Los hombres que en vida han hecho erigir más memoriales con su efigie han sido: Iosif Stalin de la Unión Soviética; Rafael Leónidas Trujillo, de la República Dominicana; Saddam Hussein, de Irak; y Kim Il Sung, de Corea del Norte. De los tres primeros ahorita no hay una estatua ni para que la ensucien las palomas. Los monumentos que se mandaron hacer a sí mismos terminaron en el basurero de la historia o vendidos como chatarra. Sus nombres no son recordados muy benévolamente que digamos por sus conciudadanos. Y todo el esfuerzo para endiosarlos y hacerlos aparecer como fuera de lo común y próceres de la Humanidad (o de perdido de sus países) resultaron perfectamente inútiles: el tiempo pone a todo y todos en su lugar. Digan lo que digan los textos oficiales, digan lo que digan el botox y las restiradas.
Del último de los nombrados, Kim Il Sung, se conservan estatuas, monumentos e imágenes por toda Corea del Norte a 14 años de su muerte, por una razón muy sencilla: que le dejó el poder a su hijo, el inenarrable Kim Jong Il, que mantiene la ficción de que su padre es Presidente Vitalicio… aunque colgara los tenis hace casi tres lustros. Como se puede ver, y atendiendo a lo ocurrido recientemente en Cuba, las dictaduras comunistas parecen ser las únicas repúblicas hereditarias en este planeta.
En el caso de Norcorea, y como también resulta notorio por lo antes apuntado, la adoración del Gran Líder adopta tintes francamente surrealistas. En los libros de texto escolares de Corea del Norte se puede leer que, entre muchas otras cosas, Kim Il Sung inventó la televisión (aunque pocos ciudadanos de ese paupérrimo país tienen un aparato de ésos), la energía nuclear y creo que hasta el agua de limón. A falta de referencias externas, supongo que los niños norcoreanos se tragan semejante vaina. No lo sé. Lo que sí podemos afirmar es que, en cuanto caiga el régimen comunista en ese sufrido país, Kim Il Sung y sus supuestos logros pasarán a ser prontamente olvidados.
De alguna manera y por no sé qué rebotes en el interior de la tatema, esos casos se me vinieron a la mente cuando leí la que los libros de texto para primero de secundaria de los niños coahuilenses contienen numerosas loas al actual Gobierno Estatal. Y que la biografía y foto del actual gobernador ocupan mucho más espacio en el currículum escolar que el de otros coahuilenses que, supongo, tuvieron menos méritos, como un tal Francisco I. Madero, como un tal Manuel Acuña.
Lo preocupante es pensar que esta desmesura narcisista sea una muestra no sólo de propaganda de lo más primitivo, elemental y ridículo, digna de un régimen comprometido con el autoengaño; sino de que ésa seguirá siendo la tónica del actual Gobierno Estatal. Y, aparte de lo molesto que tan burda propaganda le resulta a la gente pensante, ¡lo que nos va a salir en pesos y centavos a los contribuyentes coahuilenses! Digo, ya sabemos a dónde van a ir a parar todas esas autoalabanzas y elegías pagadas con nuestro dinero. ¿No habrá algo más provechoso en qué gastar el presupuesto?