Reconoce que sabía que hacía daño a Elisabeth, pero que el ‘ansia de hacer algo prohibido’ era demasiado fuerte.
Josef Fritzl, acusado de haber encerrado en su sótano y violado sistemáticamente a su hija durante 24 años, aseguró que el sexo con su víctima era como una “adicción”.
Estas declaraciones de Fritzl, de 73 años, forman parte de una entrevista con su abogado defensor, Rudolf Mayer, de la que algunos fragmentos han sido publicados ayer en el semanario austriaco “News”.
Fritzl reconoce que el impulso por mantener relaciones sexuales con su propia hija “se fue haciendo más fuerte”, aunque niega que las violaciones comenzaran cuando Elisabeth, que hoy tiene 42 años, tuviera 11 años de edad, tal y como la víctima declaró a la Policía.
En el reportaje de News, cuya autenticidad fue confirmada por el letrado, el detenido reconoce que sabía que hacía daño a su hija, pero que el “ansia de poder hacer algo prohibido” era demasiado fuerte.
Este técnico electricista jubilado dejó a su hija embarazada en seis ocasiones durante los 24 años que duró su cautiverio. Al respecto, Fritzl asegura que “se alegraba de la descendencia” y que para él era bonito “tener también en el sótano una auténtica familia”.
En ese terrorífico microcosmos, el presunto criminal ejerció una autoridad incontestable ante su hija y los tres hijos-nietos que con ella habitaban: “Me aceptaban completamente como cabeza de familia. Nunca se hubieran atrevido a atacarme”, relata Fritzl. De hecho, llegó a advertirles que la puerta del zulo estaba electrificada y que morirían electrocutados si la tocaban.
Fritzl, que ya en 1967 fue condenado a prisión por un delito de violación, encerró a su hija en 1984 e inventó la historia de que la joven se había fugado para incorporarse a una desconocida secta.
En un intento por justificar su crimen, Fritzl explicó a su abogado que cuando Elisabeth llegó a la adolescencia, dejó de respetar sus reglas y comenzó a “beber alcohol y a fumar”.
“Por eso tuve que procurar un lugar en el que, en algún momento, pudiera mantener a la fuerza a Elisabeth alejada del mundo exterior”, relató Fritzl.
Sobre su niñez, el acusado indica que se crió durante el nacionalsocialismo y que en esa época el adiestramiento y la disciplina significaban mucho.
Además, Fritzl confirmó que subió a su propio hogar a los tres hijos frutos del incesto que eran más débiles y que obligó a su hija a escribir las cartas que empleó para fingir que los niños habían sido abandonados por Elisabeth y así justificar su aparición.
El conocido como “carcelero de Amstetten”, por la localidad cercana a Viena donde se desarrolló la tragedia, forzó a Elisabeth a redactar otra carta el pasado enero en la que anunciaba un pronto regreso al hogar con tres hijos.
Fritzl, explica que se “había vuelto viejo” y que en el futuro no podría “cuidar” de su familia del sótano.
Su plan era que los cautivos relataran que habían vivido todo ese tiempo en un lugar secreto junto a los miembros de una secta.
La truculenta historia salió a la luz a finales de abril, cuando Fritzl se vio obligado a acudir a un hospital con Kerstin, la mayor de sus hijas-nietas, afectada por una grave enfermedad de origen genético y relacionado con el incesto.
‘Deséame suerte’
Cuando Josef Fritzl encerró a su hija Elisabeth en el sótano de su vivienda, la entonces joven de 18 años buscaba trabajo para poder abandonar la casa paterna, revelan tres cartas suyas de 1984, enviadas a un amigo y publicadas ayer por el diario “Österreich”.
“Después del examen (..) me voy a vivir con mi hermana y su amigo. (..) Ellos no pueden pagar solos el apartamento. Para mí es muy accesible. Tengo dos habitaciones para mí sola y sólo pago mil 200 (chelines, unos 87 euros)”, escribió Elisabeth el 9 de mayo de 1984.
Unas semanas más tarde, cuenta sobre sus planes de ir a buscar trabajo a la localidad austriaca de Traun, tras haber escogido de la prensa diversos anuncios.
“El lunes voy a Traun. Copié del diario todas los puestos libres de trabajo y ahora tengo que verlos uno a uno. Ojalá encuentre lo adecuado. ¡Deséame suerte!.”, se lee en la segunda carta, donde entre otros cosas cuenta a su amigo que “podría trabajar como asistente de dentista” o también como “ayudante de cocina” en un restaurante.
Las cartas revelan que Elisabeth era una chica “normal”, que le gustaba salir con sus amigos y hermanos.
“Yo tengo seis hermanos, cuatro chicas y dos varones. Mi hermano Harald, de 21 años, es a quien más quiero. Siempre estoy con él. Sólo que ahora está en el servicio militar hasta octubre”, dice la segunda carta.
Y también en la tercera misiva, escrita el 3 de agosto de 1984 -sólo tres semanas antes de que empezara su penoso cautiverio de 24 años impuesto por su padre- vuelve a expresar su cariño por su hermano Harald.
“De mi hermano, que tiene 21 años, estoy muy orgullosa. Conozco sus problemas y él, los míos. Nunca permitiría que le pasara nada. ¿Tú también te entiendes con tus hermanos? Espero que sí”, dice entonces Elisabeth en estos escritos que firmaba como “Sisi”, el apodo que también tenía la famosa emperatriz austriaca de igual nombre, esposa de Francisco José.
“En realidad me va bien. Sólo a veces tengo todavía dolores”, relata su estado aparentemente tras una enfermedad, mientras que otras veces cuenta de fiestas del fin de semana y otras diversiones en su tiempo libre.
“Voy a nadar, a jugar tenis, también futbol. Me gusta escuchar música y soñar sin hacer nada. Pero si la vida sólo consistiera de sueños, pues no sé... Y luego no debo olvidar salir por ahí. En realidad, es lo que más me gusta”, escribe.