La práctica médica en Baja California Norte se ve acosada por fuerzas externas que amenazan con sofocarla. Hace un par de semanas Fernando Guzmán Cordero, médico especialista emprendedor, director de una clínica del IMSS fue “levantado” por un grupo paramilitar; en cuestión de horas el gremio médico tijuanense había alzado la voz para exigir seguridad, y casualmente poco después lo regresaron con un “usted perdone, lo confundimos”. Éste es un ejemplo aislado de lo que por desgracia viene sucediendo cada día más en todo el territorio nacional; grupúsculos con poder toman acciones en contra de la sociedad civil atendiendo a nada más que sus propios intereses; caminan pisoteando los derechos de los demás para sentar sus reales a sus anchas.
El inglés Edmund Burke, a finales del siglo dieciocho acuñó el término “cuarto poder” para calificar el peso que representa la prensa escrita en la toma de decisiones de una sociedad; la acepción moderna incluye los medios electrónicos de comunicación. Cuenta de este cuarto poder la dieron a lo largo de los siguientes dos siglos los trabajos periodísticos de valientes hombres y mujeres que expusieron sus mismas vidas al denunciar hechos delictivos dentro de las cúpulas de poder. Para ejemplo bástenos recordar la muerte de Manuel Buendía Téllez Girón autor de la columna “Red Privada” ocurrida en 1984, orquestada hasta donde se conoce por grupos de poder que tenían las manos metidas en cuestiones turbias del naciente modelo neoliberal de Salinas de Gortari padre del “error de diciembre”, hecatombe financiera de triste memoria, que marcó con hierro candente al pequeño ahorrador en 1994, y cuyas secuelas aún padecemos muchos.
Hemos estrenado milenio con un poder inédito cuyas repercusiones aún no alcanzamos a cuantificar; contrariamente al cuarto que amenazaba con sacar verdades a la luz pública, este quinto poder amenaza con sofocar cualquier iniciativa que contravenga sus propósitos o hasta el más absurdo de sus caprichos. Es un poder que se impone a la fuerza y avanza por conducto del dinero, compra silencios, testigos, cómplices y autoridades, para volver los hechos “una cómoda verdad a su medida”. Por cierto hablando de armas, en mi particular opinión debiéramos de eliminar ese cliché de “armas de uso exclusivo del ejército y las fuerzas armadas”, totalmente absurdo.
Ha habido voces valientes que se levantan por encima de amenazas y peligros para decir su verdad. Una de ellas es la de Lydia Cacho cuya labor periodística levantó cloacas al hablar de los nexos entre autoridades y criminales en graves delitos como pederastia y pornografía infantil en su obra “Los Demonios del Edén”. Otra voz valiente es la que acaba de hacerse escuchar esta semana en la ciudad de Tijuana para denunciar los nexos entre narcotráfico y autoridades policíacas. El General Sergio Aponte Polito de la Segunda Región Militar asentada en Tijuana emite una comunicación escrita dirigida al Procurador General de Justicia de aquella entidad Rommel Moreno Manjarrez, con copia a diversos rotativos nacionales el pasado miércoles 23, en la cual da cuenta de hechos y nombres en un cuidadoso orden cronológico, que evidencian una y otra vez un alto grado de corrupción. Volteo a ver a la periodista y al militar, y me pregunto qué los lleva a colocarse en la línea de fuego al señalar los hechos de manera directa y sin cortapisas, cuando sabemos que del otro lado de la línea se hallan grupos que se imponen por la fuerza sin que les tiemble la mano por un segundo. El General Aponte con una actitud que no deja de sorprender, justifica de entrada por qué aceptó la encomienda de Felipe Calderón para atender esa plaza, asimismo habla de su carrera militar que él califica como libre de colusiones con el poder; se antoja la versión moderna de un Kamikaze dispuesto a todo por el honor de la patria, lo que en estos tiempos de palabras vanas y patriotismos acomodaticios resulta poco común, pero ejemplar en cuanto a su dosis fe en las instituciones que fundaron nuestros padres y abuelos quienes creyeron en un modelo de México libre y autosuficiente para nosotros.
Como médico me solidarizo con la situación que están viviendo mis compañeros bajacalifornianos; es terrible, encima de las presiones propias de la profesión médica, vivir ahora con una presión externa adicional, la de ser privado de su libertad en cualquier momento y por cualquier motivo que los grupos armados consideren justificada. Es tiempo de hacer frente común a este tipo de ilícitos, diseñar estrategias de prevención, y exigir a nuestras autoridades una actuación honorable, libre de corrupción, antes de que México nos truene en las manos, como bomba de tiempo.
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