El berenjenal de García Márquez
Discúlpeme, don Max, no estoy de acuerdo. No puedo estarlo. Definir El Amor en los Tiempos del Cólera como una novela cuya historia reducida a su mínimo “parecería tambalearse sobre la cuerda floja del melodrama” y decir que tiene “diálogos rayanos en la cursilería y personajes empecinadamente unidimensionales” es restarle muchos méritos al maestro García Márquez. Concuerdo con usted en buena parte de lo escrito en su columna del 30 de diciembre, pero no en valorar la obra del Nobel colombiano sólo por la cadencia de sus frases y por la milagrosa selección de adjetivos.
No he visto la película, quizá porque tengo la certeza de que algún día se rodará una versión donde haga yo el papel de Florentino y Nicole Kidman interprete a Fermina, o tal vez sólo porque no quiero abandonar mi propia visualización de la historia. No hablaré entonces de Shakira, ni de alfombras rojas. Abordaré apenas algunos entre los muchos elementos admirables en el libro además del preciosismo verbal que usted pondera.
Hay que notar la estructura con que don Gabriel arma la historia: no es una anécdota narrada linealmente. El narrador va, viene, rescata nostalgias, comparte con nosotros funestos presagios. Eso, usted lo sabe, añade tensión a una historia que no por universal se vuelve melodramática.
¿Por qué tildar a los diálogos de cursis? Hay en esta novela líneas que, sin perder su espontaneidad, entrarían sin problemas en una compilación de aforismos. Recuerde lo que dice el tío León XII cuando alguien lo acusa de ser rico.
–Rico no –dijo–: soy un pobre con plata, que no es lo mismo.
O la respuesta con que Juvenal Urbino cierra una discusión con su mujer: “Recuerda siempre que lo más importante de un buen matrimonio no es la felicidad, sino la estabilidad”.
Con pericia de tiburón, el narrador consigna situaciones no sólo verosímiles, además cotidianas. Los personajes principales –Fermina, Juvenal, Florentino– transitan por conflictos obligados a todas las parejas. Por eso cambian, se contradicen, escuchan a sus vísceras. Me extraña que los llame “empecinadamente unidimensionales”.
La cotidianidad retratada en El amor en los tiempos del cólera es disfrutable por humana, jamás la veremos en los dramas electrónicos de Televisa. Hay en esta realidad aspectos que parecen lapsus de ternura, pero son en realidad emboscadas llenas de significado. Un ejemplo: en la página 83, una Fermina casi niña le escribe a Florentino: “Está bien, me caso con usted si me promete que no me hará comer berenjenas”. Je, je, reímos los lectores ante lo que parece un guiño humorístico. Sin embargo, avanzada la novela, cuando creíamos las berenjenas abandonadas, el narrador cuenta por qué el trauma de la mujer con ese fruto. Y, cosas de la vida, Fermina no se casa con Florentino, sino con Juvenal… así cae en una casa donde se sirven berenjenas todos los días por órdenes de su suegra.
Tampoco eso es un chiste. El autor de Cien años de soledad sabe lo que hace. Cuando hemos olvidado nuevamente las berenjenas nos da el zarpazo. Cito la página 241, en donde el narrador describe la vejez de Fermina y Juvenal:
“La armonía tan anhelada culminó por donde menos lo esperaban en una cena de gala en que sirvieron un plato delicioso que Fermina Daza no logró identificar. Empezó con una buena ración, pero le gustó tanto que repitió con otra igual, y estaba lamentando no servirse la tercera por remilgos de urbanidad, cuando se enteró de que acababa de comerse con un placer insospechado dos platos rebosantes de puré de berenjena. Perdió con galanura: a partir de entonces, en la quinta de La Manga se sirvieron berenjenas en todas sus formas casi con tanta frecuencia como en el Palacio de Casalduero, y eran tan apetecidas por todos, que el doctor Juvenal Urbino alegraba los ratos libres de la vejez repitiendo que quería tener otra hija para ponerle el nombre bien amado en la casa: Berenjena Urbino”.
¿Barroquismos verbales, orfebrería hueca, melodrama? No lo creo. Literatura. Experto, García Márquez nos mete en un berenjenal para hacernos ver la magia de nuestra vida cotidiana.
Comentarios: vicente_alfonso@yahoo.com.mx