Los vecinos de El Durazno señalan que los hechos de sangre son constantes en el lugar.
Violencia
Cuatro balazos con “cuerno de chivo” recibió un sujeto en la población aledaña a la presa Guadalupe Victoria; el agresor se dio a la fuga con rumbo a la mancha urbana de la capital.
A la mitad de la carretera que conduce a la presa Guadalupe Victoria quedó tirado el rifle AK-47 con el que un sujeto recién llegado de la Unión Americana le disparó a un joven en el poblado El Durazno, mismo que se encuentra gravemente lesionado en una de las salas del Hospital General; los vecinos del lugar manifestaron ante este medio de comunicación que esa localidad se ha convertido en un sitio sin ley donde la ingesta desmedida de alcohol provoca constantes enfrentamientos de los que la autoridad no se da cuenta.
José Salvador Nava Dominé, de 29 años, quien tiene su domicilio en el poblado El Durazno, ingresó a una de las salas del Hospital General donde los médicos le apreciaron cuatro heridas producidas por proyectil disparado por arma de fuego de alto calibre; dos de las balas penetraron en su pecho y las otras dos en sus respectivas extremidades inferiores.
Detalles. Los hechos se suscitaron cuando Francisco Robles Reyes, de aproximadamente 30 años, a quien todos los vecinos conocen como “El Gordo”, salió de un establecimiento donde se vende cerveza y ya con la sangre alcoholizada se “topó” con Salvador a quien después de insultarlo le disparó con su “cuerno de chivo” que traía colgado en el hombro con total impunidad.
Los vecinos del lugar, aun y con la poca luz que arroja un pequeño arbotante, vieron cómo “El Gordo”, después de arremeter contra su vecino prácticamente a “quemarropa”, dejó su fusil tirado a un costado del lesionado y de inmediato se subió a su camioneta de la línea Escalade, de color blanco, y salió a toda velocidad con rumbo a la mancha urbana de la capital, sin hacer alto en los bordos que se ubican a la altura de El Pueblito.
Familiares de la víctima de inmediato llamaron a la ambulancia pero ésta nunca llegó por lo que prefirieron trasladarlo en una camioneta Sierra de color rojo para que no perdiera tanta sangre, que le brotaba “a chorros”.
Llegó el apoyo. Los agentes de la Policía Municipal fueron los que llegaron primero al lugar y observaron que el arma quedó tirada a mitad de carretera a un costado de la sangre que derramó Salvador y procedieron a resguardar la zona para que más tarde arribaran los agentes de la Dirección Estatal de Investigación (DEI) y minutos después los efectivos del Ejército, que como siempre con un tono de presunción le decían a una señora “dígame dónde se escondió ese cabrón y yo se lo traigo de inmediato”; sin embargo, también como siempre fueron regañados por el agente del Ministerio Público porque caminaban como si nada por un costado del rifle y los casquillos percutidos, ensuciando la escena del crimen.
Más tarde tanto los elementos de la DEI como los del Ejército se trasladaron a la casa del agresor al parecer para “reventarla”; sin embargo, no pudieron entrar y regresaron a apoyar en la investigación.
Pueblo sin ley
Aprovechando la presencia del reportero de este medio de comunicación en el lugar de los hechos de sangre, los vecinos del lugar aseguraron que este sitio se ha convertido en un pueblo sin ley, pues aseguran que día y noche se venden bebidas embriagantes sin ningún control y que cuando llegan los inspectores municipales les dan una “mordida” y se retiran sin hacer su trabajo.
Agregaron que Mario Rodríguez, dueño de la cantina ubicada sobre la carretera que conduce a la presa Guadalupe Victoria, tiene compradas a las autoridades pues nadie le dice nada por vender alcohol a toda hora.
Finalmente, dijeron que constantemente se suscitan hechos de sangre en ese lugar debido a que se venden bebidas embriagantes en la madrugada pero que la autoridad no siquiera se da cuenta de esto pues les hablan por teléfono y no acude ni siquiera la ambulancia para recoger a las personas que resultan heridas, como fue el caso de este fin de semana en que tuvieron que trasladar a Salvador Nava Dominé en un vehículo particular a recibir atención médica.