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Contraluz / EL BANQUILLO DE LOS ACUSADOS

María del Carmen Maqueo Garza

“Abogado del diablo”: La primera vez que escuché este término, muy probablemente con relación a la novela clásica de Morris West era muy pequeña, de manera que la mención misma del diablo, ese coletudo personaje que amenazaba con llevarme al infierno si me portaba mal, me causaba terror. Recuerdo a mi madre exorcizando aquel término espeluznante al explicarme que era un calificativo dado al prelado que en un proceso de canonización enfrenta al abogado de Dios que apoya la causa de santificación para refutar cuánto se presenta a favor del candidato.

Lamentabilísimo el caso ocurrido en la Región Carbonífera esta semana, fallece un pequeñito de cinco meses, supuestamente a consecuencia de la herida provocada por un objeto cortante lanzado desde la distancia. La supuesta homicida la madre, durante un altercado con su pareja lanzó lo que halló a su alcance, un cuchillo de cocina con el que había preparado los alimentos.

Por un momento imaginamos al pequeño en su portabebé, probablemente dormía o tal vez hubiera comenzado a llorar al escuchar vociferaciones en torno a él motivadas por la discusión de sus padres; contra toda evidencia médica para la edad del bebé, la madre alega que gateó y se echó encima el cuchillo que estaba sobre la mesa. Tenemos los hechos: Un bebé muerto, una madre a quien se acusa de haberle dado muerte; un hogar ya de entrada deshecho. Las autoridades buscan hacer caer todo el peso de la ley en contra de la madre, mínimo treinta a cuarenta años de prisión tomando en cuenta los agravantes de que era su menor hijo; de su obligación por preservar su integridad; de la indefensión del mismo...Yo me constituyo aquí en el papel del abogado del diablo refutando lo que se presenta en contra de la madre.

Los resultados de la presunta acción de la mujer son contundentes; nada va a volver la vida a ese pequeño, se persigue de ley como homicidio culposo; la mayor culpa de la madre es su falta de preparación para poner las necesidades del hijo por delante de sus asuntos personalísimos, en este caso un arranque de ira.

Hay infancias marcadas por un ámbito familiar muy violento, se acostumbra lanzar lo primero que se tiene a la mano para hacerse obedecer; muy común todavía escuchar decir “te voy a dar con la chancla”, igualmente común ver niños con marcas en la piel o en los huesos. Nos dicen los estudiosos del comportamiento humano que la violencia familiar genera más violencia, señalan asimismo que la impulsividad para arremeter físicamente contra otros es producto de limitaciones en la capacidad de comunicación verbal. Claro, de comprobarse el delito esto no exculpa a nadie, pero yo me preguntaría: ¿A quién estamos condenando?... ¿A una madre que actuó de manera arrebatada, esto es, que no tuvo los recursos que le permitieran reflexionar acerca de lo que hacía?... ¿A un sistema familiar que genera madres irracionales?... ¿A una estructura de gobierno que no toma en cuenta estas necesidades al momento de diseñar modelos educativos?...

El deporte es por excelencia el aprendizaje de la contención; esto es, aprender a dominarse en situaciones críticas que de entrada impulsan a atacar. En cualquiera de las disciplinas deportivas la estrategia requiere planeación, en los deportes de contacto el control de uno mismo es parte fundamental; el deportista aprende a contener sus impulsos en aras del triunfo proyectado. Nuestro país tiene un gran rezago educativo en cuestión de deportes; el desarrollo en los estudiantes de una disciplina que incluya la contención, dista mucho de ser ideal.

La falta de educación lleva implícita una carencia de oportunidades para el conocimiento y el dominio de uno mismo. Entiendo que una persona que actúa de un modo tan irreflexivo representa a futuro un riesgo para otros, pero yo me pregunto si encerrarla es la manera de erradicar conductas de violencia familiar potencialmente mortales, o si más que punitivo nuestro sistema debiera ser preventivo, a cargo de profesionales que faciliten opciones sanas de autoconocimiento y convivencia.

Uno de nuestros grandes males como país ha sido precisamente aplicar los recursos en el combate de un problema en lugar de hacerlo en la eliminación de factores de riesgo. Vivimos una economía emergente más que una administración estratégica, un buen ejemplo médico, se construyen Unidades de Terapia Intensiva Neonatal para atender prematuros hijos de madres adolescentes, pero no ejercemos acciones contundentes por prevenir los embarazos en jovencitas. Pretendemos atacar el problema yendo contra la punta hasta agotar los recursos disponibles sin llegar nunca a la base.

El banquillo de los acusados: además de la madre, ¿quiénes más debiéramos pasar a ocuparlo, para enfrentar el juicio de la historia?...

maqueo33@yahoo.com.mx

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