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Un desgano inefable.../Hora Cero

Roberto Orozco Melo

Parece tomar visos de formalidad la convocatoria de la actual dirección del Partido Revolucionario Institucional en torno a la elección interna de su nuevo liderazgo nacional. Golpeado por la segunda gran derrota al hilo por la Presidencia de la República y diputados y senadores del Congreso de la Unión, los artríticos militantes del PRI tenemos que defender lo poco bueno que queda del instituto político de la Revolución Mexicana que tanto nos enorgullecía. Desde la dilatada y áspera superficie de la batalla electoral de 2006, apenas quedan arrestos para declamar con el poeta latino: ?Estos Fabio, oh dolor, que veis ahora/ campos de soledad, mustio collado, fueron un tiempo...? lo que fueron.

En la tercera posición dentro de la Cámara de Diputados, en cuanto al número de curules conquistadas, el PRI se conforma ?algo es algo, dijo el diablo? con capitalizar los votos obtenidos y poder para convertirse en aliado circunstancial de Acción Nacional, o del Partido de la Revolución Democrática. Así el PRI vive a la espeta, inyectando vigor a las curules y los escaños del PAN y del PRD para que llenen la tripa de los malos años y engorden de importancia ante los electores.

En esa incómoda posición el PRI intenta reorganizar sus fuerzas, reunir su armamento, aceitarlo, renovar sus manuales de logística, revisar sus estrategias y ponerse en condición de recuperar el poder perdido el dos de julio de 2006. A la mitad del año 2007 podrá calcular qué tan oxidada está su metodología, cuál es su posición política y cuanto más deberá mejorar lo mejorable de su estatus para lucir bien en las elecciones legislativas de 2009 y después recuperar la Presidencia de la República en 2012.

Las expectativas parecen demasiado ambiciosas en la actual circunstancia. La lucha por el éxito no madura ni embarnece con sólo desearlo. Es necesario acuciar la esperanza de todo corazón, planear una estrategia y ejecutar los pasos para conseguir la meta; pero sobre todo soñar con ella día y noche: si no se sueña no se realiza.

Se me ocurre un parangón más descabellado que yo mismo: leo en ?El Siglo de Torreón? que los aficionados del equipo de futbol soccer ?Santos? agotaron el boletaje del torneo de clausura en que peleará su derecho a obtener el campeonato de la primera categoría. ¿Y a qué se debió este fenómeno de taquilla? A que los propietarios de la oncena Santos, que el año pasado tuvo la peor de todas sus peores temporadas, se sacaron el dinero de la bolsa para hacer millonarias contrataciones de jugadores que pueden lograr el triunfo. Se espera que la dinámica de esos tres nuevos ?santos? ?futbolistas de excelencia por todos conocidos? logren contagiar entusiasmo al resto del equipo para hacer realidad lo que, en la temporada anterior, sólo fue un sueño imposible.

El PRI debería hacer lo mismo: conseguir al líder político que pueda ser capaz de hacer real el sueño de cabalgar otra vez en los jardines de Los Pinos, esperanza que ante muchos de sus miembros y de sus críticos mediáticos parece una utopía tan quimérica como los desvaríos caballerescos del enajenado Alonso Quijano. ¿Pues no se decía, allá por los años setenta que la providencia del sistema priista encontraba siempre a los hombres precisos que sacaran al país de sus crisis existenciales?

¿Dónde podrían los priistas localizar a esa joya de líder? Ciertamente no donde ahora la buscan: no son la veterana y el veterano del neoliberalismo social de Salinas de Gortari; ni son los caballos, alfiles y peones que Roberto Madrazo suelta al aire contrariado como pájaros de San Onofre y tampoco está entre los seguidores de la maestra Elba Esther Gordillo, que viaja cómoda en la corriente de Salinas y en todas las demás afluencias de ese río que es la política; ella misma es, de hecho, una abundosa riada de votos a disposición de quien ofrezca mayores garantías de continuismo.

Los gobernadores y ex gobernadores del PRI han rehuido competir por el máximo liderazgo del PRI y luchar de paso por instalar un auténtico sistema federal, aunque sea en la estructura partidista. En la inercia del desaparecido autoritarismo presidencial todos parecen esperar instrucciones del comité ejecutivo nacional. Viejos lobos de mar que merodean los litorales de esa isla de salvación que ha sido el comité nacional del PRI esperando que un movimiento de pleamares los empuje a la playa. En tierra firme, no hay nada firme. Salvo un inerte, inefable desgano....

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