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Catástrofe humanitaria

EL COMENTARIO DE HOY

Francisco Amparán

Quizá por que los ojos del mundo estaban puestos en las elecciones presidenciales norteamericanas, pero como que pasó desapercibida una enorme tragedia humanitaria ocurrida en los últimos días.

Aunque tal vez esto no debería sorprendernos: el mundo se muestra notablemente encallecido ante las grandes catástrofes, sobre todo las creadas por el hombre, que se llevan entre las patas a decenas o centenares de miles de personas… que suelen ser muy pobres; que suelen ser de piel oscura; que suelen habitar en los últimos rincones del antes llamado Tercer Mundo.

En los últimos diez días, cerca de un cuarto de millón de personas fue desplazado de sus hogares en la convulsa parte oriental de la República Democrática del Congo. En ese lugar del corazón de África se viene desarrollando, desde hace una década, una guerra sin pies ni cabeza en que han intervenido ejércitos de varios países (entre ellos, los del mismo Congo y de los vecinos Ruanda y Uganda) y grupos guerrilleros de una ferocidad y salvajismo inauditos.

Según datos de la ONU, en ese conflicto soterrado y alejado de los reflectores mundiales han muerto hasta la fecha cinco millones de seres humanos: la mayor mortandad por guerra desde el final de la Segunda Guerra Mundial. ¿Había usted oído o leído sobre el mismo, amigo lector? Si no, la verdad, no lo culpamos. El conflicto no ha recibido mayor atención, ni parece importarle a ninguna de las grandes potencias. La ONU, por su parte, ha enviado Cascos Azules que suelen terminar siendo agredidos por todos los bandos en conflicto, y que al menos en una ocasión fueron apedreados por la misma población que pretenden cuidar… precisamente por su inacción.

La nueva ronda de refugiados, que perdieron todo al huir de sus poblaciones, se debió al avance de uno de tantos grupos rebeldes, que hizo retroceder de manera escandalosa al Ejército congoleño. Éste, para efectos prácticos, se desintegró y procedió a saquear y violar a quienes se hallaban en la ruta de su retirada. Los supuestos defensores del orden suelen ser peores que los salvajes de los grupos que pretenden combatir. Unos campos de refugiados, llenos por conflictos previos, fueron destruidos. Los campamentos que se salvaron quedaron saturados en pocos días. Cualquier noción de orden y Gobierno han desaparecido de una zona riquísima en recursos naturales, que es lo que se disputan todos los señores de la guerra… mientras la población muere a una tasa de más de mil personas diarias, por las enfermedades, la exposición a los elementos y la violencia de los hombres armados de todos los bandos.

¿Por qué no se actúa de manera más decisiva? ¿Por qué no se hace algo para detener ese lento y silencioso genocidio? Son preguntas que resultan difíciles de contestar. Quizá la ONU ya se dio por vencida ante la magnitud del problema. O nadie quiere arriesgar nada por un país que, a decir verdad, parece no tener remedio. Pero mientras tanto, millones de seres humanos sufren las consecuencias de la abulia y apatía de la comunidad internacional.

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