Tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos
Esta frase célebre de Porfirio Díaz parecía revolotear durante la reciente visita de George W. Bush a Mérida, visita que viene precedida de una encuesta de la BBC en donde poco más del 50 por ciento de los encuestados opinó que la influencia de Estados Unidos en todo el mundo ha sido negativa.
Las manifestaciones ambientalistas y “Anti-Bush” han obligado a Felipe Calderón a actuar con prudencia política, mas no con la visión un estadista.
Para México -más que para la gran mayoría de los países vecinos- la influencia de los Estados Unidos es y ha sido poco más que determinante en la vida de los mexicanos.
En casi cualquier tema de orden económico y social la relación con Estados Unidos es asfixiante y preocupantemente dependiente.
Pero es en la historia reciente que ha quedado claro que ser vecino del país más rico del mundo puede ser complicado y perjudicial, si no se manejan las relaciones adecuadamente –que particularmente ha sido el caso de México-.
Para dimensionar el grado de dependencia con Estados Unidos, hay algunos datos que pueden refrescar la memoria:
La balanza comercial de México depende en 90 por ciento de los Estados Unidos y existe un desequilibrio del orden de los 80 mil millones de dólares, por lo que de no registrarse un mejoramiento sustancial de este desequilibrio, el déficit global de la balanza mexicana podría alcanzar en poco tiempo niveles imposibles de financiar.
La ciudad con mayor población de mexicanos después del DF es la ciudad de los Ángeles California, esto representa un fenómeno social único en el mundo, con una serie de implicaciones sociales y económicas de grandes consecuencias para México.
Por otra parte la migración de mexicanos hacia los Estados Unidos en la ultima década ha alcanzado niveles nunca antes vistos.
Según el reporte del Banco Interamericano de Desarrollo, México es el líder mundial en remesas del exterior, recibiendo el año pasado poco más de 25 mil millones de dólares.
Ahora mismo se debate en el Congreso norteamericano la creación de un impuesto a las remesas, que afectaría sustancialmente la economía de México, ya que representa la segunda fuente de flujo de dólares más importante, después de la venta del petróleo.
México es tercer proveedor del mundo más importante de petróleo hacia los Estados Unidos, por lo que cualquier movimiento en la demanda ya sea por combustible alternativo, baja de precios o nueva oferta de otros países productores, pondría a temblar la capacidad de pagos del Gobierno mexicano, cuya fuente principal de ingresos fiscales son los impuestos que le cobra a Pemex.
El 95 por ciento de la inversión extranjera en México o es de empresas americanas, o bien son empresas de otras partes del mundo que buscan el mercado norteamericano.
Esta dependencia ha transformado la economía mexicana haciéndola vulnerable y sensible a cualquier cambio en las condiciones de su comercio con Estados Unidos.
La mitad de la población mexicana – más de 50 millones de mexicanos- vive con cuatro dólares al día –dato que no requiere mucha argumentación-.
Con estas premisas muy pronto podríamos ver a México encaminarse a ser otro Pakistán y en el mejor de los casos a otro Portugal en donde buena parte de la población de clase media vive y trabaja en otras partes de Europa.
El fenómeno de la globalización ha cambiado el paradigma.
A los norteamericanos no parece interesarles mucho qué es lo que suceda en México, a no ser por la seguridad de sus fronteras, el combate a los terroristas y cárteles de la droga.
Mientras que el Gobierno mexicano casi suplica de rodillas que más mexicanos se puedan ir a Estados Unidos legalmente a buscar empleo, evidentemente incapacitado de crear mejores condiciones económicas y oportunidades en suelo mexicano.
luis.flores@rbc.com