En este caminar por la vida nos vamos encontrando con personas que, sin ser familiares, forman con el tiempo parte de nuestra existencia. Personas que habiendo acudido a ellas en un principio en demanda de un servicio, en el transcurso de los años con el trato se convierten en parte de nuestro historial; en seres de nuestro afecto.
Llegamos a Torreón en 1955 –después de una estancia de siete años en la ciudad de Monterrey- para cumplir con la encomienda de apoyar en sus gestiones administrativas en la Distribuidora Laguna, S. A. a don Isauro Martínez, hijo primogénito del prominente empresario del mismo nombre, fundador de un exitoso negocio de espectáculos. En esa tarea debimos establecer contacto con don Guadalupe Villalobos, gerente de la Compañía Operadora de Teatros, poderosa cadena que en sociedad con don Isauro, operaba los cines de esta ciudad. Ellos nos brindaron su amistad y su apoyo y fueron los primeros contactos que tuvimos con el ambiente laboral y social de esta ciudad.
Poco a poco nos fuimos familiarizando con las personas que nos ofrecían los diversos servicios personales que requeríamos, así llegamos a la peluquería Adel, ubicada en la avenida Morelos, a media cuadra de la Plaza de Armas. Fue entonces que conocimos a un grupo de buenos peluqueros, entre ellos a Eduardo –Lalo- Hernández Fraga quien desde entonces y hasta fecha muy reciente nos hizo el clásico corte de pelo, y cuando decidió, junto con otros dos peluqueros, independizarse y separarse de Adel, todos sus clientes decidimos seguirlo en su aventura.
Lalo contó entre sus clientes a personajes destacados del mundo político, empresarial, industrial y social de Torreón y las bases que aseguraron la fidelidad de su clientela fueron sus habilidades profesionales y su discreción, pues su trato fue siempre respetuoso y comedido. Ahí, en su peluquería, en muchas ocasiones nos encontramos con don Braulio Fernández Aguirre, al Lic. Homero del Bosque Villarreal y con el Lic. Francisco Madero González, que cuando nos encontramos generalmente nos saluda con “hola, tocayo, no nos vemos pero siempre te leo”. Esto porque la mayor parte de los días de la semana está en Saltillo en su encargo de atender a las personas de la tercera edad.
También fue frecuente que nos encontráramos con don Emilio Herrera y muchos sembradores de amistad, empezando por Jorge Pérez Valdez y Mario Díaz Flores, ya fallecidos, y los que aún están vivitos y coleando, Meme González y Luis Amarante que fueron padrinos de la boda religiosa de Lalo, Salvador Álvarez, Toño Yarza, Pepe Abdo, Jesús de la Garza Villarreal y una larga lista de personalidades de la comarca.
Eduardo –Lalo- Hernández Fraga nació en 1924 en Sombrerete, Zacs., viniendo a radicar a la Comarca Lagunera a los 18 años. En 1967 casó con María Clotilde Marrufo Torres y de ese matrimonio nacieron cuatro hijos. Ejerció la profesión de peluquero por más de sesenta años, hasta que la semana antepasada, esperando a don Braulio para atenderlo, sentado en su sillón de peluquería, la muerte lo sorprendió. Descanse en paz el leal servidor y amigo.