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Empleos perdidos

JAQUE MATE

Sergio Sarmiento

“Quien tenga chamba, que la cuide.”

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NUEVA YORK.- La economía de Estados Unidos perdió 533 mil empleos el pasado mes de noviembre, según información que dio a conocer el viernes la Oficina de Estadísticas Laborales de este país. La cifra es superior a la que se esperaba, que era de alrededor de 350 mil. Pero eso no es todo. Los economistas gubernamentales ajustaron al alza las cifras registradas de septiembre y octubre. El número total de empleos perdidos en lo que va de este 2008 asciende así a 1.9 millones.

No se espera que la sangría termine pronto. Los grandes fabricantes de vehículos de motor están anunciando drásticos recortes en sus gastos para ajustarse a una nueva realidad del mercado, mientras buscan cuando menos 38 mil millones de dólares en préstamos del Gobierno. De hecho, General Motors (GM) podría quedarse sin dinero para operar en este mismo mes de diciembre si no recibe esos créditos gubernamentales. Su quiebra tendría repercusiones enormes en toda la economía.

Todo el dinero que el Gobierno de los Estados Unidos y la Reserva Federal han estado inyectando a la economía en estos momentos no ha servido para detener el desplome. Si bien es verdad que esta generosidad gubernamental ha impedido el quiebre en cadena de decenas, quizá cientos, de bancos, no ha podido evitar el deterioro de otras actividades, como la construcción, las manufacturas y la industria automovilística. El temor que hoy se registra en la sociedad estadounidense es tan grande que, después de décadas en que los consumidores compraron en las buenas y en las malas, hoy las ventas de autos están 40 por ciento por abajo de las cifras que se registraban hace un año.

La caída del desempleo está señalando la posibilidad de que la actual recesión, que según la Oficina Nacional de Investigación Económica (NBER) empezó en diciembre de 2007, sea la más prolongada desde la gran depresión de 1929-1933. Las recesiones más prolongadas desde ese entonces, en los años setenta y ochenta, se prolongaron durante 16 meses. La actual ya tendría 12 meses, pero como vemos su tendencia hasta noviembre era todavía a agravarse. La gran depresión tuvo una duración, según la NBER, de 43 meses, aunque fue seguida por otra recesión de 13 meses en 1937-1938 después de un breve respiro.

México usualmente se encuentra unos meses rezagado frente a lo que sucede en la economía estadounidense. Hasta este momento nuestro país no ha empezado, al parecer, a perder empleos (aunque hay que señalar que la página de la Secretaría del Trabajo, que proporcionaba información puntual y actualizada sobre los empleos registrados en el IMSS, ya no da esta información). Es sólo cuestión de tiempo, sin embargo, para que esta pérdida de empleos ocurra en un momento de recesión internacional tan profunda. Tan sólo AHMSA anunció la semana pasada el cierre de 12 mil empleos. Otras empresas han empezado ya a recortar nóminas y otras lo harán dentro de muy poco.

Hay todavía una enorme distancia entre la situación actual y la que se registró en la gran depresión. Entre 1929 y 1933 la economía de Estados Unidos se contrajo en un 50 por ciento en tanto que el desempleo alcanzó el 25 por ciento de la fuerza trabajadora, en un momento en que ésta estaba compuesta fundamentalmente por hombres y no por mujeres. En noviembre, incluso con la pérdida de más de medio millón de empleos, el desempleo en los Estados Unidos apenas alcanza el 6.7 por ciento.

El Gobierno de los Estados Unidos ha venido aplicando ya desde hace meses, o más bien desde hace años, las recetas keynesianas que supuestamente deberían impedir una recesión. En particular ha mantenido un enorme déficit de presupuesto y una política monetaria muy laxa. Pero estas recetas no han servido hasta ahora para detener el desplome. El presidente electo, Barack Obama, ha sugerido que aumentará todavía más el gasto gubernamental para buscar revertir la pérdida de empleos.

La economía, sin embargo, no está reaccionando a estas recetas tradicionales. El problema es que la recesión que estamos viendo no es producto, como la gran depresión de los treinta, de una política restrictiva en lo monetario o lo fiscal. Por el contrario, los años de George W. Bush fueron uno de los períodos de mayor gasto deficitario y endeudamiento público y privado en la historia.

Esta crisis no terminará hasta que la economía estadounidense haya desechado ese endeudamiento extremo que contrajo en los años de Bush. De poco servirá seguir rescatando empresas si no hay consumidores para sus productos. Y a partir de la recuperación lo lógico sería que los estadounidenses no regresaran a otro período de expansión exagerada del crédito, porque lo único que lograrían sería caer nuevamente en la trampa.

ANTIBIÓTICO

Es lógico que los gobiernos enfrenten la actual recesión con aumentos en el gasto público. Ésta es un arma efectiva, pero que debe combinarse con esfuerzos por eliminar barreras a la inversión privada. Hay que entender, sin embargo, que el gasto deficitario es, si acaso, un antibiótico que sólo debe aplicarse en una enfermedad. El problema es que nuestros políticos tienen enormes problemas para recortar gastos una vez que empiezan a realizarlos. Y esto es como aplicarle un antibiótico a un niño toda la vida porque en alguna ocasión le curó una infección.

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