EDITORIAL Columnas Editorial Caricatura editorial

Cínicos y ricos

EL COMENTARIO DE HOY

Francisco Amparán

La verdad, hay cosas que uno nada más no entiende. Como esas imágenes de eufóricos mineros, echándole porras a su principal líder sindical, el inefable Napito Gómez Urrutia, mientras se dirige a ellos vía teleconferencia. La imagen es un poco Orwelliana, la verdad: el Hermano Mayor desde una pantalla decide que hay que ir a la huelga porque no se han cumplido sus caprichos. Y sus lacayos, encantados de obedecer. No importa que le mentada teleconferencia cueste más o menos el sueldo anual de cualquier trabajador. Y no importa que Napito tenga que dirigirse a sus huestes por tan exótico medio porque es prófugo de la justicia. Tampoco importa que la transmisión se origine en Vancouver, Canadá, donde Napito ha residido desde hace más de un año. ¿Saben lo que cuesta vivir a todo lujo en Vancouver, una de las ciudades más caras de Norteamérica? Quizá el sueldo de un trabajador minero… el que devenga a lo largo de toda su vida. Pero los agremiados desbordan su entusiasmo en apoyo al último miembro de una familia de gángsteres que los han esquilmado desde hace décadas. Lo dicho, hay cosas que uno no entiende.

El pasado primero de mayo, algunas secciones del heroico sindicato petrolero desfilaron y se pegaron su buena insolada en defensa de la soberanía y la no-privatización del montón de chatarra que es Pemex. Pero su líder histórico, Carlos Romero Deschamps, el del Pemexgate, no sudó ni una gota, dado que no se encontraba con sus aguerridos compañeros. ¿Dónde andaba tan sacrificado paradigma del sindicalismo mafioso mexicano? Ah, pues en Las Vegas, gastando a puños un dinero que sospechamos no es suyo. Al regresar de ese viajecito, a Romero le fue detectado un reloj que, en el mercado, se cotiza en $450,000 pesos. ¿Cuánto tendría usted qué trabajar, amigo, para poder comprarse un reloj de ésos? ¿Y no dan la misma hora los de $200?

Poco después de que se revelara esa traviesa escapada a los desiertos de Nevada, al mismo Romero Deschamps le fueron detectados en Cancún un condominio de lujo, de más de un millón y cuarto de dólares, y un yate que también por ahí anda. Un tipo que en su vida ha hecho algo productivo se da la vida de un gran pashá. De nuevo, ¿de dónde sale el dinero?

Ah, que nadie pregunte, porque eso es meterse con los asuntos internos del sindicato, y la autonomía sindical es sagrada. Claro que la mentada autonomía no es otra cosa que un pretexto para manejar enormes fondos de dinero de manera discrecional, sin rendirle cuentas a nadie, y de repente subsidiando campañas políticas. Ah, y para comprarse yates.

El sindicalismo mafioso mexicano es una de las peores lacras heredadas de los 70 años de priato. Como que va siendo hora de erradicarlo. Pero mientras se le continúe dando su lugar a engendros como Napito y Romero, si se les sigue considerando como líderes y no como delincuentes que son, entonces poco o nada avanzaremos.

Leer más de EDITORIAL

Escrito en:

Comentar esta noticia -

Noticias relacionadas

Siglo Plus

+ Más leídas de EDITORIAL

LECTURAS ANTERIORES

Fotografías más vistas

Videos más vistos semana

Clasificados

ID: 353916

elsiglo.mx