTERIORES

Fotografías más vistas

Videos más vistos semana

Clasificados

ID: 254180

elsiglo.mx